Evangelizar desde las vivencias
actuales de los jóvenes
Jesús Vergara Aceves
Guadalajara, Jal., México
“Ustedes
tienen una imaginación mucho más rica…
Hay
algo que ha surgido de ustedes que asombra,
que
transforma, que reniega de todo lo que ha
hecho
de nuestra sociedad lo que ella es.
Se
trata de lo que yo llamaría
la
expansión del campo de lo posible.
No
renuncien a eso”.
Jean
Paul Sartre
Estas palabras de J.P.
Sartre enuncian varios elementos de lo que pienso sobre los jóvenes, y que
quisiera compartir con los lectores.
i. CARACTERÍSTICAS DE LOS JÓVENES ACTUALES
Corre
como eslogan la expresión: “Ya terminó la época de cambios. Ahora estamos ante
un cambio de época” o, en la expresión de Sartre, hace ya medio siglo. “la
expansión del campo de lo posible”... Efectivamente: es una expansión notable
del desarrollo histórico.
Los
jóvenes tienen delante una tarea gigantesca, en la expansión de la historia.
¿Cuáles son sus recursos? Les comparto mis impresiones que he ido conservando a
lo largo de estos años, Son solo impresiones, sin pretensión científica ni de
certeza alguna.
Esta
experiencia acumulada llegó a una
iluminación confirmatoria mayor, decidí buscar a los jóvenes en su mayor
lozanía y decidí ir a donde ellos están más a su gusto y su aire: a un “antro”.
“Me compuse en ese lugar”, como diría S. Ignacio, con todo respeto y
reverencia, por entrar un poco más a la intimidad sagrada de estos hijos de
Dios tan llenos de misterio. Procuré observar con todo respeto y sin prejuicio
alguno. Fue una experiencia espiritual muy honda. Pongo por escrito mis
vivencias más significativas:
Invito a los lectores a
entrar conmigo a esta experiencia de palpar el misterio desnudo y doloroso del
interior de los jóvenes. Se atisba algo de de su drama y soledad, de sus
riquezas y posibilidades de renovación del mundo. Se lo aseguro.
1.
Lo primero que me llamó la
atención fue el estruendo de la música: un sonido tan alto que a los viejos,
particularmente, llega a ser casi insoportable. Le pregunte al joven que me
acompañaba, ¿porqué el volumen tan alto de la música? Su respuesta me descubrió un filón muy rico:
“para que podamos sentirla”. Entonces me dije: sus sentidos están sobresaturados;
lo ordinario ya no lo oyen.
2.
Luego me llamó la atención el
contraste entre la oscuridad y los reflectores multicolores tan fuertes. Volví
a preguntarle a mi amigo: ¿Por qué el
contraste entre oscuridad y luz tan variada e intensa? Adivinaba
3.
Sobre esta primera impresión
empecé a cavilar: ¿no será que quieren cubrir su vida a base de sentir más y
más intensamente las sensaciones a las que más se aferran como a anclas de
salvación? ¿Cómo ayudarles a hacer el paso hacia el conociendo y la reflexión,
a la decisión y la libertad?
Esta
primera constatación me ha llevado a sencillos pero agudos cuestionamientos,
sobre la base de la realidad de los jóvenes a los que queremos como son, que
sean lo que deben ser y, en ese contexto, poder anunciarles libremente, en la
morada interior misma de su entorno,
1.
En todo caso, la juventud tiene
que empezar por reconstruirse de nuevo, a partir de donde está: en medio de un
violento registro de sus sentidos y percepción, porque en la vida ordinaria, ya
están bastante insensibles. Ya no puede seguir aumentando la intensidad de los
sentidos. Les llevará a la destrucción. Desde ahí, hay que invitarlos a
espacios de silencio y tranquilidad para poder pensar y decidir libremente.
2.
La alterada percepción de los
“antros” lo intenta en un aspecto: los atrae porque toca sus vivencias más íntimas:
alcanza a revivirles una interioridad mortecina: Necesitan sonidos y luces que les sacudan su interior y
los hagan percibir lo “nuevo” La nueva
creatura empieza por sentir lo nuevo, para luego entenderlo en realidad y
sopesar lo que vale.
3.
Al penetrar en la música y el
baile, afloran los nuevos sentimientos y fuertes emociones. Se pasan horas y
horas interminables, recreándose interiormente con bailes muy “sin chiste”, que
los reaniman, porque los hacen volver a sentirse en su misma intimidad. Primera
conquista que los saca de la alineación más fuerte.
4.
Esta primera reconstrucción de
sí, ha de extenderla el joven a su vida
ordinaria y abrirla sentimental y emotivamente a su familia, amistades y parientes de otras generaciones. Segunda conquista, emotiva e interpersonal,
Es la apertura mayor a un verdadero TÚ, emotivo y amoroso que empieza a
fortalecer más al individuo porque lo lleva a un NOSOTROS. Sin embargo esta
conquista es más difícil que la anterior: Pero es necesaria para que el joven
sobreviva y se recree con la “nueva expansión del campo de lo posible”.
5.
Ambas conquistas han de
animarles a ir a las aulas, a una tercera y más difícil: renunciar al
escepticismo y al desahucio del futuro,
para reconquistar la fuerza de la razón y abocetar los diseños de su futuro, el que ellos han de
transformar en realidad. Así se toma consciencia
del presente en el proceso histórico. Mantenerse siempre en el presente. No es
válido agazaparse, por miedo, en el pasado. Esta
conquista es esencial a la evangelización y a toda conversión religiosa sólida.
Si no hay apertura a la razón, la religiosidad se atrofia en rutinas de mitos y
ritos que se convierten en magia y superstición. Siempre es necesaria la razón
del sentido común. Ayuda mucho, además, un mayor cultivo de la razón teológica, siempre al servicio de la fe y
nunca su sustituta.
6.
Cuarta, última y más difícil conquista: la propia existencia.
Volvemos al “conócete a ti mismo”, de la alta tradición socrática. Se trata de
una conquista: el señorío de sí, la gran decisión de “LO QUE HOMBRE QUIERE” (S.
Ignacio de Loyola). Ya no solo es el
paso del sentirse a sí mismo ni de la apertura emotiva al otro y al universo
entero por medio de la razón. Se trata de la última conquista: lo valioso de la
propia vida y de la de los otros. Es la conquista de la propia libertad, al
escoger entre el desprendimiento de lo dañino y la elección de lo que conducirá
a su plena libertad. En otras palabras: su plena transformación afectiva,
ética, y religiosa.
7.
Sólo entonces termina el
trabajo previo a la madurez evangélica auténtica; inculturarnos a fondo en el
nuevo mundo que se está creando.
8.
Hay que vivir con los jóvenes y
en el encuentro transpersonal, darles el Evangelio que los evangelizadores
llevamos en el corazón. Sin esta entrega
(tradición) no hay evangelización auténtica.
9.
Ya no se puede evangelizar,
proclamando desde el campanario del pasado, una doctrina, ortodoxa sí, pero no
plenamente vivida. ¿De qué sirve una orto-doxia predicada, si no está
respaldada por una orto-práxis vivida?
Este
breve itinerario promisorio que “el antro” nos ha mostrado, queda confirmado
por la pedagogía de los Ejercicios Espirituales de S. Ignacio.
II.
PRINCIPIOS PARA EVANGELIZAR LO QUE VALE
A.
Prioridades de la persona que va a ser
evangelizada.
El evangelizando mismo, es el eje de toda evangelización. El Verbo
“se encaró por nosotros los hombres y por nuestra salvación”. El evangelizando
es llevado por el Espíritu en el camino de salvación: el Señor Jesús, en todos
los Misterios de su vida terrenal. Es cierto, además, que se necesita siempre
del evangelizador y de programas de evangelización, pero siempre al servicio
del catecúmeno.
Igualmente, el
evangelizando es el eje de toda evangelización. Todo hombre, lo sabemos por la
fe, lleva dentro de sí la dinámica de la gracia para ser Cuerpo de Cristo.
Tiene que ser evangelizado desde dentro de sí, por el Espíritu Santo que le
interpreta a todo el Cuerpo, lo que ha
oído de
Ahora paso a dar los principios evangelizadores de S. Ignacio.
Espero que los evangelizadores, en su proclamación de
De la visión evangelizadora de S. Ignacio, recogemos cuatro
prioridades muy concretas:
1)
prioridad de la actividad del
evangelizando.
2)
prioridad de actividad desde lo
más hondo de su conciencia, asistida por el Espíritu Santo,
3)
prioridad de su apertura al Misterio de Fe, y
4)
prioridad del MÁS, de la actividad siempre auto- trascendente
del Amor de Dios en nosotros.
Veámoslos más ampliamente:
1.
Prioridad de la actividad del
evangelizando, de realizar su propio proyecto cristiano (de creer en el Señor
Jesús), existencial, concreto y libre. Esa actividad no es sólo el conocimiento
de una determinada teología, sino el sentir, gustar, creer, vivir y decidir
libremente en la fe, desde el interior, movido por el Espíritu (EE n.1-4). La debilidad de la carne humana anida también
en el corazón. Hay que discernir ambas voces para apartarse del mal y seguir la
voz del Espíritu por el camino que es Jesús.
2.
Prioridad activa interior: se
entiende como la actividad desde lo interior, desde lo más hondo de
3.
Prioridad de la trascendencia,
de la apertura al misterio inagotable de la propia existencia en Cristo Jesús.
(EE n. 3). Hay dos expresiones que plastifican esto que estoy queriendo
expresar. En el mundo religioso, San Agustín dejó una frase inmortal: “Nos
hiciste, Señor, para ti, e inquieto está nuestro corazón, hasta que no descanse
en ti”. Esa inquietud del corazón, el filósofo francés, Roger Garaudy, la
expresó en el “diálogo Cristianos y Marxistas”, hace ya años: “Ambos, Cristianos
y Marxistas, tenemos sed de un mismo infinito pero lo que para unos es
presencia, para otros es ausencia”.
4.
Prioridad de la imparable
expansión dinámica a más: a más conocer.
más decidir y más amar de la propia existencia (EE n.5). El lema de los jesuitas es el “A la mayor
gloria de Dios”. El mismo S. Ignacio lo traduce al lenguaje trascendental:”lo
que más conduce al fin para el que el hombre es creado”.
B.
Principios sobre el acompañamiento personal del evangelizador
Modernamente diríamos que se trata de la actividad del
evangelizador, en la evangelización personalizada, centrada en el
evangelizando, como ya dijimos.
1.
Una buena evangelización se
muestra, por paradójica que parezca, por la facilidad y gusto con que el evangelizando pronto se activa
desarrollando en sí su auto-conciencia libre que le permite escuchar la voz del
Espíritu (EE n 5). Lo fácil es correcto,
“easy is right”, no sólo vale para la economía: también para la evangelización.
La razón de fondo es que se ha abierto, en la aceptación de sí mismo, a
encontrarse en su interior con el Espíritu, que le habla en lo más íntimo de su
intimidad, a veces con truenos y relámpagos y, a veces, con brisa suave y
silenciosa. Descubre también que la intimidad de su corazón es un campo de batalla,
entre dos banderas en eterna batalla:
2.
El acompañamiento ha de ser
continuo, sin adoctrinar en nada previo, que no tome en cuenta el encuentro
consigo mismo –siempre en el presente, sin huir al pasado o al futuro-, y el
crecimiento propio del evangelizando. Ha de partir, su acompañante, del
conocimiento de los logros y dificultades en la evangelización, que el
evangelizando le vaya comunicando, para discernirlas y, luego, señalarle
algunos modos aptos para continuar. Y cuando el educando ya está en proceso de
desarrollo, prevenirlo con ayuda ante las posibles dificultades que vaya a
encontrar.
3.
El acompañamiento siempre se
sitúa, dentro del misterio de la fe, en
la actividad actual del evangelizando, sin imponer prejuicios o diagnósticos
del pasado ni anticipos de futuro. En el proceso del evangelizando, la disciplina
es cambiante y se adapta a ayudarle al
educando en su creatividad y
crecimiento.
4.
El evangelizador ha de tener
constantemente presente el objetivo de respetar y favorecer siempre la dinámica
interior que va imprimiendo el Espíritu Santo en el interior de cada
evangelizando.
5.
La excelencia de la
evangelización consiste, pues, en intuir
lo que el Espíritu pida al evangelizando, para no exigirle otra cosa. Los
programas evangelizadores son para las personas, y no al revés.
C.
Principios sobre el educando en su vida social
1.
La evangelización cristiana es
siempre comunitaria. Nunca individualista.
2.
Se da continuidad perfecta
desde
3.
La visión ignaciana enseña a
formar comunidades y sociedades cada vez más fuertes, a partir del consenso en
torno a los valores, especialmente en la dinámica interior, personal y social.
Esta dinámica interior personal pide respeto completo a las dinámicas de los
otros: desde la sociedad conyugal hasta la internacional. Sobre la base de
respeto mutuo se finca el diálogo democrático de profundidad de valores, para
fortalecer los consensos sociales y robustecer el tejido de una sociedad
fuerte, capaz de fortalecer su autoridad y convertirse en verdadera soberanía
nacional e internacional. La dinámica social se abre sin límites a todo el
género humano, para buscar una sociedad mundial nueva, siempre abierta a un
futuro mejor. Esta actitud de apertura y
diálogo respeta la diversidad de valores y de culturas, tiende a tirar puentes
transculturales y unir lo diferente, sin destruir los perfiles propios de la
diversidad mundial.
4.
Su fuerza es de profundidad
creativa, sin dejarse apresurar por los “inmediatismos” de falsa eficiencia.
Esta formación personalizada se orienta a formar los dirigentes que más
favorezcan el respeto de esta orientación y dinamicen el logro de esta sociedad
nueva. Formar dirigentes no significa
formar élites de grupos poderosos y ricos que opriman a los demás. Al
contrario: sea cualquiera su extracción social, el verdadero dirigente lo será
por la fuerza social de su acción, no para favorecer grupos divididos, sino
para unir, en los valores, la sociedad
misma, de manera que sepa controlar y someter, por los valores y derechos
humanos, a los grupos de poder.