La hora de los ladrones

(programa radiofónico)

 

Cristóbal López Tolentino

 

 

Saludos a todos ustedes los que nos escuchan en los lugares a donde llega la señal de la voz de los campesinos, esperamos que estén bien y que los trabajos correspondientes a estos días se realicen sin mucha dificultad, y les invitamos a que juntos escuchemos nuestro programa la faena, correspondiente al día de hoy. Soy su amigo Cristóbal López y los estaré acompañando.

El Despojo es la acción que caracteriza la situación actual de nuestro país. Algunas de las cosas que platicamos parecen mentira; desgraciadamente no lo son. Despojo, robo tal vez sean las palabras que se podrían utilizar para decir, que los dueños del dinero y del poder están decididos a quitarnos a los mexicanos lo que es legítimamente nuestro: las tierras, los ríos, las calles, el petróleo, los medios de comunicación. Todo lo que tengamos, como sucede en todos los robos. Aún los más arrinconados pueblos indios, donde la tierra es nuestra madre y el agua la sangre que corre dentro de nuestras venas, todo se encuentra amenazado por el mercado. Las tierras, las piedras, las casas, la milpa. Algún mineral valioso habrá abajo la tierra, dicen los ladrones: pueden ser oro o lodo. Todo se industrializa, todo se vende, todo es dinero.

Por su parte, el gobierno, en lugar de proteger a la gente que habitamos el país, sólo obedece a los empresarios interesados en despojarnos y les hace la chamba. Cambia las leyes para poder vender los recursos que han cuidado por muchos años los indios y campesinos. Estos recursos no le pertenecen al gobierno, porque los dueños verdaderos son los pueblos; pero las autoridades de nuestro país están enfermas de ambición. Y como ganan mucho dinero empobreciendo a los pueblos indios y campesinos, entonces son felices entregando toda la riqueza nacional a cambio de dinero.

El robo o la invasión están disfrazados de apoyo. Si mandan los maíces transgénicos, dicen que es para mejorar la producción. Si privatizan Pemex, dicen que es para salvar el petróleo de México para los pobres. Pero las leyes que pretenden imponer, como esta reforma energética que tanto nos repasan en la televisión, son para tener en la mano el petróleo y el gas, y saquear a manos llenas la energía que está en nuestro suelo y nuestro mar. Esta “política” de justificar el robo no es nueva. Siempre ha sido así. Los españoles que nos invadieron hace 516 años, también dijeron que venían en nombre de Dios y que el Papa les había regalado nuestras tierras. De allí tomaron pretexto para llevarse la plata de Potosí, el oro de Guanajuato y las maderas finas de la Huasteca para adornar sus palacios.

La lucha por la independencia quedó en la historia, fue parte de nuestra resistencia, para no morirnos completamente. Pero la invasión no termina, De la independencia queda la bandera y el himno nacional, y la memoria de Hidalgo y Morelos que se apoyaron en los pueblos indígenas para toda su lucha.

La agresión y el robo vuelven. Están obligando otra vez a los pueblos indios y a las organizaciones campesinas y obreras de hombres y mujeres a realizar movilizaciones sociales para manifestar que no estamos de acuerdo con la política neoliberal, y que la política del mercado libre no existe, porque las ganancias, sólo son para los de arriba; a los demás nos toca pagar los costos.

El objetivo de los invasores, es quedarse con todos los recursos, vegetales, animales y minerales, y así acabar con las organizaciones y la resistencia colectiva de nuestros pueblos, en donde los bienes son de todos.

Para eso las autoridades imponen diferentes, de esos que llaman “proyectos”: carreteras para los traileres y brechas para los pobres; teléfonos gratis para los empresarios y celulares inservibles y caros para los campesinos; alimentos finos para los restaurantes exclusivos y maíz quebrado de conasupo para los indígenas; hospitales de lujo para los que nadan en dinero y clínicas sin médicos ni medicinas para las comunidades indígenas y campesinas de la sierra; presas para el agua de los turistas de Acapulco y desplazamiento de pueblos campesinos para construirlas; empleos para los señores de trajes elegantes y emigración, a lavar carros en nueva york, para los Tepehuas, Nahuatl, Otomis de la región.

Todo es “para vivir mejor” dice el gobierno en su nueva propaganda (¿y nosotros nos preguntamos; a caso los invasores del país todavía no viven bien?, ¿realmente tenemos que desaparecer nosotros para que vivan mejor?). ¿O seria mejor que los indígenas, campesinos y campesinas fuéramos esclavos de los dueños del dinero, o sea, que de plano nosotros vivamos sólo para que ellos vivan mejor?

Las televisoras o medios de desinformación, actúan como árbitros pagados, a favor de los poderosos del mundo. Y por qué no habrían de hacerlo, si son los mismos. Será por eso que la información verdadera nunca la conocemos por ellos y tenemos que buscarla en la palabra verdadera de la gente honesta que no vende su conciencia a los dueños de las cadenas de televisión.

¿Será por eso también, que es tan difícil que las comunidades indígenas obtengan un permiso para operar una estación de radio, y a través de ese medio conocer y dar a conocer información verdadera? ¿Será por eso que los periódicos nos dan cuenta de los desmantelamientos que hace la policía a estaciones de radios comunitarias, como las que sucedieron en Monterrey y en Xochitlahuaca?

Actualmente en nuestro país, parece que hay una guerra silenciosa contra los pueblos indios, disfrazada de apoyo para vivir mejor. Y esta guerra parece aún más brutal que la declarada contra el crimen organizado. Más organizado que nunca, por cierto. Es más brutal, porque es para matar de hambre. El aceite subió de 15 a 30 pesos. El maíz de 3 a 6 pesos el kilo. El frijol de 12 a 25 pesos el kilo. ¿No es eso una acción contra la vida de la gente, que es lo contrario de vivir mejor? Los nuevos comisionados del programa “para vivir mejor” andan de pueblo en pueblo desaforados tratando de convencer a la gente que, con las migajas que le van a añadir al Oportunidades, el gobierno ya nos empezó a querer. En las comunidades indígenas nadie lo está creyendo, porque lo que los gobiernos olvidan es que nadie engaña a un estómago vacío.

Lo bueno es que la gente ya está perdiendo el temor a protestar y a resistir, recordando la memoria de nuestros abuelos. En estos momentos de dificultad para la sobrevivencia, algunas organizaciones dicen que nuestro enemigo principal no son los países poderosos, ni los empresarios ricos, ni los gobiernos. Claro que son enemigos porque son los nuevos ladrones y despojadores de lo que el pueblo tiene. Pero nuestro enemigo principal es el miedo, ese miedo que llevamos adentro. El miedo que nos han metido a hablar, a decir nuestra voz, a soltar nuestra libertad es lo que más nos puede amarrar, es lo que nos mete también la desconfianza de nuestros compañeros campesinos e indígenas. El miedo es lo que nos hace obedecer a los de arriba y a los políticos, en lugar de arriesgarnos a unirnos a nuestros hermanos de abajo.

Algunos creemos que la unidad es la clave de la lucha y parece que no hay de otra ¿existen los dientes, si no se juntan en la boca? ¿Existen los dedos, si no se juntan en la mano?

Juntarnos: y no sólo para defender los bienes que nos da la madre tierra, sino también, para defender el valor de nuestros derechos, puede ser una salida.

Bien juntos están, aunque de vez en cuando parece que se pelean, los pocos países ricos que dominan sin respeto sobre todos los demás.

En muchos países los proyectos de los gobiernos están hechos para dividir a los pueblos, para que nos odiemos los unos a los otros. Es una buena forma de mantenernos en la ignorancia. Los españoles que nos invadieron ya lo sabían desde entonces y por eso dividieron a los Tlaxcaltacas de los Mexcatl para derrotarlos y apoderarse de todo el país.

Pero sólo juntos seremos capaces de descubrir lo que podemos hacer, contra una tradición que nos ha acostumbrado a tener miedo, a la resignación, la soledad y cada día nos enseña a no querernos, a escupir al espejo, y comer veneno en vez alimentos.

Nos cuesta trabajo escuchar a quien nos invita a pensar con nuestra propia cabeza, a quien nos invita a conocer la realidad. Necesitamos saber, para que no cualquiera nos engañe diciéndonos que todo se hace para que vivamos mejor o para el bien de los que menos tienen. Debemos saber que estamos en un país donde una cosa nos dicen y otra cosa hacen. Las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran y, si se encuentran, no se saludan porque no se reconocen.

Amigos y amigas en estos momentos que la invasión avanza con la amenaza del despojo del petróleo que con tanto trabajo defendimos los mexicanos, con la amenaza de los maíces transgénicos, con la pretensión de borrar del mapa los bienes comunales, con la privatización del agua, tenemos que hacer un esfuerzo para mantener la unidad y defendernos, para mantenernos como pueblos. No podemos decirles adiós al maíz, al agua y a la tierra. Ella, nuestra madre tierra, no nos lo creería. Soy su amigo Cristóbal López., los invito a seguir escuchando la programación de La Voz de los Campesinos.