John Sweeney
Teólogo del Centro de Reflexión Teológica
Un poco más de 100 personas participaron en este foro. Se ofrecieron cuatro ponencias como orientación, de las cuales podemos reproducir de alguna manera solamente dos: una de Eleazar López, sacerdote, zapoteca, quien ha trabajado muchos años en CENAMI (Centro Nacional para las Misiones Indígenas) y la otra de jPetul Cut Chab, agente pastoral indígena de la Diócesis de San Cristóbal. Lo que reproducimos de la ponencia de Eleazar son sus apuntes, en los que nos habla de la trayectoria del concepto de "inculturación" en cuanto se refleja en los documentos del magisterio eclesial. Aunque son solamente apuntes, se destacan claramente los puntos claves de un argumento que se ha ido desarrollando en la historia: como muchas veces con la teoría atrás de la práctica. Sin embargo, la lógica de lo que Eleazar nos presenta, apunta claramente hacia cambios necesarios en nuestro pensar y en las estructuras eclesiales.
jPetul habló con pasión y claridad sobre la teología india, algo que ha sido mal entendido por muchos en los últimos años. Su presentación destaca las características centrales de este método teológico que es ni más ni menos la expresión de fe de muchos pueblos indios, no como algo codificado, estático -como la palabra de la ley según San Pablo- sino algo vivo, que brota del proceso continuo de vivir, enfrentando el mundo con las luces de la fe.
Ambas ponencias realmente tienen como punto fundante lo que dice jPetul: "Ya no es posible seguir viendo a los indígenas como objeto de estudio o de acciones integracionistas; ni verlos solamente como víctimas y objetos de benevolencia sino como compañeros de camino, como sujetos protagonistas de nuestra historia, de nuestros desarrollo y evangelización."
Después de las exposiciones, los demás participantes se dividieron en 5 mesas para avanzar la reflexión según temas más precisos:
Diaconado y sacerdocio dentro de una iglesia autóctona;
Iglesia autóctona y respeto a las culturas;
Bloqueos en las relaciones eclesiales;
Relación entre iglesia autóctona y modernidad;
El lugar de la mujer en la iglesia autóctona.
La síntesis que hicieron los secretarios de lo trabajado en las mesas destaca lo que les pareció más importante de experiencias y reflexiones compartidas sin pensar demasiado en la formulación más precisa. Aun con esta limitación, son importantes porque representan un paso en un proceso de comunicación, de expresión de la fe, de la esperanza y del amor; un proceso no terminado todavía. Para facilitar a los lectores de este cuaderno la comprensión de esta apretada síntesis, hemos añadido con base en información dada por participantes en esta experiencia desde hace años los rasgos fundamentales de los aspectos de este rico proceso eclesial trabajados en las mesas.
Eleazar López
Centro Nacional para las Misiones Indígenas (CENAMI)
Todos los pueblos, antes de aceptar el Evangelio, tienen experiencia vital de Dios.
La inculturación del Evangelio es un proceso permanente, fundamentalmente espontáneo.
La inculturación busca darle sentido a una nueva protesta de vida trascendente.
El fruto de la inculturación es la iglesia autóctona.
Nuestra conversación se centra exclusivamente en el Magisterio solemne de la iglesia.
Jesús no era de ninguna manera extraño a la cultura y la religión de su pueblo.
Hacer una evangelización con la metodología de la primera iglesia.
Partir de una evangelización enraizada en la inserción, comprensible y persuasiva (EN 3).
Insertarnos con el mismo afecto de Cristo, encarnándonos en las condiciones sociales (AG 0).
La inserción radical consiste en "Asumir como propio el destino del pueblo" (EN 21).
Cristo está plantado en todos los pueblos y culturas desde antes de ser evangelizados (AG 11).
El don del Espíritu y de su amor está en todos los pueblos y culturas para unirlos en Dios (E/A 70).
Hay una compatibilidad esencial entre Evangelio y culturas (RM 54).
Los enviados por la iglesia a otros necesitan un conocimiento y manejo de las lenguas y las culturas de los pueblos (AG 26).
Se necesita buscar un diálogo fructuoso entre culturas, religiones y Evangelio (RM 55-57).
Hay que descubrir caminos para llevar el Evangelio, tomando en cuenta la filosofía y sabiduría de los pueblos (AG 22).
La evangelización rescata, asume y eleva el corazón de las culturas para gloria de Dios, confusión del demonio y felicidad de la humanidad (AG 9).
La "purificación" de las culturas es una tarea que corresponde esencialmente al pueblo (identidad).
Asumir en la unidad católica las tradiciones religiosas particulares según el Evangelio (AG 22).
Según el Evangelio y el Magisterio compaginar el sentido de la vida de los pueblos con las costumbres manifestadas en la divina revelación (AG 22).
El Espíritu Santo llama a la humanidad a Cristo por la siembra de la Palabra y el Evangelio (AG 15).
La iglesia particular nace de la predicación del Evangelio (transplantatio) (AG passim).
La iglesia autóctona nace de las semillas de la Palabra y del Evangelio (germinatio) (AG 6)
1. Características de las iglesias autóctonas
Arraigadas en la vida social y cultural del ambiente;
Se mantienen con estabilidad y firmeza;
Están provistas de sacerdotes nativos, de religiosas y seglares;
Dotadas de ministerios e instituciones necesarios para promover la vida del Pueblo de Dios;
Viven bajo la guía del Obispo propio (AG 19);
Suficientemente organizadas;
Dotadas de energías propias;
Cuentan con medios propios para su desarrollo;
Maduras;
Tienen una Jerarquía, unida al pueblo fiel (AG 6);
Manifiestan la propia experiencia cristiana en formas litúrgicas, teológicas y espirituales originales en sintonía con la fe (RM 53);
Ponen a toda la iglesia en renovación continua (RM 52);
Hacen efectiva la catolicidad, en comunión con la iglesia universal (RM 54).
La inculturación es un proceso lento, gradual, progresivo, largo, profundo, global y difícil (RM 52-54).
Todas las iglesias primitivas fueron autóctonas; también las europeas y nordafricanas; posteriormente alguna lo pudo ser en la antigua Rusia (siglo X) y al occidente de la India (XVI). El proceso se reinicia últimamente con enormes dificultades (XX).
No hay en nuestro Continente ninguna iglesia autóctona que llene los requisitos esenciales.
jPetul Cut Chab
Hay una nueva conciencia de nuestra dignidad y de nuestros derechos como Pueblos Indígenas en todo el continente. Ya no es posible seguir viendo a los indígenas como objeto de estudio o de acciones integracionistas; ni verlos solamente como víctimas y objetos de benevolencia sino como compañeros de camino, como sujetos protagonistas de nuestra historia, de nuestros desarrollo y evangelización.
Los indígenas más conscientes, ya no estamos dispuestos a ser pisoteados por nadie, ya no queremos seguir siendo "hoja, escalerilla de tablas, cola o excremento de los poderosos" queremos estar en la iglesia y en la sociedad con nuestros rostro y corazón propios.
Nuestro caminar ha sido latinoamericano y macro-ecuménico porque nos une una misma causa: la construcción del Reino de Dios o la Nueva Casa para todos.
Nuestra emergencia activa como pueblos indígenas es motivo de gozo para muchos y causa de preocupación y desconcierto para otros.
La teología india viene del cúmulo de sabiduría religiosa que los pueblos indios poseemos y con los cuales explicamos y afrontamos los problemas de la vida, tanto en el pasado como en la actualidad.
Es hablar de mi hablar con Dios.
Es hacer la experiencia de Dios en la propia experiencia como Pueblo Indio.
Es experiencia de la trascendencia del "Yo Soy" que, en espíritu contemplativo, se goza y que, a través de la historia, se expresa en el modo mítico simbólico heredado de los mayores.
Es una realidad nueva y a la vez muy antigua. Busca explicitar lo que durante siglos se ha mantenido en la clandestinidad y ha sido negada, discriminada y satanizada.
Forma parte de la diversidad que no quiere morir ante la tendencia mundializada de la uniformidad, y es parte del amplio deseo humano de construir otros modelos de vida donde la unidad se realice desde la diversidad y la pluralidad.
No es fruto de mentes intelectuales sino expresión reflexiva con lenguaje mítico-simbólico de la experiencia vital que los pueblos indígenas tenemos de Dios. Experiencia que solo es comprensible para el extraño, si éste se acerca afectivamente a compartir nuestra vida y nuestra fe.
La teología india surge como la voz de protesta de los excluidos del sistema y de la iglesia, pero al mismo tiempo como la palabra de propuesta de estos pobres en la construcción de un mundo nuevo y de un nuevo modo de ser iglesia.
1. Reconciliación y reencuentro con nuestras fuentes: reconciliación con nuestros sabios y sabias; conversión y reconstrucción interna a nivel personal y comunitario; des-ideologización para aceptar y acoger la presencia milenaria de Dios en nuestras culturas; espíritu contemplativo y actitud de discipulado ante la experiencia y vivencia de fe de nuestros pueblos y comunidades.
2. Al hacer nuestra experiencia de Dios en la propia experiencia como pueblo indio, lo hemos hechos de la siguiente manera:
Partimos con la vida de fe de nuestras comunidades: experiencias y creencias teológicas (mitos, ritos, tradiciones).
Reflexionamos comunitariamente -a los niveles zonal, parroquial, Diócesis, regional mayense y latinoamericano- sobre esa vida de fe.
Organizamos y sistematizamos nuestra reflexión comunitaria.
Comunicamos a nuestros mayores lo que hemos sistematizado para que nos digan si estamos siendo fieles a lo que han vivido y oído de sus mayores. Así podrán corregir, añadir o quitar algo al contenido.
Escribimos y redactamos nuestra reflexión para compartirla con nuestras comunidades, con otros pueblos indígenas y con toda la humanidad.
Celebrar y vivir lo reflexionado y sistematizado para que dé vida al pueblo.
El sujeto primordial de la teología india es la misma comunidad indígena. La comunidad como sujeto primordial lo presentamos en tres niveles: la comunidad, los servidores tradicionales o antiguos y los nuevos servidores.
Los servidores nuevos (diáconos, catequistas, ministros de la comunión, coordinadores de catequistas, etc.) son los parteros de la teología india que las comunidades dan a luz; colaboran en la actualización del sentido de los mitos, ritos, tradiciones en respuesta al momento actual, y crean puentes internos para el macro-ecumenismo.
Los teólogos acompañantes y amigos, y nuestros obispos que, sin ser indios, sirven y están dentro del proceso de los pueblos indios y que de alguna manera viven el destino indio actual y el destino que estamos forjando hoy los pueblos indios. Ayudan y acompañan a hacer avanzar la elaboración más sistemática de nuestra teología.
Afirmamos y creemos que la Palabra de Dios no sólo está en la Biblia sino también en el cosmos, en el corazón, en la historia y en la cultura de nuestros pueblos y de todos los pueblos del mundo. La Palabra de Dios está en la Biblia, pero también antes y después de ella. Por ello, consideramos como fuentes de nuestra teología:
El "libro" del cosmos o de la creación.
El "libro" de la tradición cultural y religiosa indígena: los libros sagrados, la palabra antigua o mitos, los ritos o ceremonias religiosas, las tradiciones y los monumentos o zonas arqueológicas de nuestros pueblos.
El libro de la Biblia: además de revelarnos la Palabra de Dios nos revela dónde y cómo Dios se ha revelado en toda la humanidad y dónde y cómo se revela hoy en nuestra historia. Entendemos la Biblia no como un texto absoluto sino canon: medida o criterio para discernir la palabra Dios en la realidad natural, cultural y religiosa actual de nuestros pueblos. Lo absoluto es la Palabra de Dios presente tanto en los "libros" de la vida como en la Biblia.
Es voz de protesta y palabra de propuesta:
Para resistir creativamente ante la globalización del sistema de muerte.
Para producir un cambio verdadero que construya la Nueva Casa en donde vivamos todos los pueblos de la humanidad, de manera más digna, más humana y más divina.
Es una teología profeta de los oprimidos. Hace esfuerzos por ser consciencia crítica frente al proyecto dominador y globalizante.
Con nuestra teología no pretendemos acabar con los que son diferentes a nosotros sino construir juntos la Nueva Casa para todos. Pues estamos conscientes que poseemos valores y riquezas que son la reserva para construir un futuro mejor para todos.
Agradecemos gustosos y públicamente el acompañamiento profundo y vital de los agentes de pastoral no indígenas, de los teólogos amigos y de nuestros Obispos (jtatic Samuel y jtatic Raúl) que con su comprensión y aporte han hecho avanzar nuestro andar y han fortalecido nuestro corazón.
En la Diócesis hay condiciones propicias para que nuestros pueblos puedan seguir sacando de las cuevas, para mostrar a plena luz, la riqueza de su sabiduría teológica milenaria.
En la Diócesis crece cada día el interés y entusiasmo de los agentes de pastoral hacia la teología india.
En nuestro III Sínodo Diocesano respaldamos fuertemente y nos comprometimos a seguir consolidando el caminar de la teología india.
A nivel de palabras, el magisterio de la iglesia, tanto universal como latinoamericano, ha dado pasos agigantados, hacia el encuentro nuevo con los pueblos indios del continente. Los hechos, en cambio, van todavía muy rezagados en su concretización.
En algunas conferencias episcopales hay interés y entusiasmo por la nueva presencia indígena, pero en otras, notamos no sólo preocupación sino que incrementan su temor y rechazo prejuicioso acerca de la autenticidad de la fe y del protagonismo de los pobres.
En nuestro caminar diocesano, nacional, regional y latinoamericano, hemos valorado altamente el aporte decisivo de los obispos y de los agentes de pastoral no indígenas, pero también hemos exigido que primero conozcan con profundidad a nuestros pueblos y se metan en nuestros procesos vitales de producción teológica para que puedan hablar con conocimiento de causa. Ellos nos pueden seguir ayudando a hacer el diálogo entre nuestra fe en Cristo y el mundo religioso, heredados de nuestros antepasados.
La iglesia y los pueblos indígenas podemos unir esfuerzos y energías espirituales, que vienen de muy antiguo, para volver a dinamizar la vida y encontrar salidas humanas y cristianas a la crisis que se abate sobre el mundo.
Reto de la modernidad.
Reto del manejo del espacio específicamente teológico.
Reto del manejo de la herramienta y del lenguaje científico.
Reto del diálogo intercultural e interreligioso.
Reto del diálogo con otras teologías no indígenas.
Reto del diálogo con las teologías cristianas (en especial con los que temen y rechazan nuestro caminar).
Nota: La redacción de Christus pidió agentes de pastoral de la Diócesis de Bachajón, que añadiera algunas explicaciones que contextualizaran los apuntes que presentaron los secretarios como síntesis del trabajo de las mesas. Estos añadidos van entre corchetes.
[Don Samuel, y en los últimos años don Raúl, ha conferido el sacramento del orden a cerca de 400 diáconos de las comunidades indígenas. Con eso ellos dos han sido testigos y garantes, como obispo residencial y coadjutor, de su fe y de su preparación para servir. El Directorio para el diaconado Indígena permanente recoge el caminar de más de 25 años de experiencia y marca líneas orientadoras para la consolidación de la iglesia autóctona.
Los ministerios eclesiales no ordenados fueron configurando el perfil del ministerio eclesial ordenado, como es el diaconado. Los diáconos indígenas han tenido su espacio de formación, su seminario, en la comunidad; la comunidad tiene una función activa en la formación de sus ministros sin sacarlos de su propio ambiente. Los contenidos de la formación teológica, que se extiende por varios años, incorporan elementos de la tradición indígena.
Los diáconos son elegidos por las comunidades, ofrecen gratuitamente su servicio no viviendo del ministerio, realizan su ministerio en verdadera colegialidad con otros servidores. Su servicio como diáconos no se restringe a la administración de los sacramentos sino que cuida de su adecuada preparación y más ampliamente de una evangelización profunda que conlleva la promoción de varios ministerios comunitarios. La mayoría de los diáconos desempeña además otros servicios sociales. Este estilo de diaconado también ha sido un puente entre la tradición indígena y el Evangelio, pues ha podido vincular la estructura ministerial católica con el sistema de cargos tradicionales.
Después de 25 años constatamos que las comunidades son bien atendidas por sus propios servidores, que son bien aceptados por ellas. El diaconado ha sido una respuesta creativa ante el ofrecimiento de las iglesias protestantes. Tenemos señales que muestran la madurez del diaconado que dan líneas de reflexión de lo que puede ser el sacerdocio indígena en una iglesia autóctona, esto es, en la que el Evangelio ha informado a las culturas de los pueblos indios.]
La unidad entre fe y vida.
Diáconos y servidores buscan animar a la comunidad en la solución de conflictos y problemas.
La comunidad respeta a su diácono, le dan su lugar.
El diácono es apoyado por su familia y la comunidad.
La gran participación de la mujer en la iglesia autóctona.
El papel de los principales, de respeto y conservación de su cultura.
Aprendemos que los ancianos tienen un lugar de mucho respeto.
Su forma de elección comunitaria: la comunidad los elige y ellos, en algunas ocasiones por sueños, confirman esta vocación.
Llevan su trabajo por grado: primero son catequistas, después presidente de ermita, de pueblo creyente, coordinador de zona o de región, y luego por mayoría de votos y por el trabajo realizado es elegido para prepararse como diácono.
La preparación del diaconado es compartida por la comunidad.
El servicio es gratuito. El diácono sigue sembrando como todos. Se camina junto a la comunidad.
Su servicio en el diálogo y en la solución de problemas.
Relaciones eclesiales con estructuras jerárquicas centralistas, autoritarias, patriarcales y machistas, poco participativas.
Poca aceptación al interior de las iglesias particulares más centralistas de las diferentes culturas, lenguas, modos de pensar y manifestarse, etc.
Una formación que no respeta las culturas, las diferencias, que desconoce la línea del Vaticano II y del Magisterio de la iglesia, sin sensibilidad ante la cultura y la iglesia autóctona.
La extrema pobreza.
Las expresiones litúrgicas y religiosas no propias de la cultura local.
El proceso de "mestización" que implica la pérdida de la propia cosmovisión, de sus costumbres y valores, de su lengua, traje y celebraciones.
Que los agentes de pastoral nuevos conozcan y apoyen el proceso de la iglesia autóctona. La iglesia local no está preparada para recibir al presbiterado indígena.
Que los agentes de pastoral venzan el miedo de dejar el poder impositivo.
Fortalecer el proceso de los diáconos de abrir el corazón para servir a todos, sin distinción de organización, filiación política, cultura, etc.
La tradición es muy diferente en las cabeceras que en las comunidades indígenas. El reto es acompañar en la diferencia.
El fortalecimiento de la teología india y la formación de los indígenas por la misma gente.
El reto para el nuevo obispo y para la iglesia diocesana es ir construyendo formas para poder seguir caminando en comunión.
Autoformación: se necesita una escuela de diáconos indígenas dirigida por indígenas.
Cómo mantener estos agentes de pastoral frente a estos cambios.
Involucrar a los nuevos agentes de pastoral y obispo en el proceso de construcción de la iglesia autóctona.
Ante el futuro inmediato reafirmamos la necesidad de consultar a las comunidades. Son los indios los maestros de la resistencia, ellos nos pueden enseñar a resistir.
[Ya lo tratado anteriormente en la teología India y el ministerio de los diáconos, nos muestra el interés y respeto por la cultura indígena. Ese cuidado por ir descubriendo y potenciando las "semillas del Verbo" presentes, tiene sus frutos también de una manera muy rica en la liturgia cotidiana y en la más solemne, en la espiritualidad de la comunidad y del pueblo, y en el conjunto de la organización de los ministerios en las parroquias y a nivel Diócesis.]
Asumir su cosmovisión, su teología, cultura e idioma, ayudar a construir estructuras propias de servicio, incluyendo el sacerdocio.
Compartir mutuamente la Palabra de Dios en sus diversas manifestaciones, oral y escrita, y que los pueblos indios elaboren su propio discurso.
Cuidar y proteger el proceso diocesano, que incluye el trabajo colegiado y participativo de agentes de pastoral, internacionalización de la información y ubicar la base como actores principales.
[Todo el proceso de inculturación del evangelio y configuración de la iglesia autóctona, apoyado por múltiples documentos eclesiales, ha encontrado en la práctica muchos obstáculos tanto en la inercia de la mentalidad de quienes lo promueven, como en algunos agentes de la Diócesis y también en otras instancias eclesiales y no-eclesiales nacionales e internacionales.]
Ante las tendencias de ignorar las diferencias culturales y de mayor control centralizado, mantenernos en el caminar de la iglesia autóctona con el aporte crítico de otras iglesias solidarias que llevan procesos semejantes.
Mantener viva la antigua tradición profética ante tendencias autoritarias.
Mantener las relaciones de las iglesias con procesos autóctonos semejantes.
Dar tiempo a las iglesias autóctonas para que vivan su juventud y su identidad plena.
Propiciar una formación para que los laicos lleguen a ser sujetos, con mayor participación y libertad; que los religiosos y sacerdotes conozcan y mantengan la línea del Vaticano II en relación a las iglesias autóctonas.
Impulsar una formación espiritual que lleve a confiar en el Espíritu y en la necesidad de estar en contacto con la realidad y no tener miedo al cambio.
Propiciar que las estructuras eclesiales de poder lleven el cambio a estructuras eclesiales de servicio.
Somos conscientes de que la iglesia autóctona no puede pretender vivir la cultura indígena en un aislamiento, sin relación con las otras culturas. Es necesario un diálogo para un mutuo enriquecimiento, en el que cada quien aporte lo mejor. Pero por lo pronto hemos concentrado nuestros mayores esfuerzos en la reconstitución y fortalecimiento de la identidad indígena tan impedida y discriminada a lo largo de los siglos.]
Rescatar la espiritualidad e identidad de las comunidades que emigran a la ciudad, respetando las particularidades de cada una de ellas, así como revalorar su sabiduría ancestral.
Recuperar el gusto por hablar su lengua autóctona y, los que convivimos con ellos y ellas, aprenderla como un medio para mantener su identidad.
Lograr que la tecnología moderna sea usada para el propio beneficio de la comunidad, sin perder su identidad y valores propios.
Que la iglesia se abra a la Voz del Pueblo de Dios que busca su propia manera de relacionarse con Dios desde su experiencia cultural.
[Las culturas indígenas de esta Diócesis tienen rasgos machistas, un aporte de la evangelización reciente en diálogo con ellas es un proceso de revalorización del ser y quehacer de las mujeres y de su reubicación en la comunidad eclesial y social. Hay en particular una experiencia de vida religiosa inculturada para mujeres indígenas que, después de 25 años, se desarrolla ahora en dos comunidades de unas diez mujeres cada una.]
Generar una reflexión femenina dentro de la iglesia.
Leer la Biblia con ojos, mente y corazón de mujer.
Hablar de género en todos los espacios de la vida eclesial.
Seguir trabajando por la construcción de la autoestima y la participación de las mujeres en todos los espacios de la vida.
La construcción de la iglesia autóctona pasa por la revisión de las culturas para detectar los elementos que favorecen o impiden a la mujer vivir con dignidad