John Sweeney
Teólogo del CRT
Sorprendentemente, no hay una definición generalmente aceptada del terrorismo. La oficina contra el
crimen de la Organización de las Naciones Unidas lo dice explícitamente, y que también la falta de acuerdo sobre la definición estorba la cooperación internacional en su contra. Chomsky ofrece tres definiciones1:
«El uso calculado de la violencia o de la amenaza de la violencia con las metas de naturaleza política, religiosa o ideológica. Se logra a través de la intimidación, la coerción, o por inspirar el miedo.» (Tomada de: El ejército estadounidense, «Un concepto operacional para el contraterrorismo».)
«La amenaza o el uso de la fuerza para lograr objetivos políticos sin comprometer los recursos de manera completa.» (Tomada de: Robert Kupperman, en un estudio comisionado por el Pentágono. La expresión «sin comprometer los recursos de manera completa» significa «sin empeñar la guerra abierta».2)
«Es lo que hacen los enemigos oficiales.» («La definición a la manera de Orwell»3, expresado por Chomsky mismo como la que más concuerda con los usos y costumbres del gobierno estadunidense.)
La resolución 51/210 de la Asamblea General de la ONU (1996) dice:
[La asamblea general:]
Condena enérgicamente todos los actos, métodos y prácticas terroristas por considerarlos criminales e injustificables, dondequiera y por quienquiera sean cometidos;
Reitera que los actos criminales con fines políticos concebidos o planeados para provocar un estado de terror en la población en general, en un grupo de personas o en personas determinadas son injustificables en todas las circunstancias, cualesquiera sean las consideraciones políticas, filosóficas, ideológicas, raciales, étnicas, religiosas o de cualquier otra índole que se hagan valer para justificarlos.
La característica central parece ser buscar inspirar terror en la población general. La razón porque todavía no hay un acuerdo general sobre la definición es que unas naciones del tercer mundo buscan excluir de la definición los actos dirigidos contra regímenes coloniales o racistas y contra fuerzas extranjeras de ocupación de parte de pueblos en búsqueda de su propia auto-determinación, independencia y libertad (Resolución 42/159 de la Asamblea General de la ONU4), y los EE.UU rechazan esta distinción.
Entonces se podría decir que una válida definición provisional puede ser:
«Actos violentos, o amenazas de violencia5 con fines políticos concebidos o planeados para provocar un estado de terror en la población en general, en un grupo de personas o en personas determinadas. Se excluyen de esta definición aquellos actos dirigidos contra regímenes coloniales o racistas y contra fuerzas extranjeras de ocupación —sin buscar inspirar terror en la población civil— de parte de pueblos en búsqueda de su propia auto-determinación, independencia y libertad.»
La guerra es algo terrible. En algunas ramas de la teología moral se ha investigado si es posible hacer la guerra como parte de una búsqueda de la justicia. Se ha dicho que sí se puede si se cumplen las siguientes tres condiciones:
que entrar a la guerra sea el último recurso de resolver alguna injusticia cometida por otra nación; o sea que se ha hecho todo el esfuerzo para resolverlo a través de los medios diplomáticos y otros, como podría ser sanciones económicas; implica, por lo tanto, una guerra «defensiva»,;
que la violencia sea dirigida contra los combatientes y no en contra de la población civil;
que la fuerza usada sea medida y no exceda la estrictamente necesaria para lograr el fin de la guerra.
Las ideas principales de este pensamiento provienen de Sto. Tomás, quien solamente conoció la guerra medieval, que, por lo bastante horrible que era, es cualitativamente diferente comparada con la guerra moderna, con sus armas muchísimo más mortíferas y destructivas. Por ejemplo, la capacidad de discriminación en el uso de las armas todavía depende en gran parte de la distancia desde la cual se usa el arma. Cuando dos combatientes se enfrentan cara a cara como era más el caso en la Edad Media, hay mucho menos posibilidad que un inocente sea involucrado en la violencia. Cuando un combatiente usa su arma desde 11kms. arriba en el cielo contra su enemigo en la tierra, hay mucho más posibilidad. De todos modos, si uno acepta los principios enunciados arriba, es muy probable que tenga que aceptar que en la realidad de la guerra, se cometen crímenes sin poder descalificar que, en el conjunto, esté llevada respetando los principios de lo justo. Es terrible hablar de estas cosas con sangre fría, pero sigamos intentando pensar estas cosas con claridad, sin olvidar el corazón.
En cuanto a la famosa «guerra santa» o «jihad», debo confesar que no se mucho. Pero en los niveles más antiguos de las tradiciones musulmanes el «jihad» representa una acción bélica que puede tener estos motivos:
buscar la conversión de los infieles;
obligar a los cristianos o a los judíos a pagar los impuestos personales y territoriales que exige la ley musulmana;
frenar los círculos sin fin de la venganza de sangre que se daban entre grupos tribales recientemente convertidos al Islam.
Así, la guerra santa musulmana puede tener un corte de intolerancia en el primer caso, pero en los otros dos no tanto. De todos modos, en su intolerancia, no busca el exterminio de los «infieles»: se supone que no se puede convertir a los muertos.
En el antiguo Israel se daba una práctica en la guerra que se llama jerem que normalmente se traduce por «anatema». La raíz de la palabra tiene que ver con declarar algo o alguien como sagrado, reservado para Dios solamente. En la práctica bélica temprana de Israel, —durante la «conquista» de Canaan— se interpreta usualmente como la destrucción de todo botín de una batalla: las riquezas de la ciudad conquistada, tal vez los animales, tal vez las personas. Sin embargo, no hay mucha claridad qué significaba en cada caso en cuanto de la práctica ni en cuanto del motivo por ello. Un posible motivo puede haber sido no contaminar a los Israelitas victoriosos con las prácticas y cultura de los vencidos. Otro puede haber sido entender a los vencidos como un sacrificio debido a Dios precisamente porque era una guerra llevada por órdenes de Dios y en su nombre. Aún otro puede haber sido que era un voto religioso para asegurar el apoyo de Dios en la batalla. En cuanto de los bienes de botín, puede tener sentido buscar evitar que se haga la guerra con el fin de enriquecer a los caciques militares de Israel. Parece, según algunas prácticas de los otras naciones cercanas, que la práctica representa una política para reservar el botín de la batalla al rey y/o al dios para evitar que los soldados se aprovechen de las ganancia.6 De todos modos, hay evidencias de prácticas en la antigüedad de guerra santa, de destrucción masiva, tal vez casi total. En cuanto que era más total, claro está que no las podemos aprobar aunque la Biblia diga que Dios lo mandó hacer. El problema nos recuerda de lo difícil, a veces, de interpretar las historias bíblicas bien en el contexto de buscar guías para nuestra propia acción.
Éstas son algunas raíces antiguas de prácticas de guerra santa y de destrucción total. Ahora bien, ha pasado mucha historia desde hace entonces y las raíces no son el único elemento que nos ayuda entender lo que pasa hoy día. Indaguemos más.
¿Quiénes atacaron las torres y el Pentágono? Pues, no sabemos con claridad. Casi milagrosamente, las fuerzas policiacas estadounidenses produjeron rápidamente una colección de fotos de hombres con facciones y nombres de arabes y nombraron a Osama bin Laden como autor intelectual. Hasta ahora, no han ofrecido pruebas de las sospechas. Pero, a la vez parece que hay motivos para ellas. Hay evidencias de que estaban involucrados en los ataques contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania. Meses antes de los ataques, Bin Laden amenazó a los norteamericanos con ataques suicidas. Suponemos que hay más datos, suficientes para justificar una operación policiaca para arrestarlo.
Se ha escrito mucho sobre bin Laden en los medios de comunicación: un árabe saudita, multi-millonario, ex-agente de la CIA cuya misión fue canalizar fondos y armas a la resistencia afgana contra la invasión de la URSS. Pero también es importante saber que es un wahhabita. El wahhabismo es una rama o secta de Islam. Ibn 'abd al-Wahhab (1703-1792) nació en una región de Arabia conocida como el Nejd en dónde está Riyadh hoy. Fundó una versión de Islam muy fundamentalista que reacciona muy violentamente contra sus enemigos, sean otros musulmanes «decadentes», sean infieles como los cristianos y judíos. Por ejemplo, hicieron guerra contra musulmanes «malos» en la ciudad de Qarbala en 1801 y, al caer la ciudad, masacraron más de 2000 personas en las calles. Según Stephen Schwartz, un reconocido islamicista, «no todos los musulmanes son terroristas suicidas, pero todos los terroristas suicidas musulmanes sí son wahhabitas.»7 Es una secta fundamentalista que se asemeja al puritanismo protestante extremo. Castigan a todos aquellos que disfrutan la música menos el tambor; también, a veces con la muerte, a los que se encuentran culpables de tomar alcohol o de algún delito sexual. Los que no hacen los rezos musulmanes son condenados como ateos. Su puritanismo reprueba todo adorno en las mezquitas, hasta que destruir los panteones para evitar cualquier tentación de venerar iconos o imágenes. Por la misma razón, no permiten inscribir el nombre del Profeta en ninguna parte ni celebrar sus cumpleaños. El fundador de Arabia Saudita, Ibn Saud era wahhabita y estableció el wahhabismo como religión oficial de la nación, y sigue siendo hoy. La contaminación que significa la presencia y la colaboración de los norteamericanos en Arabia Saudita es causa de una rabia de Bin Laden contra la casa Saudí.
Los Talibán también son wahhabitas pero de su propia versión. Su política contra las imágenes es extrema: la televisión es ilegal en Afganistán, la mujer, cuyo rostro se interpreta como un tipo de imagen —equivalente a un ídolo— que atrae de manera irresistible y luego embruja. Así ellas viven bajo un virtual arresto domiciliario. Son políticas extremas que no se dan en el mundo musulmán más amplio. Recordamos el escándalo internacional que se provocó cuando los Talibán destruyeron unas imágenes milenarias del Buda.
Pero el wahhabismo aloja una terrible y dolorosa hipocresía:
«Sin embargo, los Wahhabitas más radicales saben que no pueden resistir la imágenes que rechazan. La imposibilidad de vivir los ideales Wahhabitas explica, en parte, la hipocresía notoria de varones sauditas quienes organizan la policia moral para castigar con golpes a personas que muestran algo de su piel en público y luego van en sus aviones a Europa y Asia para disfrutar sexo, alcohol y pornografía en zonas de aquellas ciudades especialmente organizadas para ellos.
«Los Attas muhammad del mundo viven ambos extremos: cada vez más una vida de piedad intensa alternando con orgías de decadencia occidental. No hay razón en sorprenderse por tal vida doble. Cuanto más que se reprime la imagen, tanto más potentemente regresa su poder. Su odio es un auto-odio en la naturaleza extrema de su traición de su creencia extremista. Matar al otro, simultáneamente matando a uno mismo, resulta la solución perfecta.»8
Un reportaje reciente en Proceso reprodujo un informe de la Red Voltaire9 que sigue las cadenas de negocios de la familia de bin Laden y de la familia Bush y ¡resulta que son socios comerciales! ¿Quiénes son los Bush, entonces? Pues George W. Bush fue elegido presidente de los Estados Unidos bajo una nube electoral: ganó con poquísimo margen y con procedimientos de conteo muy dudosos. Es políticamente débil, entonces. Republicano, hijo del Presidente Bush quien hizo la guerra contra Iraq a la cual regresaremos abajo. La familia Bush es del estirpe WASP, (blanco, anglo-sajón, protestante, los iniciales por las palabras en inglés), rica y establecida. Los WASP ven sus orígenes en los «Padres peregrinos» que llegaron a las costas norteñas atlánticas de América en el siglo XVII. Estos eran de una secta puritana inglesa que decidieron salir de Inglaterra porque no podían imponer sus creencias y prácticas, puritanas y rígidas, a los demás. Salieron, no perseguidos por la intolerancia, como se ha presentado con frecuencia, sino porque el gobierno, ante las quejas de los «evangelizados», puso límites a la intolerancia de ellos. En el Mundo Nuevo esperaban fundar el Nuevo Jerusalén con reglas muy claras y estrictas, por supuesto: un proyecto para imponer su puritanismo sin estorbos. Se conocen algunas de sus consecuencias más notables como la cacería de brujas en Salem (contracción de Jerusalén).
Nathaniel Hawthorne (1804-1864) es considerado como uno de los novelistas clásicos de la literatura norteamericana. Todas sus obras están marcadas por una crítica mordaz de la hipocresía de los puritanos norteamericanos. La figura típica es la de un líder de la comunidad, sea el pastor, sea un consejero: persona con una reputación alta por su piedad y observancia religiosa, por sus buenos consejos a sus vecinos, por su seguridad sobre lo que Dios quiere y no quiere, por su éxito en los negocios, por su probidad y sobriedad. Todo un ejemplo del buen cristiano americano que vive en la gracia de Dios. Pero detrás de la imagen hay otra realidad: corrupta, lujuriosa, codiciosa, mentirosa y violenta. Pues esto se trata del pasado, no tan remoto como las orígenes del jihad tal vez, pero igual que las raíces del wahhabismo.
Las raíces todavía tienen injerencia en la vida política de los EE.UU. Los presidentes norteamericanos con bastante frecuencia apelan a la idea del «destino manifesto» para aglutinar la opinión y el apoyo domésticos. Según esta idea, los EE.UU han sido escogidos por Dios para la salvación del mundo que se realizará a través de la promulgación del «estilo americano de la vida». Es una idea que viene directamente de los padres peregrinos: sólo ellos, que tienen la verdad de Dios, y la misión de Dios, pueden salvar a los demás a través de la imposición de sus prácticas religiosas.
Consideremos las siguientes citas de varios estadounidenses prominentes:10
John Winthrop (1588-1649) ya había planteado la idea:
«Dios reservó a América para aquellos a los que quiso salvar de la calamidad general, como una vez mandó el arca para salvar a Noé».
John Adams (1735-1826):
«Siempre pensé con reverencia en la colonización de América como la apertura de una gran escena y de un gran designio de la Providencia, para iluminar la parte ignorante y emancipar la parte esclavizada de la humanidad en toda la tierra».
Abraham Lincoln (1809-1865):
«Estados Unidos es la última esperanza de la tierra».
Herman Melville (1819-1891), autor muy destacado de Moby Dick entre otros libros, escribió:
«Nosotros los americanos somos el pueblo escogido, el Israel de nuestro tiempo; nosotros llevamos el arca de las libertades del mundo. Dios ha predestinado a nuestra raza, y así lo espera la humanidad, para grandes cosas; y grandes cosas sentimos en nuestras almas. El resto de las naciones vendrá muy pronto detrás de nosotros. Por demasiado tiempo hemos sido escépticos y hemos dudado de que el Mesías político haya llegado al mundo. Pero ya llegó en nosotros».
El senador Albert Beveridge, en 1898:
«Dios ha preparado y ha marcado al pueblo americano, al pueblo teutónico y de habla inglesa, para conducir finalmente la regeneración del mundo».
Al entrar en la primera guerra mundial, el presidente Woodrow Wilson (1856-1924) dijo:
«Estados Unidos notificó a la humanidad, desde su nacimiento: nosotros hemos venido para redimir al mundo dándole libertad y justicia.»
Y de nuevo:
«América es la única nación idealista en el mundo. El corazón de este pueblo es puro. El corazón de este pueblo es verdadero. Es la gran fuerza idealista de la historia. Creo, más profundamente que en ninguna otra cosa humana, en el destino de los Estados Unidos. Creo que tiene en sí la energía espiritual con que ninguna otra nación puede contribuir para la liberación de la humanidad. [En la primera guerra mundial] América tuvo el privilegio infinito de cumplir su destino y de salvar al mundo».
Lyndon B. Johnson, en 1965:
«La historia y nuestros éxitos han puesto sobre nosotros la principal responsabilidad de proteger la libertad en la tierra».
Ronald Reagan en 1982:
«Siempre he creído que esta tierra ungida fue colocada aparte de una manera inusitada; que un plan divino colocó a este gran continente aquí, entre los océanos, para que lo encontraran, desde todos los rincones de la tierra, las gentes que tienen un amor y una fe especiales en la libertad. El tiempo es ahora, para que volvamos a apoderarnos de nuestro destino, para tomarlo en nuestras manos. Ha regresado Estados Unidos. Está en nuestro poder comenzar el mundo de nuevo, reconstruir el mundo desde el principio.»
William Clinton:
«Estados Unidos es la nación más grande de la tierra. Creemos en la libre empresa y en el poder de las fuerzas del mercado. Tenemos que abrir los mercados del mundo, para entrar a competir y ganar en el siglo XXI».
George Bush, padre e hijo, ambos han apelado al fundamentalismo norteamericano en sus guerras contra países musulmanes con frases como: «la guerra del bien contra el mal» y «la justicia infinita».
Aunque es imposible hacer un retrato adecuado del señor Bush (hijo) en estas páginas, menos de los Estado Unidos como país, sí puede ser útil acordarnos de algunos datos más. Se trata del desempeño de los EE.UU en las Naciones Unidas.
Tomemos el periodo del invierno de 1989-90, unos meses antes de la caída del muro de Berlín. En esos meses se vetaron tres resoluciones del consejo de seguridad de la ONU. La primera era una condena del ataque de los EE.UU contra la embajada nicaragüense en Panamá (Gran Bretaña se abstuvo, EE.UU vetó la resolución); la segunda fue una condena de la invasión de los EE.UU a Panamá (EE.UU y GB la vetaron, Francia votó en contra de la resolución); la tercera fue una condena de los abusos de Israel en «los territorios ocupados» (veto de los EE.UU). Hubo dos resoluciones de la Asamblea General llamando a todos los estados a respetar la ley internacional: la primera condenaba el apoyo del ejército estadounidense a los «contra» en Nicaragua, y la otra contra un embargo ilegal contra Nicaragua. Cada resolución fue aprobada por una votación unánime menos dos votos en contra: EE.UU e Israel.
Hubo otra resolución de la Asamblea que reprobaba la adquisición de territorio por la fuerza que se aprobó 151 contra 3 (EE.UU, Israel y la República Dominicana). Esta resolución hizo una llamada para una solución diplomática del conflicto entre Israel y los Árabes proponiendo fronteras reconocidas, garantías de seguridad, y en las palabras de la resolución Nº 242 de la Asamblea General, argumentó a favor de la auto-determinación de Israel y de los Palestinos. La resolución 242 fue vetada por EE.UU en 1976 aunque tenía el apoyo de Siria, Jordania, Egipto y la Organización Palestina de Liberación.11
De hecho, en el contexto de Nicaragua, el señor Abraham Sofaer, un asesor legal del departamento del Estado de EE.UU, ofreció una pista para entender las razones porque los EE.UU habían vetado tantas resoluciones:
«Cuando los EE.UU aceptaron la jurisdicción de la Corte Mundial en los años 40, la mayoría de los miembros de la ONU compartía nuestro punto de vista en cuanto del orden mundial. ... [Pero ahora] no podemos confiar en que muchos de ellos compartan nuestra visión de la original concepción constitucional de la Carta Magna de la ONU. Esta misma mayoría se opone con frecuencia a los EE.UU en cuestiones internacionales importantes.»12
Entre 1967 y 1991, EE.UU ha vetado 71 resoluciones, entre ellas hubo muchas que tocaban cuestiones como la ley internacional, derechos humanos y el ambiente. Así internacionalmente, EE.UU es, como su actual presidente internamente, políticamente débil y no quiere entrar en ningún proceso con otras naciones como iguales en una resolución ni diplomática ni legal en zonas que EE.UU considera de su ámbito de interés (= América Latina y el Medio Oriente).
Es interesante que el wahhabismo y el puritanismo norteamericano tienen algunos rasgos en común. Ambos están muy preocupados con las imágenes y la idolatría, con la sexualidad, y con la sobriedad. Ambos presentan sus conflictos con sus enemigos como la lucha del bien contra el mal; no hay ninguna duda de qué lado está Dios. Ambos castigan violenta y, a veces, extáticamente, ambos sospechan de las mujeres, ambos son muy susceptibles a la hipocresía.
Pero todo esto ¿implica que son las religiones las que fomentan la violencia que nos aterran a todos? No; los responsables son hombres (en este caso, parece los varones más que las mujeres), hombres de poder. Al analizar los dinamismos de la hipocresía wahhabita, Sells no menciona la búsqueda del poder y del dinero, que en toda la historia de la humanidad ha estado presente detrás de nuestros peores episodios. No debemos olvidar estas lecciones de la historia. Son hombres que saben manipular el miedo y la inseguridad de los demás para sus propios fines. Son hombres que saben manipular la información y la imagen para lograr el engaño y el apoyo de la muchedumbre.
No hay duda, pues, que los ataques contra las torres gemelas de Nueva York y contra el Pentágono el pasado 11 de septiembre fueron actos terroristas y así son condenables. No hay duda que los autores de estos ataques buscan inspirar el terror en la población general de los EE.UU.
Pero, los ataques de los EE.UU y de Gran Bretaña contra Afganistán (o contra Iraq en la llamada guerra del golfo), ¿son casos de la guerra justa? ¿no son terrorismo?
Ambos se han justificado como respuesta a una agresión: la invasión de Saddam Hussein a Kuwait, y los ataques contra las torres gemelas y el Pentágono. ¿Se agotaron todos los recursos antes de empezar la respuesta bélica? En el caso de la guerra del Golfo, la respuesta es no.
Hay que recordar que Saddam Hussein fue apoyado por los EE.UU para derrocar el régimen irakí anterior; entonces un aliado de la URSS. Cuando tuvo éxito, empezó un reino de terror, de tortura y asesinatos muy notable. Hubo muchos intentos del movimiento democrático de Irak de conseguir apoyo en los EE.UU para frenarlo pero al contrario, fue apoyado y los democráticos fueron ignorados. Después de todo,Hussein compartía las ganancias del petróleo con los EE.UU. Sin embargo, invadió Kuwait, y el gobierno estadounidense consideró que se había excedido.13 La respuesta de la ONU fue proponer sanciones económicas con la intención de resolver la crisis diplomáticamente. Según Chomsky, esta propuesta tenía mucha probabilidad de éxito porque las sanciones propuestas fueron muy severas y los estados que normalmente rompen las sanciones tenían interés en mantenerlas en este caso.14 Pero los EE.UU bloquearon las negociaciones. Según el periódico «The New York Times» (que frecuentemente refleja los puntos de vista del gobierno), el gobierno tenía que bloquearlas porque «podrían distensionar la crisis al costo de unas ganancias pequeñas para Irak.»15 Lo que Irak negociaba era el control de un yacimiento de petróleo que se pasaba por unos kilómetros la frontera (de todos modos disputada) con Kuwait y acceso al mar, ambas condiciones fueron previstas en la propuesta hecha por la ONU. Luego en enero de 1991, oficiales del departamento de estado de los EE.UU hicieron conocer otra propuesta de Irak: retirarse de Kuwait sin condición, sin disputar ninguna frontera, pero pidiendo que el consejo de Seguridad considere dos cuestiones importantes: prohibir el uso de armas de destrucción masiva en la región y buscar una solución diplomática al conflicto de Palestina. La oferta fue rechazada tajantemente por el Presidente Bush: no hay negociaciones. Irak hizo otra oferta de retirarse el 15 de febrero, también rechazada. El 20 de febrero, hizo aún otra, esta vez patrocinado por la URSS. También fue rechazada y Bush respondió con una exigencia ridícula: que los irakíes se retiraran sin un cese del fuego, o sea mientras los aviones de los EE.UU estaban bombardeando al raz la zona por donde tenían que retirarse.
Tampoco se puede decir que moderaron las fuerzas ni tomaron suficiente cuidado para proteger la población civil. Murieron miles de civiles en Irak; el gobierno estadunidense llamaba estas muertes «daños colaterales», un término que busca suavizar la realidad de miles de hombre, mujeres y niños muertos que tuvieron que sufrir el terrorismo de Saddam Hussein y luego de los aliados norteamericanos. Se ha documentado el uso de tanques rasadores y de napalm para barrer el desierto de Irak de los «soldados enemigos» que fueron en su mayor parte conscriptos forzados sin defensa. Se estima que se mataron más de 100,000 de ellos. Así fue la guerra del golfo. Guerra innecesaria, destrucción masiva de gran escala, repetidos rechazos a negociar. De ninguna manera una guerra justa.
Ahora bien, en Afganistán todavía no tenemos tanta documentación pero sí sabemos que ha negado su responsabilidad por los ataques terroristas contra New York y Washington, y que Osama bin Laden ha ofrecido comparecer ante un tribunal internacional si es imparcial y si se presentan las pruebas en su contra. La oferta fue rechazada tajantemente. De nuevo, después de más bombardeos, ofreció entregarse a una nación neutra. De nuevo rechazada. Mientras tanto, los bombardeos siguen día y noche.
Tampoco podemos decir que los misiles precisos y las bombas inteligentes sean suficientemente precisos para evitar la muerte de los civiles de una manera «aceptable». Hasta ahora se ha destruido un local de una agencia que colaboraba con la ONU intentando limpiar el país de las minas anti-personas que quedaron después de la última guerra con la URSS. Se ha exterminado más de una comunidad rural, se ha destruido un hospital de 100 camas y un depósito de alimentos de la cruz roja, quién sabe cuantos civiles han muerto. La guerra llevada desde la distancia tiene que usar armas indiscriminadas. El ejército estadounidense obviamente está siguiendo una política de matar a civiles afganos antes de arriesgar la vida de un soldado norteamericano. De ninguna manera puede esta operación policiaca ser considerada como una guerra justa.
La opinión pública internacional correctamente rechaza el terrorismo, reconoce el derecho de los EE.UU a buscar los culpables pero no está dando a los EE.UU su aprobación a esta guerra. El reciente pronunciamiento de los países de APEC reunidos en Shanghai —rechaza el terrorismo, sin aprobar la invasión— de Afganistán, resulta significativo en este sentido.
¿Qué toca hacer entonces? Pues hay dos niveles de este análisis, y así se pueden sugerir dos niveles de respuestas. Un nivel es el de la religiosidad. Digo religiosidad porque no se trata de condenar una religión sea Islam, sea Protestantismo, sea Judaísmo, sea Catolicismo o cualquier otra. Todas las religiones se prestan al fundamentalismo o al puritanismo. El problema más fuerte con que batalló Jesús fue una religiosidad puritana (la ley de la Pureza) y fundamentalista, que excluía a muchas personas que sufrían, y, a final de cuentas, resultó asesina de una manera muy clara y tajante. De hecho la exclusión de por sí era asesina, solamente un poco más lenta. Jesús proponía un proyecto religioso radical pero no fundamental[ista]. Una religiosidad que toma al pobre, al pecador, al impotente, al excluido como piedra de toque para mantener su fidelidad a Dios, no puede ser excluyente y castigadora. Una religiosidad que concentra su crítica en la hipocresía de las personas que se hacen pasar por los dueños del bien, tiene que seguir buscando la verdad en su forma más simple, humilde y directa.
Tal vez, en este contexto vale la pena un pequeño paréntesis sobre el dicho de Jesús: «El que no está conmigo está en mi contra» por lo de George W. Bush que lo repite tantas veces al mundo. Hay tres versículos que nos conciernen: Mt 12,30; Lc 11,23 y Mc 9,40. Los tres están en de un contexto de expulsar a los demonios, o sea la liberación de hombres y mujeres atrapados por fuerzas infra-humanas. En las versiones de Mateo y Lucas, más bien el dicho es una crítica a las autoridades que dicen que Jesús expulsa a los demonios por un poder demoniaco. Jesús observa que una casa dividida tiene que caer, así ¿cómo es posible que el demonio luche contra el mismo demonio? Ahora bien, los que buscan confundir el bien y el mal, la libertad y la esclavitud, la vida y la muerte por sus propios fines son los que están en contra de Jesús. Hoy día serían, tal vez, los propagandistas. El caso de la cita de San Marcos es diferente. Allí es otra persona que va expulsando demonios en el nombre de Jesús pero no es de sus discípulos. Éstos, que acababan de pelearse sobre quién era el más importante, se lo prohiben. Jesús les responde que no lo detengan: «Porque el que no está contra nosotros, por nosotros es». Es decir, el significado es al revés. Si andas haciendo el bien, seas uno de los nuestros o no, estamos juntos. El plural de la expresión le da una dimensión comunitaria significativa.
Hemos visto algo de los puritanismos islámico y protestante, y no sería justo dejar las cosas así. Los católicos tenemos la historia de la Inquisición para ayudarnos a mantener la humildad. Hay otras versiones del puritanismo católico que enaltecen la autoridad (hasta poner tradiciones humanas en el lugar de la voluntad de Dios Mc 7,7), que excluyen a muchas personas, que enseñan códigos morales muy estrictos y castrantes, que niegan los derechos de otros de ser precisamente otros, que han torturado y matado a muchos en nombre de salvar sus almas y de defender «la Verdad». En cuanto al puritanismo judío, pues tenemos todo lo que criticamos del fariseismo, pero esto puede resultar un tanto demasiado fácil y de cliché. El puritanismo judío tiene unas raíces históricas en la fundación del código de Pureza que tuvo lugar en la reconstrucción de Israel después del exilio (el edicto de Ciro, 539 antes de la era común). Al echar a andar el nuevo proyecto religioso nacional social, los exiliados retornados enfrentaron el hecho que los pobres que no fueron llevados a Babilonia estaban allí todavía. Al ver que se iba a reconstruir la nación ofrecieron su colaboración pero fueron rechazados por no tener una religión pura (Ezr 4,1-5). Esas personas, sin embargo, como muchos de los pobres en el mundo, tercamente sobrevivieron y se llamaban «Samaritanos» en los tiempos de Jesús, unos 500 años después. Ahora bien, una cita del Presidente de Israel de 1972, sin más comentario:
«No niego a los Palestinos ningún lugar ni postura ni opinión sobre cualquier asunto. Pero definitivamente no estoy dispuesto a considerarlos como socios de ninguna manera en una tierra que ha sido consagrado en las manos de nuestra nación por miles de años. Para los judíos de esta tierra, no puede haber ningún socio.»16
Así nos toca cuidarnos, y cuidar a nuestros co-religionarios (¡sin amenazas por supuesto!) de no caer en el puritanismo (fundamentalismo) y a tomar en serio las defensas contra ello que Jesús nos ofrece porque no solamente está en juego la credibilidad del Evangelio sino el futuro del planeta.
El otro es el de la política. Tal vez pocos de nosotros tenemos mucha posibilidad de hacer algo allí. Sin embargo, es importante pensarlo. Responder al terrorismo es de suma importancia pero no se vale, ni va a funcionar, responder con más terrorismo. Hace poco, el Dr. Luis Villoro, jurista y filósofo del Derecho, hizo algunas observaciones sobre este asunto que fueron transmitidas por Radio UNAM. Entre ellas, argumentó que la única respuesta a un acto desesperado y bárbaro tiene que ser racional y civilizada. Se responde al crimen con la ley no con otro crimen. Así los acusados, los sospechosos, merecen la defensa de la ley hasta que se comprueben culpables. Cuando toca situaciones internacionales, la dificultad de responder adecuada y civilizadamente solamente destaca la falta de ley internacional.
Parece que para ello, o la ONU o alguna instancia semejante es la instancia indicada para reparar esta laguna. Pero, como hemos visto, la ONU está seriamente lisiado. Se requiere una democratización de ella, y una revisión seria sobre el papel del Consejo de Seguridad y el poder que los miembros permanentes tienen para vetar resoluciones pasadas por la Asamblea General, si no fuera por ellos, unánimemente. ¿Es justo que el poder de un país haga posible que se prescinda de los deseos y las opiniones del mundo entero?
1Noam Chomsky, «No longer safe» Z magazine, mayo 1993
2Esta definición funciona muy bien como definición del terrorismo, pero de hecho es una definición de «guerra de baja intensidad», política común de EE.UU, según Chomsky.
3Dicho así por su novela «1984» que critica el uso cínico del lenguaje por parte del gobierno que Orwell bautizó con el nombre «Newspeak»: un estilo propagandístico que vuelve a escribir la historia y la realidad actual a su antojo sin ningún respeto por la verdad. El uso de esta definición implica que el «terrorismo» se aplica a los que el gobierno considera como sus enemigos; sus aliados, por lo tanto, nunca pueden ser culpables de semejante barbaridad.
4Esta resolución, de 1987, fue aprobada por 153 votos a favor, 2 en contra (EE.UU y Israel) y una abstención (Honduras).
5Desglosando «actos criminales».
6Gottwald, N. As Tribos de Iahweh; Uma Sociologia da Religião de Israel liberto 1250-1050 a.C., Edições Paulinas, São Paulo 1986, pp. 547-554.
7Schwartz, S. «This business all began in Saudi Arabia» The Spectator, oct. 2001
8Traducido de: Michael Sells, «Taliban, Image-War, and Iconoclasm»
9Proceso 1303, 21 de octubre, 2001, pp. 45-51
10De una colección de citas de la misma índole que me compartió Enrique Maza, autor en estas páginas y en las de Proceso. La mayoría de las citas son de presidentes.
11Traducido libremente de: Noam Chomsky, Deterring Democracy, South End Press 1991, 1992 Chapter 6: Nefarious Aggression
12Noam Chomsky, «The Passion for Free Markets, Exporting American values through the new World Trade Organization» Z-magazine
13Según varios informes en el momento, los EE.UU mismos le habían aprobado una incursión a Kuwait quien le estaba negado acceso al mar. Saddam Hussein interpretó las señales mal y montó una invasión completa.
14Noam Chomsky, «The New World Order», charla en la Universidad de California en Berkeley, 16 de marzo, 1991. En el caso de Sudáfrica por ejemplo, las sanciones fueron ignoradas con frecuencia por los EE.UU, Gran Bretaña y Francia.
15Columna de Thomas Friedman, The New York Times, 22 de agosto, 1990.
16Amnon Kapeliouk, Israel: la fin des mythes, Albin Michel, 1975, 220; Shabtai Teveth, Ben-Gurion and the Palestinian Arabs, Oxford, 1985, 187f., Benny Morris, «Review of Teveth», Jerusalem Post, Oct. 11, 1985; Weizmann, Yosef Heller, The Struggle for the State: Zionist Diplomacy of the years 1936-48, Jerusalem 1985, Jewish Agency protocols, Hebrew; Yosef Gorny, Zionism and the Arabs (Oxford, 1985), 110.