San Cristóbal de Las Casas
No obstante que se han realizado comunicaciones oficiales de la Diócesis, quiero como Pastor indicar mi posición especifica, que no puede ser sino aquella que se inspira en las palabras evangélicas.
Conocemos el acontecimiento que ha sacudido nuestra Diócesis, nuestro País y también ha sido admirado desde el exterior en otros países, lo que en medio de nosotros ha sucedido; el día 22 fueron detenidos, o mas bien, por las circunstancias, secuestrados: El párroco de Sabanilla el padre Rodolfo Izal Elorz, a quien yo mismo ordené en su tierra, y quien fue destinado como primer lugar a la parroquia de Sabanilla; el párroco de Yajalón, padre Loren Riebe, y el párroco Jorge Barón de Venustiano Carranza Este último, fue detenido cuando retornaba de un retiro espiritual con los sacerdotes de la zona, fue vendado, maniatado y echado al piso de un vehículo.
Dentro de la Iglesia no tenemos extranjeros sino que, como nos dice el Apóstol Pablo, todos somos hijos de Dios. La procedencia de estos hermanos era: uno de España, originario de Pamplona, otro de Estados Unidos, California; y el otro de Argentina, de En tre Ríos. Dos de ellos están incardinados a nuestra Diócesis, por ello son sacerdotes, estrictamente hablando, de esta diócesis, y el otro, el padre Jorge Barón, después de un tiempo de haber sido prestado a la Diócesis y en tiempo de regresar a su famili a y a su País, pensaba incardinarse pues veía que el proceso diocesano y las cosas que aquí sucedían desde el ámbito de la acción pastoral era algo que realizaba su propio ser sacerdotal.
Por varias horas se estuvo tratando, ante varias instancia oficiales de diferente nivel, recabar datos de lo que estaba sucediendo y se nos estaba reportando. Fué posteriormente, cuando los hechos habían sido consumados, hasta que la Secretaría de Goberna ción dio la información de lo sucedido de manera sumaria y somera. Posteriormente al regresar yo de un viaje que me llevo fuera del País, y habiendo confirmado una audiencia el mismo día de la llegada, el día 23, se me informó también someramente de la si tuación que ya era del dominio público.
Las acusaciones no fueron para nosotros extrañas, puesto que han venido repitiéndose desde tiempo atrás de una manera insistente. Y en este caso se repetían las denuncias de que ellos eran activos en la invasión de tierras, inclusive de ofrecer protección a quienes deseaban verse inmunes de la invasión y vender esta protección; de hacer un proselitismo político, de incitar a la violencia, y de acopio de armas; casi encontramos repeticiones de las mismas acusaciones hechas antes en forma abstracta, en el c aso del Padre Joel: acopio de armas, invasión de predios legales, y también el haber pretendido robar con armas de alto poder gallinas y un poco de cemento para construcción de una vivienda. Estas acusaciones se han venido señalando en nuestra Diócesis de sde hace unos veinte años, ustedes saben que se habla de un gran túnel de unos ocho kilómetros de largo que sale de aquí de la Catedral lleno de armas con las cuales podría pertrecharse bien todo el Ejército Mexicano.
Estas acusaciones, por tanto, no nos extrañaron cuando las escuchamos, y ya de antemano teníamos la preocupación de estas cosas ante las acontecimientos que se desarrollaban.
Quiero decir como Obispo de esta Diócesis, que ratifico todos los comunicados diocesanos que se hicieron, y de los cuales tuve noticia, y conocimiento, y agregar mi rotunda y expresa negación de todas las acusaciones calumniosas que antes se mencionaron.
No quiero dejar de dar, dentro de un equilibrio cristiano, mi agradecimiento y reconocimiento a personas que en las estructuras oficiales han tenido actitudes diferentes de aquellas de rudeza y de actuación contraria a nuestro caminar. Algunos de ellos, i nclusive con su propia actuación, están exponiendo su puesto y sus vidas, caso concreto, por ejemplo, la Presidencia Municipal en conjunto de la municipalidad de Yajalón, quien expresó en una carta dirigida al Presidente de la República, su extrañeza por las acusaciones, por la constatación, por más veinte años del Padre Loren en aquel lugar, de una manera totalmente diferente de actuar a la que oficialmente se señalaba en las acusaciones.
En no menos de ocho ocasiones, acudimos a las autoridades competentes ya que a la inmensa mayoría de los extranjeros que radican en nuestra Diócesis no se les ha dado el permiso legal de permanencia, no obstante las promesas que en la ley existen de hace r lo más pronto y adecuadamente posible el trámite para la permanencia legal de ellos en el País, y no solamente una tramitación intermitente. Esto se ofreció en el reconocimiento de las Iglesias, y también de la Iglesia Católica como Asociación Religiosa . Pasaron cerca de dos años, o casi dos años cumplidos; están los sacerdotes y religiosas, que de otros países trabajan en nuestra Diócesis, colgados solamente de un pequeño apunte donde consta que sus papeles están en trámites.
En distintas ocasiones se nos indicó que se debía a un cambio de régimen, y por tanto a la organización interna de las oficina, y que por consiguiente esto se haría en una forma expedita. En numerosas ocasiones, sea telefónicamente y también con las lista s adecuadas acudimos a las instancias requeridas y no obtuvimos absolutamente una respuesta suficiente;. Inclusive en momentos cercanos a los acontecimientos se nos dijo que varios expedientes tenían complicaciones; era tiempo, como lo dije yo, de despeja r todos y cada uno de esos expedientes, puesto que sabíamos claramente que la acusación o afirmaciones que ahí se contenían podrían aclararse de una manera satisfactoria, pues conocíamos de una manera genérica la procedencia y el tono de las afirmaciones y acusaciones.
Mediante procedimientos diferentes podría haberse despejado esta situación, cuyas consecuencias en un momento podré mas o menos enumerar. Una de las formas era haber aclarado, según petición explícita mía y disposición que parecía tenerse, cada uno de los expedientes y explicar las situaciones que conflictivamente pudieran ahí mencionarse; o bien se hubiera tratado directamente, si los asuntos eran graves, con el Pastor o con el Vicario General. A un día de espera a una audiencia que ya estaba señalada, n o hubiera sido ciertamente grave y hubiera sido adecuado para despejar las cosas; o en todo caso, siguiendo una línea menos ominosa para el País y dolorosa para nosotros, se hubiera simplemente negado la visa de permanencia, sin hacerse renovación. Se esc ogió un camino, pienso yo que por lo menos en ciertos actores, deliberadamente doloroso para nosotros.
Conocemos que las causas fundamentales no están tanto en las cosas que se dicen, sino en aquellas que están supuestas detrás: una denuncia de las injusticias que en numerosos lugares se llevan a cabo, el abarcar y estar evangélicamente destinados y decid idos a caminar por el restablecimiento de la justicia, único camino por el cual la paz verdadera se puede restablecer. Las denuncias sobre todo de las violaciones a los derechos humanos que de una manera constante, aunque también es dolorosa la constataci ón, hace nuestro Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas.
Se ve en todo esto una vuelta a la explicación que oficialmente se dio en los primeros días de enero del 94, de que fueron extranjeros los que generaron el conflicto en Chiapas; días después de haber dicho esto se hablaba simplemente de todos los extranje ros que pertenecían a la Diócesis de San Cristóbal. Parece que se vuelve a esta hipótesis, no obstante que oficialmente el Presidente de la República en turno haya rechazado posteriormente esta explicación, hablando ya de las causas políticas y de los err ores en una acción política determinada, que contribuyeron, junto con las injusticias existentes, a la generación de la explosión de un conflicto, en cuya solución con repercusiones benéficas para todo el País, estamos empeñados, desde entonces, los tres Obispos de Chiapas y posteriormente aquellos que pertenecemos a la Comisión Especial,.
Pensamos que las repercusiones de estos acontecimientos son dolorosas para nuestras comunidades; ha habido ya la angustia en el pensamiento del abandono en que van a quedar las tres parroquias mencionadas. Mientras pueda tenerse un mínimo de atención reli giosa necesaria para que se mantenga y se viva adecuadamente, no solamente la fe, sino el llamamiento que tenemos para construir una comunidad nueva en la justicia y en la paz, carecerán de aquellos servicios por algún tiempo; estaremos recomendando y pen sando poder ir personalmente a consolar estas comunidades, para que tengan la paciencia suficiente y pueda buscarse prontamente una solución. Estaremos exigiendo en justicia el retorno de nuestros hermanos. Sabemos que el proceso es largo, y que quizá no será viable, recordamos que nuestro hermano Marcelo Rotsaert, expulsado también de nuestra Diócesis, no ha podido obtener el permiso de retorno quitando la cláusula ignominiosa que en su pasaporte se asentó, el fue acusado igualmente de estar propiciando invasiones de tierras.
De todas suertes, no podemos dejar de percibir que aunque los que en un nivel determinado tienen el deber de vigilar por la paz y tranquilidad en el País, no hayan podido sustraerse a aquellas acusaciones no fundadas que llegaron allá. Esto tendrá repercu sión en el proceso de la paz y en nuestra Diócesis, no obstante las declaraciones oficiales que agradecemos.
Hay una serie de acontecimientos pasados que hemos asimilado desde esa expulsión del Padre Marcelo; el encarcelamiento del Padre Joel Padrón, liberado después de las acusaciones, sin ninguna culpa y sin ninguna cosa que gravara sobre su honor; como tambié n la liberación de nuestro hermano Jorge Santiago Santiago, asesor de la Comisión Nacional de Intermediación, ante las acusaciones hechas, no hubo posteriormente ninguna confirmación, ni comparecencia del acusador. Ahora miramos nombres de personas como a cusadores que fueron mencionadas, que son inexistentes en la comunidad, o por lo menos desconocidos.
Sabemos pues, que otros acontecimientos denunciados por parte de nuestra Diócesis como delictuosos no han tenido una paritaria acción rápida, a diferencia de este caso en el que no se proporcionó tiempo a una defensa y a una comprobación adecuada de las a cusaciones. El claro anuncio de que hay un manejo represivo y de control proféticos de aquellas cosas que se dicen, a pesar del reconocimiento de la Iglesia como Asociación Religiosa, es algo que podrá decididamente mirarse en marcha; pero son lamentablem ente mas serias las consecuencias que prevemos se derivarán, de estos acontecimientos, para el propio Estado Mexicano.
Como cristianos reconocemos en esto un proceso de gracia. En el momento iniciado hay gracia y pecado, pero un paso de la gracia del Señor, un tránsito hacia situaciones nuevas, no deja de estar presente en medio de nosotros. Seguimos siendo llamados ante Dios, ante los Angeles y ante los hombres, a dar nuestro testimonio de fe, a dar nuestra promesa concreta de avanzar de una manera denodada e incansable en la construcción de la paz, y en la búsqueda de la reconciliación entre los distintos grupos social es en quienes sus relaciones se han deteriorado, por los acontecimientos que se han desarrollado. Mayor será ahora que nunca nuestro empeño en el trabajo de la Diócesis por la Paz y mas claro es el empeño y la decisión que dicho servicio nos demanda,
Vivimos concretamente la experiencia que el profeta Isaías nos declaraba --en la lectura que ayer en la liturgia se proclamó-; el percibía un llamamiento del Señor y pensaba que su tarea era, simple y llanamente, hacer que volvieran las tribus de Israel d el destierro, pues el Señor tenia un destino mayor sobre Israel. El hacia el llamamiento para ofrecer un testimonio de la acción de Dios en la historia, a nivel de toda la comunidad no solamente judía sino toda la comunidad internacional conocida en aquel la época. Así pues el Profeta descubre que mientras él tenía pensamientos de inquietud y de temor, él era como una lanza, o como una flecha dirigida a un blanco certero; su boca la reconoce él como espada filosa que va a decir una palabra eficaz y él se s iente como una flecha puntiaguda sostenida por la mano del Señor y dirigida a un blanco efectivo. Porque su tarea, después de que las tribus se reunían, era la de hacer manifiesta la grandeza del Señor y su acción liberadora en la historia.
Nosotros hemos vivido esta experiencia y sentimos que nuestra ciudad, no solamente tiene el llamamiento de establecerse ella misma en la Paz, pues no solamente en el territorio de nuestra Diócesis se juega la paz de Chiapas, sino la del País. Sabemos que somos contemplados por otras latitudes, y seguidos de una manera simpática con un acompañamiento orante, todo esto hace que brote de nosotros un agradecimiento al Señor, la búsqueda de su fuerza y acompañamiento para poder cumplir con esta tarea que se no s ha encomendado.
Quiero agradecer de manera especial a mis hermanos Obispos de las Diócesis de Tuxtla y Tapachula, quienes en pronunciamientos oportunos dieron el testimonio de fe cristiana y la defensa de los derechos del hombre, y los derechos de la religión y de la Dió cesis correspondiente en el empeño de cumplir su tarea pastoral. Indicaban con tristeza la posibilidad de que no hubiera bases reales, sino acusaciones calumniosas que contribuirían mayormente al deterioro de nuestro País, y por lo mismo con ciertos eleme ntos que no favorecerían el proceso de Paz, por el cual nos estamos enfilando.
Perdono de todo corazón a aquellos que levantaron calumnias por despecho o por intereses particulares que sienten ser tocados, o también a los que hubieran hecho declaraciones o testimonios forzados de cualquier manera para llevarlos a cabo, y entretanto mas que nunca sentimos el acompañamiento del Señor, y el ponernos en sus manos.
Me salen del corazón las palabras del Salmo séptimo: Señor Dios mío En ti me refugio, sálvame líbrame de mis perseguidores, me atacan como leones y arrebatan mi vida que no me despedacen, hay quien me salve.
Oh Señor, defiende la causa de tu Pueblo, júzgame Señor según mis acciones, según mi inocencia Oh Altísimo ponle fin a la maldad de los impíos
Fortalece al hombre de conducta recta, Tu que conoces la mente y el corazón fiados de la justicia. Mi defensa está en el Señor, el salva a los rectos de corazón. Dios es un Juez justo, Alabare al señor por su justicia Le cantare al nombre del Dios Altísim o.
Finalmente recuerdo las palabras firmes y serenas de aquel hermano indígena Avelino, en la celebración Eucarística donde muchos hermanos nuestros asistieron, al frente de esta Catedral. Decía al final de la celebración: "Hermano Obispo, no nos vayas a d ar la tristeza de abandonarnos": evidentemente que ni yo, ni los sacerdotes y religiosas, ni los agentes de pastoral en general, ni catequistas y demás, ni los cristianos conscientes abandonaremos el camino de la Paz y de la construcción de la verdadera J usticia. Que el Señor nos ayude a todos a caminar según su voluntad. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amen.
(Versión Estenográfica)