Tendencias al finalizar el
segundo milenio

Jorge Alonso

CIESAS Occidente


Introducción

En la actual etapa de transición de época marcada por los procesos sociales y no por fechas, y que tiene una coincidencia externa con los cambios de calendarios (que simbólicamente le dan especiales relieves) se podría encontrar un dinamismo (el de la adaptación del capitalismo) y tres respuestas. Una de ellas, se creyó perenne y fue efímera: la de un neoliberalismo, que ahora ha mostrado su fracaso. Otra tiene que ver con el surgimiento, no sin contradicciones internas, de una renovación de la socialdemocracia. Y la tercera, apenas apuntada, del esbozo de una alternativa para países como los latinoamericanos. Todas tienen que ver con una toma de posición ante lo que se ha denominado la globalización, mundialización o planetarización. Conviene examinar los principales análisis al respecto.

La visión castelliana

El catalán Manuel Castells ha logrado una importante síntesis, criticable, pero útil para situar los cambios actuales.

Hay que recalcar que el surgimiento de una sociedad red, basada en un espacio de los flujos y en un tiempo atemporal es nuevo en la historia.

La sociedad se ha ido construyendo en torno a flujos de

Los flujos son la expresión de los procesos que dominan la vida económica, política y simbólica. El soporte material de los procesos dominantes es el conjunto de elementos que sostienen esos flujos y hacen posible su articulación en un tiempo simultáneo. Hay una nueva forma espacial: el espacio de los flujos, que es la organización material de las prácticas sociales en tiempo compartido que funcionan a través de secuencias de intercambio e interacciones determinadas repetitivas, programables entre las posiciones físicamente inconexas que mantienen los actores sociales en la estructura económica, política y simbólica de la sociedad.

La sociedad red está compuesta por redes de producción, poder y experiencia. La sociedad red tiene contradicciones.

En todo el planeta se ha construido una economía global dinámica, enlazando a las gentes y actividades valiosas de todo el mundo, mientras se desconecta de las redes de poder y riqueza a los pueblos y territorios carentes de importancia desde la perspectiva de los intereses dominantes. El espacio de los flujos domina al espacio de los lugares, y el tiempo atemporal substituye al tiempo del reloj de la era industrial. La principal fuente de productividad es la capacidad cualitativa para optimizar la combinación y el uso de los factores de producción basándose en el conocimiento y en la información. Las sociedades son moldeadas por actores sociales, movilizados en torno a intereses, ideas y valores en un proceso abierto y conflictivo.

El mundo actual es multicultural e interdependiente. No podemos menos que constatar la existencia de una nueva economía a escala mundial.

La mayoría de los países se ha vuelto vulnerable a los flujos financieros volátiles.

Hay una nueva lógica organizacional, nuevos métodos de gestión y desarrollo de redes empresariales.

El desmantelamiento parcial del estado de bienestar implica inestabilidad laboral y extrema desigualdad social. Grandes sectores de la población quedan desconectados del sistema dinámico globalizado.

El espacio y el tiempo, dimensiones fundamentales de la vida humana se han cambiado. El espacio de los flujos se ha convertido en la manifestación espacial dominante del poder. Regiones y localidades han quedado integradas en redes internacionales. Ha aumentado el trabajo a distancia. El tiempo se ha hecho más flexible.

Las posiciones se definen por los flujos de la red de comunicación.

El capital se libra de la cultura del reloj. La nueva economía se organiza en torno a redes globales de capital, gestión e información. Hay una red de capital global e integrada. Hay un capitalista colectivo sin rostro, compuesto por los flujos financieros que dirigen las redes electrónicas. Las relaciones sociales entre el capital y el trabajo se han transformado profundamente. Mientras el capital es global, el trabajo es local. Las relaciones de producción capitalistas siguen persistiendo, pero el capital y el trabajo tienden a existir en espacios y tiempos diferentes.

La revolución tecnológica aceleradamente ha ido modificando la sociedad. Estamos ante una diversificación creciente en las relaciones de trabajo. Existe una fuerte intervención de los estados para desregular los mercados, aunque este proceso se da en forma selectiva. El neoliberalismo obligó al desmantelamiento del llamado estado de bienestar. Ha crecido la competencia económica global. Se ha producido una articulación mundial de los mercados financieros. Lo que ha sucedido ha sido la incorporación de los segmentos valiosos de la economía de todo el mundo, y una acentuación del desarrollo desigual. Por su parte, el sistema político se ha sumido en una crisis estructural de legitimidad, en escándalos, y se ha ido aislando de los ciudadanos. Han surgido movimientos sociales fragmentados, localistas y efímeros. Se refuerzan también identidades primarias étnicas, territoriales y fundamentalismos. Se ha dado una destrucción de organizaciones tradicionales, una deslegitimación de instituciones y una fragmentación social. Hay gobiernos y multinacionales que segregan. En contrapartida ha aparecido la tendencia desde los excluidos a excluir a los exclusores.

El mecanismo de apropiación de plusvalía es más complejo. Al individualizar las relaciones laborales, cada trabajador recibe un trato diferente. Una apropiación creciente de productores controlan su propio proceso de trabajo y entran en relaciones independientes sometidos a las fuerzas del mercado. Siguen existiendo la explotación, el abuso por parte de quienes controlan los proceso de producción. Pero hay una segmentación de la mano de obra. La antigua estructuración de clases se ha trastocado. Siguen los conflictos sociales. Son reivindicaciones de grupos de interés o revueltas contra injusticias.

Hay crisis del estado nación por un lado, y crecimiento de nacionalismos por otro. Hay un espacio excesivamente abierto para las economías y que se intenta cerrar fragmentado por culturas.

Hay transformaciones en el mismo capital, en las clases sociales.

Las relaciones de poder también han sido transformadas. Los actores sociales y los ciudadanos en general maximizan las posibilidades de representación de sus intereses y valores aplicando estrategias en las redes de reacción entre diversas instituciones a diversos niveles de competencia. La política informacional, que se realiza primordialmente por la manipulación de símbolos en el espacio de los medios de comunicación, encaja bien con un mundo en constante cambio. Los juegos estratégicos, la representación personalizada y el liderazgo individualizado substituyen a los agrupamientos clasistas, la movilización ideológica y el control partidista. La política se vuelve cada vez más un teatro. Las instituciones políticas se constriñen más a órganos de negociación que a sedes de poder. Los ciudadanos reaccionan a la defensiva. El sistema se va vaciando.

La política se encierra en el espacio de los medios. Creación de imagen es creación de poder. Se desarrolla una política simbólica. Pero hay identidades de resistencia. El movimiento obrero tradicional perdió la capacidad de construir un control social. Los partidos han agotado sus potencialidades como agentes autónomos de cambio social. Los nuevos movimientos sociales aportan nuevos códigos.

Los medios electrónicos inducen nuevas reglas de juego que afectan la sustancia de la política. No toda la política puede reducirse a imágenes o manipulación simbólica, pero sin eso no hay manera de ejercer el poder.

Los sistemas políticos se siguen basando en formas organizativas y estrategias políticas de la era industrial. Esto va quedando obsoleto. Por eso hay crisis y volatilidad del electorado. La democracia política como representación va quedando como cascarón vacío. Una crisis de legitimidad está vaciando el significado y función a las instituciones de la era industrial. El poder se difunde en redes globales de riqueza, poder, información e imágenes que circulan y se transmutan en un sistema de geometría variable. Pero el poder no desaparece. El nuevo poder reside en los códigos de información, en las imágenes de representación en trono a los cuales las sociedades organizan sus instituciones y la gente construye sus vidas. Los nuevos movimientos expresan proyectos de identidad orientados a cambiar códigos culturales.

La identidad es fuente de sentido para la gente. Organizan el sentido. Hay tres tipos de identidades: la legitimadora, la de resistencia y la proyecto.

Las actividades delictivas proliferan y establecen vínculos entre sí. Se constituye una emergente economía criminal global que penetra en los mercados financieros, el comercio, las empresas y los sistemas políticos de todas las sociedades.

Hay un cuarto mundo: el de la pobreza y exclusión social. El ascenso del informacionalismo va unido al aumento de la desigualdad y a la exclusión en todo el mundo. La globalización avanza en forma selectiva: incluyendo y excluyendo.

Las batallas culturales son las batallas del poder en la era de la información. El poder como capacidad de imponer una conducta radica en las redes de intercambio de información y manipulación de símbolos que relacionan a los actores sociales, las instituciones, los movimientos culturales a través de iconos. Las elites de poder ya no son estables. La cultura es parte del poder, el poder se hace fuente de capital.

En la era de la información la lógica prevaleciente de redes globales dominantes es tan omnipresente que el único modo de salirse de su dominio es situarse fuera de esas redes y reconstruir el sentido atendiendo a un sistema de valores y creencias completamente diferente.

Existe la necesidad de una nueva política cultural, que parta de la premisa de que el ámbito predominante de la política informacional es el espacio de los medios de comunicación, y se dirime con símbolos, aunque conecta con valores y temas que tienen su origen en la experiencia vital de la gente. Vendrá la comunicación interactiva. Florecerá la revolución genética. Habrá incrementos de productividad. Seguirá la globalidad selectiva. Se profundizarán las diferencias. Aumentará la economía criminal global. La exclusión no será pacífica. Crecerá el miedo.

Habrá una perplejidad informada.

La acción social y los proyectos políticos serán esenciales para mejorar la sociedad, y para cambiarla. Se requiere la esperanza. Habrá que convertir a los medios en mensajeros en lugar de que sean el mensaje. Deberemos reaccionar contra el cinismo, y democratizar la democracia (Castells 1999).

La discusión en torno a la globalización

Se ha dicho que la globalización, dependiendo de los ámbitos que afecte y la opinión de los observadores, ha sido calificada como algo bueno, un mal menor y hasta como un horror. Los fenómenos, que a su vez, se engloban en ese término, son un hecho. Hasta los grupos más aislados se encuentran en un contexto mundializado. En todo esto han influido los cambios en la informática. Hay tendencias de sustituir la realidad por la imagen. Los medios de comunicación pueden generar una forma de pasividad en la medida en que se expone cotidianamente a los individuos al espectáculo de una actualidad que se les escapa. Pero también existen quienes llaman la atención sobre la interpretación que se da a dichos fenómenos. Petras ha dicho que la tesis de la globalización se funda en mitos. El proceso de integración internacional no es nuevo ni homogéneo. Hoy se llama globalización al aumento de la actividad internacional. Se argumenta que la globalización es fruto de la tercera revolución científica, la de la información. Ciertamente las nuevas tecnologías aumentan la velocidad de las transferencias y traslados de capitales y proporcionan redes de comunicación que hacen más sencilla la reubicación de las fábricas. Pero la tecnología no determina hacia dónde se dirige la inversión y la investigación. No es una fuerza autónoma, ni hay que verla como una fuerza natural. El tipo de actividad económica depende de decisiones sociopolíticas y de la capacidad del estado para ejecutarlas. La política está al mando de la tecnología. El giro hacia el mercado global es resultado de una superior organización político militar de las clases sociales vinculadas a ella. Así existe una ideología de la globalización. El mercado "no exige". Sólo personas hacen eso: los capitalistas. Los grandes protagonistas de la globalización son los países imperialistas actuales. El estado es un agente sociopolítico importante en este proceso de globalización. Como hay la globalización, existen también luchas populares en contra de esa globalización (Petras 1999).

Ianni acepta que el capitalismo ha alcanzado una escala propiamente global. La historia del capitalismo debe ser interpretada como la de la mundialización. Hay una desterritorialización de la economía, de la política y de la cultura. Las condiciones económicas, políticas y culturales son nuevas. Decae el estado nación y emerge la sociedad global. Esta globalización desarrolla nuevas contradicciones. Bajo el capitalismo global las contradicciones sociales también se globalizan. No habría que perder de vista a las estructuras de poder ya constituidas que toman la delantera en la administración del mundo. Estas concuerdan con los países imperialistas. En contrapartida hay la posibilidad de construir ciudadanía a escala mundial. Los horizontes de la globalización e interdependencia son los mismos que los de la fragmentación y del antagonismo (Ianni 1998)

De Sousa señala que la globalización es el proceso mediante el cual determinada condición o entidad local extiende su influencia a todo el globo, y al hacerlo, desarrolla la capacidad de designar como local otra condición social o entidad rival. Lo que se llama globalización es siempre la globalización exitosa de determinados localismos. No debemos perder de vista las relaciones de poder que dan cuenta de las diferentes formas de movilidad temporal y espacial. Hay una clase capitalista transnacional que controla la relación espacio y tiempo y que la transforma en su beneficio. Hay localismos globalizados (determinados fenómenos se globalizan con éxito), y globalismos localizados (la imposición de prácticas transnacionales a condiciones locales). Los países centrales hacen lo primero, los periféricos sufren lo segundo. Hay además de una globalización de arriba abajo, otro dinamismo a la inversa: las organizaciones no gubernamentales que se conectan por todo el mundo. (De Sousa 1998) Si bien hay una globalización económica, también se puede dar una globalización ética.

Bauman subraya que la ampliación de libertades para unos es destino cruel para otros. Hay elites globales y extraterritoriales, y mayorías localizadas sumidas en la incertidumbre y el miedo. El fenómeno de la globalización es más profundo de lo que salta a la vista: une y divide. Los procesos globalizadores incluyen una segregación, una separación y marginación progresiva. Símbolos culturales compartidos sirven para interpretaciones diferentes. Hay una cosmocracia. Las decisiones liberadas de limitaciones territoriales. Hay estado débiles, que aunque así lo sean todavía pueden reprimir internamente. La nueva élite global goza de ventajas frente a los guardianes del orden, por su gran movilidad (Bauman 1999).

Wallerstein acusa al capitalismo de haber sido destructivo de la biosfera. Demuestra la falsedad de que las transnacionales necesiten un estado débil. No pueden sobrevivir sin estados estructuralmente fuertes en las zonas centrales. Pide no olvidar que además del poder neoliberal está también el poder de las mafias. Y hace ver cómo para la gente común el resultado de la reducción de la legitimidad del estado es el miedo (Wallerstein 1998).

Para Morin el debilitamiento de una percepción global conduce al debilitamiento del sentido de la responsabilidad y de la solidaridad. Hace ver que existe un déficit democrático debido a la apropiación por los expertos de un gran número de problemas vitales. Lo global son fenómenos multidimiensionales; estas realidades son ambivalentes, pues pueden ofrecer ya solidaridades, ya conflictos (Morin 1999). Hay dualidades: los integrados y los marginados.

El capitalismo mediante la mundialización se ha convertido en un modo de producción cultural generador de un antropología de masas y un sistema de valores afines a su modelo económico. Se ha enfatizado la realización individual por encima de los colectivos. Esto ha potenciado el crecimiento de la pobreza y de las desigualdades. La creciente escisión entre mundialización económica, nacionalización de la política y localización de la identidad individual y colectiva ha sido muy funcional para el proyecto de dominación imperante. Ante esto se debería buscar la construcción de un internacionalismo democrático radical (Díaz 1999).

Samir Amin ha realizado una crítica sistemática del simplista discurso dominante acerca del carácter ineluctable de la globalización. Propone que la interdependencia se negocie, apoyar necesarias formas de desarrollo nacional, atender las graves desigualdades antes de que se hagan más inmanejables. Insiste en que el desarrollo no equivale a expansión del mercado. Así como los fenómenos actuales han producido una diversidad de desafíos, también existe una diversidad de respuestas (Amin, 1997, 1999).

Finalmente Touraine, apuntando el carácter ideológico del discurso de la globalización (que no es sino un conjunto de tendencias) ha hecho ver que una de las graves derrotas de la izquierda consiste en la aceptación de la imposibilidad de un anticapitalismo. Esto ha impedido la recomposición moral de la izquierda. Ha demostrado que la globalización de la economía no disuelve la capacidad para la acción política. La mundialización no genera impotencia de los estados ni de los actores sociales (Touraine 1999).

Las propuestas de Giddens

Giddens entra en la discusión recalcando que nos encontramos ante el mayor período de transición histórica, que nos ha puesto cotidianamente en contacto con personas que piensan diferente. Refuta el que la globalización sea un mito, y descalifica las visiones de lo que denomina vieja izquierda.

Insiste en que el mercado mundial ha llegado a un nivel que antes no tenía. Hay una nueva económica electrónica global. Precisa que la globalización no sólo es económica sino política, tecnológica y cultural. Admite que el conjunto de procesos que la constituye es incoherente. Giddens propone como respuesta a esta dinámica lo que llama su tercera vía.

Para él las ideas de la vieja izquierda han quedado obsoletas. Esta proponía una fuerte intervención del estado en la vida económica y social. Llevó al hecho de que el estado predominara sobre la sociedad civil, con énfasis en un colectivismo, en un corporativismo. Quiso otorgar a los mercados un papel restringido. Dio a la economía un carácter social o mixto. Pretendió el pleno empleo y un fuerte igualitarismo. Intentó crear un internacionalismo. Y tuvo muy débil conciencia ecológica.

Pero las propuestas de la nueva derecha también fracasaron. Defendió un gobierno mínimo, emprendió un obsesivo desmantelamiento del llamado estado de bienestar. Cayó en el fundamentalismo del mercado y en autoritarismo moral. Aceptando la desigualdad emprendió la desregulación del trabajo. También tuvo débil conciencia ecológica. No vio las contradicciones de sus propias propuestas, pues defendía tanto al mercado como a la familia tradicional, y no captó que no había nada tan disolvente de la familia tradicional como el mercado.

Mientras hay quienes afirman que la globalización es un invento, que la mayoría del comercio sigue siendo regional; otros sostienen que los estados-nación ya son una ficción, y que los políticos han perdido todo poder efectivo. Giddens no está de acuerdo con estas visiones. Para él la globalización económica es una realidad, y no una continuación de las tendencias anteriores. Lo financiero muestra la plenitud de lo global. Si bien el estado no es ficción, sí ha cambiado. El poder que antes tenía se ha debilitado. La globalización traspasa fronteras y crea nuevas regiones económicas y culturales. Las naciones mantienen y mantendrán durante un futuro previsible un considerable poder gubernamental, económico y cultural sobre sus ciudadanos. Pero sólo puede ejercer su poder en colaboración con asociaciones transnacionales.

Giddens advierte que la globalización no es un acto de la naturaleza, sino una compleja serie de procesos, que a la par que tiene una gran gama de problemas, ofrece posibilidades nuevas. Se ha creado un nuevo individuo; y habría que saber combinar responsabilidades individuales y colectivas.

Giddens propone una posición de centro-izquierda. Considera que la socialdemocracia puede prosperar. Su programa fue desacreditado. Pero llama a examinar la situación actual. El cambio tecnológico tiene consecuencias ambivalentes. Centro-izquierda no equivale a políticas moderadas. Hay cuestiones que necesitan medidas radicales. La socialdemocracia renovada debe estar a la izquierda del centro. Llama la atención sobre el hecho de que pese al surgimiento de nuevos movimientos sociales, los grupos de interés y los movimientos, por importantes que sean, no pueden gobernar. La política de la tercera vía debe ayudar a los ciudadanos a guiarse ante los grandes cambios.

Giddens piensa que se puede trascender tanto a la socialdemocracia a la antigua como al neoliberalismo. La política de la tercera vía debería mantener como preocupación esencial la justicia social, buscar una nueva relación entre el individuo y la colectividad. Habría que enfatizar que no hay ningún derecho sin responsabilidades, ninguna autoridad sin democracia. Hay que recrear la solidaridad social. Se necesita una reforma del estado y del gobierno. Este no es ni el enemigo ni la solución. No se trata de más o menos gobierno sino que éste se ajuste a las nuevas circunstancias. Se deben aplicar medidas de descentralización. Se requiere una devolución del poder hacia abajo. El gobierno tiene que aprender a reafirmar, sin autoritarismos, su autoridad.

Debe aumentar el estado el papel de la esfera pública, tener más transparencia, imparcialidad, y combatir la corrupción. Se tiene que elevar la eficiencia administrativa. Hay que lograr más con menos, ofrecer mejores servicios, auditorías eficaces, estructuras de decisión flexibles, y procurar mayor participación en todos los niveles. El gobierno puede actuar en asociación con instancias de la sociedad civil para fomentar la renovación y el desarrollo de la comunidad. Se tiene que propugnar por un nuevo estado democrático, por una sociedad civil activa, por una nueva economía mixta. Hay que ver a la igualdad como inclusión. La meta es una democracia cosmopolita.

Se tienen que buscar formas democráticas distintas. El gobierno debe buscar contactos mayores con los ciudadanos. Hay que explorar formas de democracia local directa, de referendos electrónicos, de jurados ciudadanos, etc., como complementos de la democracia representativa. Hay que atender lo relativo a la gestión del riesgo, que no es sólo provisión de seguridad. Hay que cuidar las cuestiones éticas de los avances tecnológicos y científicos. El gobierno debe ser un gestor de riesgos. Los riesgos no son cuestión sólo de expertos. Se necesita un compromiso público.

Se requiere un estado social inversor. Desarrollar una nueva economía mixta: una sinergia entre sectores públicos y privados aprovechando el dinamismo de los mercados, pero teniendo en cuenta el interés público. No hay que perder de vista que la masiva movilidad descendente amenaza la cohesión social. Es imperativo encontrar sistemas de redistribución más localizados.

Todo eso incluye el avance en procedimientos deliberativos, en la devolución del poder a las regiones, a las ciudades, a los barrios cuidando de no caer en la fragmentación. Se debe impulsar la activación de la sociedad civil, renovar culturas cívicas, renovar las comunidades mediante el aprovechamiento de iniciativas locales. Hay que innovar en la prevención comunitaria del crimen. No perder de vista que los grupos pequeños tiene sus límites. Tampoco había que olvidar que la sociedad civil no es por sí promotora de orden y armonía. Hay que prevenir la delincuencia y reducir al mínimo los crímenes.

Es poco plausible que prosiga la familia tradicional. Se deben democratizar las relaciones familiares: igualdad, respeto mutuo, autonomía, toma de decisiones mediante comunicación, ausencia de violencia, responsabilidad compartida en el cuidado de los menores. Se necesitan igualdades emocionales y sexuales; derechos y obligaciones recíprocas. Para resumir, se tiene que buscar la igualdad con inclusión (Giddens 1999).

Las propuestas de la Internacional Socialista

En París, en noviembre de 1999, los 143 partidos de la Internacional Socialista se comprometieron a buscar la reforma de los organismos internacionales, a terminar con los flujos incontrolados de capitales, y a situarlos bajo el foco fiscalizador. Se propuso la creación de un Consejo de Seguridad Económica bajo los auspicios de la ONU. Se planteó la autonomía de la política como instrumento para defender los intereses generales. Un mundo sin compromisos ni reglas lleva a la desigualdad y a la fractura. Se llamó a lucha contra la pobreza y el hambre, a buscar condonar la deuda de los países pobres, a delinear estrategias específicas para las mujeres, a lograr protección del ecosistema. Contra la visión unitaria del globalismo se propuso la posibilidad de regionalismos abiertos.

También en ese mes, en Florencia, se reunieron los líderes de la socialdemocracia en el seminario "El Reformismo en el siglo XXI". Ahí se manifestaron las diferencias. Mientras prevalece una visión globalista en los líderes de Inglaterra y de Estados Unidos, el primer ministro francés, Lionel Jospin, defendió la supervivencia del estado nacional. Insistió en querer insertar a Francia en la corriente económica universal, pero sin perder la identidad.

Líderes de centro-izquierda demandaron regular los mercados. Reclamaron nuevas reglas internacionales que obligaran a los mercados financieros (a los que calificaron de verdaderas máquinas desestabilizadoras) a funcionar con más transparencia.

La economía global está llena de oportunidades para los países ricos, y de graves riesgos para los demás. Las instituciones internacionales han demostrado ineficiencia para prevenir cataclismos financieros. La Internacional socialista se ha propuesto buscar las formas para evitar esas catástrofes económicas. Ha recalcado la necesidad de fijar reglas internacionales en los campos medioambiental, social y financiero.

Jospin señaló que el siglo que va a comenzar presenta un panorama de desigualdades mayor que el que tenía el siglo que está terminando, pues cuatro quintas partes de la población mundial se encuentra sin acceso alguno a las nuevas tecnologías. Recordó que al terminar la bipolarización de la guerra fría la ubicación de la socialdemocracia como en el medio, también había concluido. Pero en el momento del declive del modelo de crecimiento de producción fordista, y con la quiebra del neoliberalismo la socialdemocracia tenía que ubicar su identidad. Si la tercera vía británica repetía que se colocaba en medio del socialismo y del capitalismo, no aportaba nada nuevo. Si se proponía como posición intermedia entre la socialdemocracia y el neoliberalismo, tampoco ofrecía un buen camino, porque había otras vías. Recordó que el historiador Braudel había sostenido que el capitalismo por su adaptabilidad se mantenía en movimiento, pero que se encontraba sin rumbo. Reconocía el hecho de la globalización, pero no consideraba que fuera una manifestación inevitable. Habría que crear un sistema de regulación de la economía capitalista mundial, reglamentar áreas clave como las finanzas, el comercio y la informática. Había que adaptarse a la realidad, pero no rendirse ante ella. Habría que reducir la desigualdad (no de las diferencias producto de diversas capacidades), las diferencias derivadas del nacimiento o de la posición social. Habría que buscar crear una sociedad menos dura con el débil y más exigente con el poderoso. El estado de bienestar estaba en crisis, pero no había que abandonarlo, sino reformarlo. Habría no sólo que atender las desigualdades, sino prevenirlas.

La vía latinoamericana

No podemos negar que nos encontramos en una transición larga y difícil. El actual sistema es generador de pobreza e injusticias porque su prioridad es la acumulación incesante de capital. Los oprimidos tienen menos poder, menos organización y menos recursos a su disposición

Hay asimilaciones acríticas del discurso de la globalización. El término globalización se ha impuesto hasta en el lenguaje común. Se le invoca para tratar de explicar todo lo actual. Se le quiere presentar como una fuerza inexorable. Saxe-Fernández aclara que el fenómeno habría que ubicarlo en el marco de las relaciones de dominación, y en particular de la dominación imperialista. Se ha querido establecer como un paradigma válido. Por la internacionalización económica está vinculado este fenómeno con el largo proceso del capitalismo. No es algo homogéneo. No podemos ignorar las relaciones de dominación, explotación y apropiación de riqueza en el que el actual proceso de integración económica internacional se desarrolla. Debemos ubicar a los grandes actores, potencias imperialistas y corporaciones multinacionales en dicho proceso. Este no es algo irreversible. Hay una multipolaridad económica, y una unipolaridad militar. Los estados siguen siendo los instrumentos centrales de mediación entre las fuerzas económicas y políticas globales. El globalismo ha sido la consecución por parte de Estados Unidos de sus intereses geo-económicos y geopolíticos. La democracia propuesta por la globalización es elitista, de fachada, un universalismo abstracto. Pueden surgir respuestas populares que partan de lo nacional y se articulen en esa lógica internacionalmente (Saxe-Fernández 1999)..

Ferrer ha analizado la incapacidad de los países latinoamericanos para defenderse por una parte y para aprovechar por otra los beneficios de la globalización. La tercera vía de la socialdemocracia pretende combinar lo mejor del neokeinesianismo con las ventajas del neoliberalismo. Pero esto implica estado fuertes y marcos regulatorios eficaces, y desigualdades sociales relativamente moderadas. Por eso en América Latina tal vía no es aplicable. Acá se necesita dejar atrás el atraso y la subordinación e iniciar a pensar por propia cuenta y no con ideas transportadas. Se debe pasar de la crítica a la propuesta, reconociendo oportunidades y aprovechándolas (Ferrer 1999).

Conclusión

Lo nuevo es un acuerdo mayoritario en el fracaso del neoliberalismo. Hay una fuerte discusión en la interpretación de la globalización (algo totalmente nuevo o una fase actual del impulso capitalista de siempre). Hay acuerdo en el doble aspecto: negativo para los excluidos, pero de oportunidad para su propia defensa. Otra novedad radica en el énfasis de lo ético para resolver los graves problemas mundiales. Antes, sólo académicos críticos señalaban las graves consecuencias para las mayorías del proceso actual del capitalismo. Ahora, aun líderes mundiales importantes reconocen eso y están buscando encontrar las nuevas formas para regular a un mercado que idológicamente se quiso hacer pasar como intocable.

Bibliografía

Amin, Samir, Los desafíos de la mundialización, Siglo XXI, México, 1997.

El capitalismo en la era de la globalización, Paidós, Barcelona, 1999.

Arizpe, L., (ed.), Dimensiones culturales del cambio global, CRIM, Cuernavaca, 1997.

Augé, Marc; "Sobremodernidad. Del mundo de hoy al mundo de mañana", en Memoria, Núm. 129, noviembre de 1999, páginas, 5-15.

Bauman, Z.; Globalización. Consecuencias humanas, FCE, México, 1999

Castells, Manuel; La era de la información, (tres tomos), Siglo XXI, México, 1999.

Cebrián, J.L., La red, Taurus, Madrid, 1998.

Cortina, A.; Ciudadanos del mundo, Alianza, Madrid, 1997.

De Sousa, B.; Por una concepción multicultural de los derechos humanos, CICHUNAM, México, 1998.

Díaz Salazar, R.; "Mundialización capitalista y ciudadanía", en El País, 7 de noviembre de 1999.

Dietrich, H., et al.; El fin del capitalismo global. El nuevo proyecto histórico, Nuestro Tiempo, México, 1998.

Fernández Santillán, J.; "Globalización y estado nacional", en Este País, Núm. 104, noviembre de 1999, páginas 12-14.

Ferrer, A.; De Cristóbal Colón a internet: América Latina y la globalización, FCE, México, 1999.

Giddens, A.; La tercera vía, Taurus, Madrid, 1999.

Runway world. How globalisation is reshaping our lives, Profile Books, Londres, 1999

Ianni, O., La sociedad global, Siglo XXI, México, 1998

Melucci, A.; "Esfera pública y democracia en la era de la información " en Metapolítica, Núm. 9, enero-marzo 1999, páginas 57-67.

Morin, E.; La tête bien faite, Seuil, París, 1999

Morris Suzuki, T., Cultura, etnicidad y globlalización. La experiencia japonesa. Siglo XXI, México, 1998.

Petras, J.; Globalización. Una crítica epistemológica, CICHUNAM, México, 1999.

Saxe-Fernández, J.; Globalización: crítica a un paradigma, Plaza Janés-UNAM, México, 1999.

Touraine, A.; Comment sortir du libéralisme?, Fayard, París, 1999.

Wallerstein, I.; Utopística, Siglo XXI, México, 1998.