MIGRACIÓN: COMUNIDADES DE ORIGEN

Rodolfo García Zamora
Blanca Villaseñor Roca

I. ANTECEDENTES

Durante la mayor parte del siglo XX, uno de los principales vínculos entre México y Estados Unidos ha sido el flujo migratorio. Ir al norte en busca de oportunidades es una idea hondamente arraigada en la juventud mexicana, sobre todo en las zonas rurales en la región occidentalcentral de México.1

La migración es un proceso dinámico. Lo que comenzó en buena medida como reclutamiento de trabajadores mexicanos, aprobado o tolerado por los Estados Unidos, para realizar trabajos agrícolas de temporada, se convierte en un flujo migratorio mucho más complejo, sustentado en factores de oferta y demanda y de redes sociales.

La migración de México a Estados Unidos se motiva fundamentalmente en razones de carácter económico. Por eso las motivaciones iniciales del flujo migratorio se dieron en gran parte dentro de los mismos Estados Unidos. Sin embargo, los factores que iniciaron la migración entre los dos países no son necesariamente los únicos que la sustentan. Hoy, las redes transfronterizas de familias, amigos, agentes laborales y reclutadores vinculan una lista en expansión de industrias, ocupaciones y zonas de los Estados Unidos con una lista en aumento de comunidades mexicanas que envían migrantes al país del norte.

Si bien la migración ha sido un fenómeno histórico en las relaciones entre México y Estados Unidos es innegable que nuestra estructura económica se ha visto severamente convulsionada por la drástica reorientación de nuestra economía hacia el mercado internacional, que se inicia en 1982. Esto es por la implantación de lo que se ha denominado modalidad neoliberal de crecimiento. No cabe duda que éste es uno de los detonantes principales de la problemática que acusa actualmente el proceso migratorio en su relación con la estructura económica del país y una de las principales limitantes para abrir alternativas de cambio.

La ausencia de alternativas ocupacionales, tanto en el agro como en los centros urbanos genera el flujo continuo de su población hacia otros lugares del país y particularmente hacia Estados Unidos.

Por lo que ahora la migración se ve como un recurso de sobrevivencia para millones de mexicanos. En estas circunstancias, la migración se ha convertido en un rostro cruel de la pobreza.

En lo fundamental, como resultado del viraje en la política económica, se mantiene y acentúa un perfil excluyente del aparato productivo estatal. Lo relevante es destacar, en este sentido, el desgaste de las bases económicas, el arraigo del migrante y el inicio, en contrapartida, de un proceso de despoblamiento en muchos de los municipios de alta migración internacional del país. Los migrantes proceden de comunidades, pueblos y ciudades de todo México, pero la migración intensa se concentra, sobre todo, en 109 municipios de más de 2400 que tiene el país.

Más del 50% de los municipios de la República padecen un alto grado de marginación, que implica un alto de pobreza.

Los estados de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Hidalgo, Veracruz, Puebla, Michoacán, Guanajuato, Zacatecas, San Luis Potosí, Querétaro, Campeche, Tabasco, Yucatán, padecen alto grado de marginación y de pobreza. Son los estados de alta migración interna e internacional.

La migración actual, aunque tiene un carácter cada vez más urbano, sigue estando muy influida por las condiciones rurales. Es importante, además, distinguir entre las comunidades de larga tradición de migración y aquellas que se han incorporado más recientemente a los flujos migratorios. Se puede decir, actualmente, que ningún estado de la República está exento de la expulsión de trabajadores migratorios, porque la agudización de la pobreza expulsa a millones de mexicanos y los obliga a buscar un nivel de vida mejor, si no la simple sobrevivencia. Los indocumentados son víctimas de México.

II. LA POBREZA EN MÉXICO Y LA POLÍTICA ECONÓMICA

La extensión de la pobreza se debe al proyecto económico neoliberal, que concentra la riqueza, por necesidad intrínseca, y extiende la pobreza, por consecuencia necesaria. Es la desigualdad del desarrollo nacional, el abandono del campo, la falta de créditos y de tierra para los campesinos, la falta de educación y de tecnología para la producción agropecuaria, la falta de sindicatos honestos y libres que protejan al obrero y no al empresario, la violación permanente y anticonstitucional del salario familiar decente, la protección abierta a la inversión a costa del salario, la siempre escasa inversión gubernamental en educación, en escuelas, en universidades, en investigación, en creación de empleos y en preparación de mano de obra calificada; la corrupción burocrática y gubernamental de los que concibieron a México como feudo privado.

En los últimos diez años, el salario mínimo perdió 64.9% de su poder de compra. Desde 1994 —en dos años y medio—, perdió el 20%. Así lo reveló, en julio de 1997, la Secretaría de Asuntos Económicos de la Confederación de Trabajadores de México, CTM, que encabeza Porfirio Camarena Castro, presidente de la Comisión de Distribución y Manejo de Bienes de Consumo de la Cámara de Senadores.

No ha variado la alimentación rural en los últimos 20 años. La desnutrición, en zonas rurales, afecta a más de la mitad de los niños menores de cinco años. Y el 20% de la población rural infantil —800,000 niños— padece desnutrición severa. Las cifras de esta Encuesta Nacional de Alimentación y Nutrición en el Medio Rural 1996, hechas públicas en julio de 1997, no difieren de las cifras de todas las encuestas realizadas en el campo en los últimos 20 años.

Ningún programa asistencial, local o federal, ha tenido efectos en la población rural. En el campo, es mínimo el número de gentes que reciben los beneficios de esos programas. Por ejemplo, sólo el 1% recibe la tortilla gratuita; sólo el 5.3% recibe la leche subsidiada; sólo el 9.2% recibe los desayunos escolares; sólo el 12.2% tiene acceso a las despensas familiares. El 55.9% de los niños padece desnutrición.

Según el INEGI (Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática), más del 61% de la población rural vive en la pobreza. De ahí surge el éxodo mexicano.

El consumo de maíz ha caído de manera importante en los últimos años. Eso implica una disminución alarmante en los índices de alimentación de millones de mexicanos. Pero el precio de la tortilla ha subido, en los últimos cinco años, 336%. Mucha gente ha reducido ya su consumo, a pesar de que es fundamentalmente su sustento alimenticio diario, base de su ya precaria alimentación.

El consumo de tortilla ha caído más del 20%, por el aumento del precio, por los desequilibrios graves que se han causado en el sector agrícola y alimentario, por la desaparición de los subsidios, por la importación indiscriminada de granos, por la corrupción y el desmantelamiento de CONASUPO y por el desplome del poder adquisitivo de los salarios. Sólo en este sexenio, cayó 24%.

La desaparición de CONASUPO, califica el secretario de la CODUC (Organización de la Coordinación de Organizaciones Democráticas), tuvo un impacto devastador, porque distribuía alimentos en las zonas rurales de escasos recursos y compraba las cosechas de los productores. Al desmantelarse, desapareció el contrapeso que regulaba los precios de los artículos de primera necesidad, y dejó el campo libre a los especuladores.

Según el Consejo Nacional Agropecuario, el valor de los granos, como el maíz, el sorgo y el trigo ha descendido en un 50%, pero los insumos agrícolas, como semillas y fertilizantes se han elevado en 63% y 52% respectivamente. Los apoyos a la comercialización de los granos básicos se recortaron de 2,777 millones de pesos, en 1994, a 528 millones en 1999. La cartera vencida del sector agropecuario, hasta diciembre de 1998, sumaba 22,069 millones de pesos.

En lo que va del gobierno de Ernesto Zedillo se ha generado alrededor de un millón de empleos formales. Aproximadamente, 200,000 anuales. Pero la demanda anual es de un millón 200,000. La demanda global, en lo que va del sexenio, ha sido de seis millones. Le faltaron cinco millones de empleos. Así lo reveló Javier Moctezuma, subsecretario del Trabajo. Añadió: aproximadamente, un 50% de la Población Económicamente Activa (PEA), unos 19 millones de personas, desempeña alguna actividad en la economía informal, por lo que no tiene acceso a la seguridad social y no cuenta con garantías laborales. Genaro Borrego, director del Seguro Social, rebajó la cifra a 10 millones de personas, 24.8% de la PEA, porque la refirió sólo a los mayores de 35 años. El 60% de la población mayor de 65 años de edad, 13.5 millones de ancianos, no tendrá servicios de seguridad social ni pensiones para el año 2025. Sólo hay 13 millones de asalariados de un total de 20 millones potenciales. Según cifras oficiales, un 3% se encuentra en el desempleo abierto y 400,000 trabajadores emigran cada año a Estados Unidos.

El secretario general del CONAPO (Consejo Nacional de Población), Rodolfo Tuirán, advirtió: De no crearse un millón 100,000 empleos anuales y 850,000 viviendas, y de no ampliarse la oferta educativa para los jóvenes, se duplicará el número de mexicanos residentes en Estados Unidos, que actualmente son ya más de ocho millones.

III. CAMBIOS PROGRESIVOS EN EL PATRÓN MIGRATORIO

Algo muy significativo: existen múltiples evidencias, que se confirman en los hallazgos de las investigaciones, de un cambio profundo en el patrón migratorio. En contraste con el patrón anterior, caracterizado por una fuerte presencia de la migración temporal y la participación de varones jefes de familia, la migración tiende a ser ahora cada vez más permanente (independiente del status legal del migrante), y a incorporar a una mayor proporción de hijos e hijas jóvenes, solteros o recién casados e, incluso, a familias enteras.

En el período 198688, con el IRCA (Immigration Reform and Control Act), que introdujo sanciones contra los empleadores de migrantes indocumentados, los rancheros se asustaron y pidieron programas especiales para ellos. Uno de estos programas, el SAW (Special Agricultural Workers), legalizó a casi un millón de mexicanos. Casi todos eran hombres. Así que, a pesar de la intención de la ley de disminuir la migración, el programa SAW la aumentó. Muchos hombres solos, que no hubieran venido en 198788, aparecieron en Estados Unidos expresamente para obtener los documentos. El programa SAW originó un gran flujo de hombres solos hacia los Estados Unidos. No obstante, en vista de que no han cambiado las condiciones en la frontera ni la facilidad de encontrar trabajo sin un documento auténtico, los nuevos inmigrantes legales comenzaron a traer a sus familias con y sin papeles. Así los años de 198993 representan un período de reunificación familiar, como pauta dominante. Pero las restricciones amplificadas en la frontera, como la Operación Guardián, comenzaron a tener un mayor impacto en 1994. Se ha cambiado la pauta. Predomina nuevamente el flujo de hombres solos. Con los millares de detenciones y las noticias sobre las muertes en el cruce, las mujeres ya no quieren arriesgarse a ir a la frontera sin papeles. En efecto, las mujeres tienen dos opciones, si quieren cruzar la frontera: pueden dejar a sus niños atrás o arriesgar la vida de los niños al cruzar. Esta nueva pauta, que puede durar algún tiempo, tiene implicaciones graves para los mexicanos. Antes había una tendencia de reunificar la familia en los Estados Unidos después de algún tiempo, pero ahora la realidad de la separación familiar es más clara. Los migrantes vienen con menos frecuencia a ver a su familia, aunque siguen con la necesidad de ir al norte como única alternativa para alimentarla. Esta nueva ola de hombres solos al norte tiene graves implicaciones para la familia mexicana: aumenta la separación familiar y, a la larga, afecta el modo como está criada la nueva generación mexicana.

La migración de México a Estados Unidos implica más que el simple desplazamiento de personas desde un asentamiento geográfico hasta otro localizado más allá de una frontera internacional. Como han afirmado los estudiosos sobre “comunidades rurales expulsoras”, el proceso de migración va acompañado de profundas transformaciones sociales y económicas. Los investigadores también nos alertan sobre los cambios estructurales que está teniendo lugar en el México rural, destacando la multitud de grupos sociales afectados por estos. Sin embargo, los migrantes rara ves figuran como actores sociales en los debates académicos o políticos relativos al campo mexicano. Parecería que abandonar el territorio nacional se equipara con renunciar al derecho de los migrantes de tener voz o participar en los planes de desarrollo nacional.

IV. SITUACIÓN DE LAS COMUNIDADES DE ORIGEN

Adentrarse al conocimiento de las comunidades de origen es conocer la cara oculta de la migración, en cuanto la migración constituye la manifestación cruel de la miseria, porque la necesidad de sobrevivir no deja otra salida que la fuga de las propias raíces y el desarraigo de lo que uno es y de lo que uno ama. El migrante muchas veces rompe sus lazos personales, familiares, comunitarios, culturales, lingüísticos y religiosos. Renuncia a su tierra, a su raigambre, a sus propiedades, a su propia identidad, a su manera natural de ser, por la necesidad de comer, de alimentar y de sostener a su familia, de salir de la miseria, de buscar un poco de bienestar para él y para los suyos. Rompe con su origen y con su pasado, por su necesidad de un futuro.

Hablar de las comunidades de origen de migrantes es hablar de la mujer dentro de la problemática migratoria. La mujer participa en la migración de diferentes formas. Tradicionalmente, al permanecer en su comunidad de origen, ha sido un factor oculto que ha facilitado la migración masculina, al asumir, además de su rol tradicional, el de proveedora de la familia y de la comunidad.

Actualmente participa del flujo migratorio en mayor medida, ya sea porque acompaña a familiares, o porque se va a reunir con ellos, o porque emigra por su cuenta. Su participación y sus múltiples implicaciones son poco conocidas, pero son muy importantes por los cambios en su rol reproductivo, en su posición en la sociedad, en la salud familiar y pública.

En sus zonas de origen, carecen de acceso a servicios de salud, educación y empleo. Los programas tradicionales de empleo femenino tienden a generar una mayor discriminación y carga de trabajo que se traduce en dobles o triples jornadas. Se ven forzadas a asumir nuevos roles no sólo como administradoras de recursos familiares, reproductoras de valores sociales, afectivos, sino también como proveedoras para la familia.

Uno de los aspectos de esta realidad migratoria es la dinámica de la explotación, sus hilos, sus redes, sus vericuetos. Hay muchas pueblos y comunidades compuestos en un 80% por mujeres que se quedan. Pocas son abandonadas. La mayoría tiene el apoyo del marido que se fue a Estados Unidos. O del hijo. Pero en el pueblo están solas: labran la tierra, hacen las labores domésticas, educan a los hijos, trabajan en la industria del vestido para completar el gasto. Los matrimonios tienen un promedio de seis hijos. Los jóvenes tiene menos, no por control de la natalidad, sino por el tiempo que están lejos.

Por ejemplo, consideremos el caso de “La Ordeña”, pueblo de mujeres cercano a Moroleón, Guanajuato, en donde los dueños de la industria del vestido explotan a las mujeres que se han quedado solas, por efecto de la migración. Hacen labores de bordado en sus casas, —como bordados de suéteres, complicados y laboriosos, tanto que sólo pueden hacer dos al día, si se afanan mucho— que les pagan a cinco pesos, mientras los dueños venden la prenda a 25 y 30 veces más, 120 pesos al mayoreo. Los dueños se ahorran talleres, electricidad, salarios fijos, problemas laborales, contratos, seguro social, prestaciones, vacaciones, aumentos de sueldo, reglamentos de higiene, indemnizaciones y demás, mientras las costureras y sus familias viven con menos de 300 pesos al mes. Es la explotación que abusa y exprime a la persona, sobre todo a la mujer necesitada que no puede protestar.

Otro aspecto son las catacumbas de la sobrevivencia: salarios abusivamente escasos, labores mal pagadas, desintegración familiar, soledad, ruptura de lazos vitales. Peligro, enfermedad y muerte para pasar al otro lado. Hogares sin jefe de familia: no hay papá y la mamá está ausente muchísimo, ganando el conque para los niños. Mujeres que se multiplican en muchas actividades, mujeres que bailan con mujeres en las fiestas porque no hay hombres. Mujeres que no se casan porque no hay con quién, madres solteras, carencia de escuelas y de educación, pobreza, miseria. Pueblos dormitorio, pueblos fantasmas, pueblos de mujeres, de ancianos y de niños. Niños que esperan a ser jóvenes para irse al Norte, porque no tienen ni ven otro futuro y porque ésa es la tradición. Viejos que cuentan —o que ocultan— sus historias de lo que fue allá su vida de trabajo, a escondidas de la policía, sus deportaciones y sus vueltas, lo que pudieron lograr y construir o fracasar y sufrir. Cuando ellos las ocultan, las cuentan las mujeres. Desnutrición rampante en los niños, con todas las enfermedades que se derivan de la pobreza. Campesinos que se ven obligados a alquilar o a vender sus pozos, a vender sus tierras, porque no hay futuro para su agricultura, ni hay futuro en su agricultura. Desempleo. Los pobres más pobres, que no pueden emigrar porque no tienen con qué, no tienen dinero para el pasaje, ni para el coyote, ni para comer, y se quedan anclados donde no tienen nada. Hombres que nunca vuelven y dejan de ver a sus familias para siempre, por la dificultad de regresar en las circunstancias actuales y con las medidas policíacas de hoy.

Además de todo eso, la carencia de programas gubernamentales para enfrentar y remediar la realidad migratoria, con la problemática múltiple que genera, y para arraigar a la gente en su propia tierra que lo expulsa. La migración para muchos en el gobierno —y para muchos en la Iglesia— es sólo un “fenómeno de movilidad humana”. Con eso le da carpetazo. No sólo no hace nada ni tiene programa alguno para enfrentarla, sino que oculta la realidad en estadísticas amañadas, en su información y en sus planes, y la disfraza con frases bonitas y falsas, si no cínicas.

V. LAS REMESAS: EFECTOS Y MODALIDADES

Un aspecto insoslayable de la migración es el de las remesas. Es innegable que representan los beneficios más directos de la migración internacional, siempre y cuando la comunidad sea capaz de aprovechar los efectos multiplicadores de esos envíos. Esto significa que, si bien importantes porcentajes de las mismas sirven para el sustento de las familias de los migrantes, también es cierto que las remesas, por reducidas y atomizadas que sean, encuentran canales para convertirse en fuente de inversión, cuando el contexto productivo de la comunidad lo permite.

Cabe advertir que la crisis económica por la que atraviesa el país ha creado un ambiente hostil para la inversión productiva. Por un lado, ha tenido un impacto devastador sobre la pequeña producción, echando a pique importantes esfuerzos productivos, en los que se habían involucrado migrantes. Por otro lado, el desgaste de las bases de arraigo económico del migrante, que de este modo se ha producido, ha contribuido al cambio del patrón migratorio y a multiplicar las presiones para el éxodo definitivo. Y esto, a su vez, se traduce en una menor propensión hacia la inversión productiva por parte del migrante.

Las remesas sirven en una alta proporción para cubrir las necesidades de consumo inmediato de la familia del migrante. El segundo uso que se da a las remesas corresponde a la atención médica, ya sea para el pago de consulta, o para la hospitalización, o para la compra de medicinas. Vale la pena subrayar que esta función social complementaria que desempeñan las remesas es de suma importancia, sobre todo en estados en los que la mayoría de la población no tiene acceso a ninguna institución de seguridad social.

Los estudios sobre uso de remesas concluyen que sólo sirven para subsidiar el consumo, por lo cual la migración hacia Estados Unidos perpetúa un estado de dependencia económica y limita las perspectivas de desarrollo regional y nacional.

Para esclarecer las nociones de desarrollo y su nexo con la migración internacional, resultan fundamentales los señalamientos de Demetrio Papademetriou, cuando resalta que la emigración internacional puede jugar un papel muy importante en la estabilidad y equilibrio de los países de origen, al mismo tiempo puede actuar como un elemento que retrase o impida las transformaciones estructurales en la economía y en la sociedad, ayudando a mantener los sistemas económicos y sociopolíticos autoritarios existentes en los países de origen de la migración. Esta apreciación nos parece de un gran valor para las regiones mexicanas, caracterizadas por su alta migración internacional, en las cuales ese fenómeno, con su contraparte de un importante flujo de divisas se convierte en un elemento clave para mantener el equilibrio socioeconómico regional, generando dinámicas regionales diferentes a las demás entidades del país. El señalamiento de Papademetriou nos lleva a plantearnos dos preguntas: ¿Hasta qué punto la emigración internacional ha pospuesto o impedido la realización de transformaciones económicas y sociales a fondo? ¿Qué sucede con el círculo “virtuoso” de atraso económico, migración internacional, remesas, frágil equilibrio económico regional en las entidades, cuando la emigración cambia de carácter circular a definitiva y se reduce el flujo de las remesas que se reciben?

La respuesta a la primera pregunta, sobre todo en las entidades del centro de la República, es que categóricamente la emigración internacional y las remesas han sido clave indiscutible para mantener hasta ahora un frágil equilibrio económico de las regiones, bajo estructuras económicas y sociales caracterizadas por el atraso y la marginación. Las remesas de los migrantes, en lo fundamental, son un subsidio a las precarias explotaciones campesinas temporaleras o a otro tipo de actividades productivas, como artesanales, ganaderas, etc.

La tendencia es que se incremente la emigración interna e internacional, al mismo tiempo que esta última cambia hacia una emigración definitiva, con lo cual se reducirá a futuro el envío de remesas a los estados expulsores de origen.

El panorama se complica más si se toman en cuenta los graves problemas que se producen por los costos de envío y de recepción de remesas. En los últimos años ha surgido una gama amplia de intermediarios comerciales y financieros que mediatizan el proceso de emisión y recepción de los envíos de los migrantes. Tradicionalmente, el correo y los bancos comerciales era las principales instituciones que se ocupaban de recibir los ingresos provenientes de los Estados Unidos. Sin embargo, en los últimos años se ha generado un cambio significativo en este proceso: negocios de carácter comercial —casas de cambio, casas de bolsa, Elektra, por ejemplo— y algunas instituciones de gobierno —Telégrafos Nacionales y el Patronato de Bonos del Ahorro Nacional— han cobrado singular importancia en la captación de estas remesas. Muchos estudios sobre el tema no consideran los flujos de remesas que llegan por vía personal. Un ejemplo claro, que ha sido ampliamente difundido por la prensa nacional e internacional es el caso de Western Union y de Money Gram, que por concepto de cobros arbitrarios generan sangrías que oscilan entre un 15 y un 20% del valor de los envíos.

VI. ACCIONES SOCIALES Y GUBERNAMENTALES

a) Acciones de las Organizaciones No Gubernamentales

En forma general, son muy pocas las Organizaciones No Gubernamentales que tienen un trabajo orientado de manera particular a atender los problemas de la migración. La mayor parte se concentra en las fronteras. Las demás organizaciones en los estados de origen centran su trabajo en las cuestiones ambientales, de la mujer, electorales, trabajo comunitario, derechos humanos, capacitación, etc. Pero no hacen un trabajo específico con los migrantes y sus familias. Sin embargo, algunas de ellas realizan de modo indirecto algún trabajo que alcanza a esa parte de la población.

Su relación con el fenómeno migratorio resulta de todo este proceso del trabajo comunitario, pero no la tienen como motivación ni como objetivo central. La migración de trata como un elemento más de la problemática comunitaria.

Las organizaciones trabajan principalmente con mujeres, porque la presencia de los hombres en la comunidad es bastante irregular. La promoción de talleres de salud comunitaria, de salud alternativa, etc. y pequeños proyectos productivos de autoconsumo son algunas de sus acciones principales, como cría de pollos, de cabras y de conejos, costura, etc.

Son conscientes de que resulta muy complicado competir en el mercado con las empresas ya establecidas. Muchas de ellas producen para satisfacer sus propios demandas y las de pequeñas comunidades vecinas. Otras, sin embargo, y son las menos, tratan de incursionar en una forma más empresarial o de cooperativas en mercados más amplios, para obtener un mayor beneficio.

El impacto de los proyectos productivos que han tenido en las diferentes localidades donde se han implementado es más de tipo social que económico y prácticamente nulo en cuanto a la migración. Es muy difícil detener la migración, incluso cuando los participantes en esos proyectos son migrantes, porque las ganancias son reducidas y esporádicas y no los sacan de la pobreza, sólo les permite sobrevivir. La mayoría de los hombres acaban por desesperarse y se van. De hecho, se considera que aun cuando los proyectos llegaran a ser lo suficientemente rentables para generar un mayor interés en los hombres, la diferencia de salarios con Estados Unidos siempre los motivará a emigrar.

Lo paradójico es que los proyectos son bien vistos por la mayoría de los hombres que emigran y, por eso, se van menos preocupados a Estados Unidos, al saber que sus familias cuentan con algunos satisfactores o ingresos, aunque sean irregulares, como producto de los proyectos en los que trabajan.

b) Acciones gubernamentales estatales y federales

No existe a nivel federal ni a nivel estatal ni una política gubernamental específica ni estrategias concretas de apoyo para los proyectos productivos orientada a los miles de migrantes y a sus familias, a pesar de la enorme cantidad de remesas que envían anualmente. Si bien existen algunas dependencias en el gobierno dedicadas a la promoción económica de los estados, no hay estrategias concretas para las localidades y municipios de origen de migrantes. Implícitamente se considera que el desarrollo económico “en cascada” en algún momento llegará hasta esos sectores y regiones, y se renuncia a tomar alguna iniciativa al respecto.

Conviene registrar que hay estados en los que se han realizado proyectos mixtos. Algunos gobiernos estatales, al visualizar el potencial de las remesas de los migrantes han tomado iniciativas, como los programas 2x1, 3x1, para financiar obras sociales, infraestructura de servicios y, en menor escala, proyectos productivos, con un mayor efecto en el empleo y en la economía regional.

Tanto en las acciones realizadas por las ONGs como por los gobiernos estatales y federal, destaca la participación de las mujeres en los pequeños proyectos productivos, que aun cuando muchas veces son de autoconsumo, no dejan de tener un efecto positivo sobre el núcleo familiar. Lo que es más importante, la participación femenina actúa como catalizador de sus propias diferentes potencialidades, propiciando el “apoderamiento”, no sólo de sus unidades domésticas, sino incluso de las comunidades mismas, durante las largas ausencias de sus maridos. Lo que frecuentemente significa una realización personal a costa de un esfuerzo laboral enorme, al llevar sobre sus hombros las responsabilidades familiares y productivas. Esta experiencia puede significar cambios relevantes en las relaciones de género al interior de la comunidad y su conducción a futuro. Y esto necesariamente tendrá que repercutir en los valores comunitarios.

VII. CONCLUSIONES

En suma, el subdesarrollo y el neoliberalismo han ofrecido al campo mexicano depresión productiva, retiro de los mecanismos estatales de fomento agrícola, rezago tecnológico, endeudamiento y pobreza creciente, marginación, lucha política y esperanzas de democracia.

Sólo la reorientación hacia el mercado nacional de la política económica y la organización asociativa de los productores puede representar una alternativa para su futuro, lo que implica una gran lucha social por la transformación democrática y económica.

Resulta grave que se continúe abandonando el campo, como en los últimos doce años, que se ha visto perjudicado por la aplicación férrea de la política económica neoliberal, la apertura acelerada del mercado nacional a las importaciones y la profundización de sus contradicciones estructurales.

A las consecuencias de la política económica antiagrícola se suman los efectos acumulativos de la cartera vencida, la elevación de las tasas de interés, el fracaso de las propuestas de reestructuración, la reducción de la inversión pública en el agro, la creciente presencia de las importaciones en el mercado nacional y la falta de rentabilidad del sector agrícola.

Las localidades y los municipios que tienen fuerte migración internacional muestran mayor interés, más dinamismo y más iniciativas para crear proyectos productivos, a causa del flujo de remesas, de las nuevas habilidades profesionales y empresariales que adquieren los migrantes y de la experiencia del riesgo y de la toma de decisiones.

Sin embargo, se presentan diferentes actitudes hacia las iniciativas productivas locales: los hombres y los jóvenes en edad de trabajar muestran poco interés por participar laboralmente en esos proyectos; en cambio, otros migrantes económicos que piensan regresar y reintegrarse a sus comunidades y convertirse en líderes económicos tienen interés en invertir, para tener un mejor entorno económico a su regreso definitivo de los Estados Unidos.

Los migrantes permanentes presentan una doble actitud: los que está integrados ya a los Estados Unidos y sólo envían remesas esporádicas como ayuda familiar y los que, habiendo logrado un ahorro significativo, intentan regresar como empresarios a sus lugares de origen. Las mujeres son un tercer agente social primordial, porque se ven obligadas a asumir la conducción familiar y, en ocasiones, la iniciativa en las comunidades, según sus posibilidades personales, hasta ese momento encubiertas. Las mujeres michoacanas llaman a esto “apoderamiento” de sus comunidades, que puede tener importantes cambios en las relaciones de género y de poder en el interior de las comunidades.

La incertidumbre económica del país en los años siguientes, la limitada capacidad de generación de empleos y la existencia de redes sociales harán que el fenómenos de la migración internacional no se detenga y pueda, eventualmente, crecer, según se presente la situación futura del país. En consecuencia, es un reto nacional mantener el tejido económico local y regional en las regiones de alta expulsión migratoria. Si la migración tradicional no se puede frenar, hay que evitar, por lo menos, que los migrantes temporales se conviertan en permanentes, hay que reducir el número de jóvenes que emigran y hay que arraigar al mayor número de mujeres, con propuestas productivas que mejoren sus condiciones de vida y les permitan su realización personal.


1 Este trabajo es resultado de la colaboración entre Rodolfo García Zamora, de la Universidad Autónoma de Zacatecas; Luis Miguel Rionda, de la Universidad Autónoma de Guanajuato; Gustavo López Castro, del Colegio de Michoacán, en Zamora, Mich.; Francisco Romero, de la Procuraduría de los Derechos Humanos del estado de Guanajuato; Blanca Villaseñor, del Albergue del Desierto y de la Coalición Pro Defensa del Migrante en Baja California; Fabienne Venet, de Sin Fronteras en el Distrito Federal; Enrique Maza, autor del libro Pa’ ver si salía de pobre.