Economía y Reino de Dios:Neoliberalismo y dignidad, opuestos que viven juntos

Francisco VanderHoff Boersma

Punto de partida

No se pueden comparar manzanas y peras, menos el mercado con el Reino de Dios. Son dos categorías de diferentes ámbitos. Pero sí tienen relación. Manzanas y peras se pueden comer. Mercado y Reino tienen que ver con el ámbito de la convivencia humana y se puede, o mejor dicho, se debe hacer las preguntas: ¿cómo funcionan y qué reglas existen en la cancha de la convivencia humana, cuáles son las características principales de la realidad actual que vivimos y sufrimos en un mercado que pretende globalizar todo? ¿Cómo puede el creyente cristiano ver, juzgar y actuar humanamente en este sistema dominante sin perder su fe en los ideales, sueños y promesas de la realidad realizable del Reino de que hablaba sobre todo Jesús?

El neoliberalismo como conjunto de ideas que marcan la marcha de la economía de bienes, de alimentos, de ideas, de servicios, de ideologías, de políticas, de grandes capitales, promete y exige libertad. La gran pregunta queda: ¿esta marcha anula la dignidad del ser humano?


Muy brevemente veremos los grandes hitos del sistema dominante, la vertiente neoliberal del capitalismo actual para después entrar en elementos de juicio desde una óptica ética y al final haremos referencia a los grandes hitos del Reino confrontándoles con la realidad.

El mercado actual, sus pretensiones y mitos

Todo inició con el Acuerdo General sobre Tarifas Aduaneras y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés). Desde 1947 representantes de los países miembros trabajaron discretamente a favor de la reducción de los impuestos a las importaciones. Con la ultima ronda (de Uruguay), que va de 1986 hasta 1993 se logró el objetivo, puesto que en marzo de 1994, se firmó en Marrakech, Maruecos, el acta constitutiva de la Organización Mundial del Comercio (OMC) cuyas 800 páginas, con varios miles de anexos, dotaron al comercio mundial de un reglamento mucho más firme que el débil GATT. Muchos representantes de países, sobre todo del sur, firmaron sin tener la oportunidad de leer completo el documento y menos corregirlo, ya que muchos de ellos lograron ingresar a las sesiones de discusión cuando todo ya estaba preparado por los representantes y consejeros de las grandes compañías de los países ricos y poderosos.

Con esta institución las empresas transnacionales tienen un instrumento firme e idóneo para profundizar la globalización e imponer sus nuevas reglas a todas las actividades humanas que, de ahora en adelante, serán tratados como «objetos comerciales».


La OMC, con su sede en Ginebra, en el mismo palacio que el GATT, tiene bajo su régimen varios nuevos acuerdos y sobre todo su brazo jurídico, el Órgano de Regulación de los Diferidos (ORD) con una disciplina férrea que puede imponer sanciones a todos los países. El denominador común de todos estas instituciones es su falta de transparencia y control democrático.


No olvidemos que el neoliberalismo es el capitalismo realmente existente y sin contrapeso de ningún sistema económico fuerte y diferente, excepto la economía de los pobres y débiles, los excluidos.


El capitalismo había ganado y tenía plena libertad de hacer lo que siempre anheló: poner una sola casa y un solo sistema de reglas del manejo de ingresos y egresos. Acumular libremente en un mundo de libre competencia.

El sistema neoliberal no nació por la fuerza de gravedad de la historia, fue creado por personas con un propósito muy claro, una construcción totalmente artificial en su doble sentido: pensado y hecho con argumentos de intereses muy específicos, fundamentados y argumentados con ideas claras.


Desde tiempo atrás los economistas y filósofos de la «Gran Transformación» entendieron que las ideas tienen consecuencias. Desde la Universidad de Chicago un grupo minoritario bajo la dirección del economista filósofo Friedrich von Hayek y estudiantes como Milton Friedman, crearon redes internacionales de instituciones, centros de investigación, publicaciones, escritores, relaciones públicas y fundaciones en todos los países del norte para promover sus ideas respecto a una sociedad después del socialismo. Ellos entendieron lo que Antonio Gramsci hablaba cuando desarrolló (en la cárcel) sus conceptos sobre hegemonía cultural. Cuando hayas ocupado las cabezas de las personas, sus corazones y sus manos seguirán fielmente.


Lograron impregnar con sus ideas a mucha gente, líderes económicos, intelectuales y sobre todo políticos (y hasta funcionarios eclesiásticos y teólogos como M. Novak1, el más conocido pero no el único en el campo de defensores teológicos del sistema neoliberal). No importa cuántos desastres de todo tipo el sistema neoliberal visiblemente ha creado, no importan las crisis económicas que ha engendrado, no importa cuántos perdedores y excluidos está creando; siguen con el discurso de ser inevitable, como un acto de Dios.


Este grupo, en un principio con poca popularidad e influencia, logró establecer la «religión mundial más grande y poderosa con su doctrina dogmática, sus sacerdotes, sus instituciones donde hacen las leyes. Además, construyeron el establecimiento de un infierno para paganos y pecadores que se atrevan a contradecir la verdad revelada»2.


Algunas características del neoliberalismo

1. Cuando Margaret Thatcher, discípula de Friedrich Hayeck, tomó el poder en Inglaterra como primera ministra justificaba sus políticas neoliberales con una sola palabra: TINA (en ingles: There Is No Alternative, no hay otra alternativa). La idea central de su doctrina y del neoliberalismo mismo es la noción de competencia. Competencia entre naciones, regiones, compañías y por supuesto entre individuos. Competencia es lo central porque separa los chivos de las cabras, los fuertes de los débiles, los hombres de los hombrecillos, los buenos de los malos, los inteligentes de los no educados, en una palabra: los incluidos de los excluidos.


Para el neoliberal el mercado es tan sabio y tan bueno que —como Dios: «la mano invisible— puede sacar cosas buenas de un aparente mal. Implica no tener que preocuparse de todos los que quedan fuera en esta lucha competitiva. ¡Que los filántropos se preocupen un poco de ellos! Pero que quede claro que las personas son desiguales por naturaleza.


La competencia es el motor de la sociedad, y con eso se propone una antropología de buenos y malos por nacimiento, origen, etnia, estatus social o color de la piel. El libre mercado pide no solamente abrirnos al comercio mundial, sino renunciar a ser sujetos activos de nuestro futuro y dejar que el mercado decida por nosotros.


2. Favorece capital sobre trabajo y así mueve dinero de los estratos de bajo ingreso a los de arriba. En el tiempo de Reagan como Presidente de Estados Unidos, 10% de las familias más ricas aumentaron en 16% y el 10% de las familias más pobres bajaron 15% en sus ingresos. En 1977 la cúspide de 1 por ciento de las familias más ricas tenían 65 más ingresos que el 10% del sector más pobre, pero en 1987 los ricos ya tenían 115 veces más que los más pobres. Así, Estados Unidos es una de las sociedades más desiguales del mundo. Los sujetos son mercancía, tienen valor solamente en la medida que sirven al capital y su acumulación.


3. Otra característica del neoliberalismo es su mandamiento: «sean eficientes» a cualquier costo. Y la eficiencia se mide con las alzas en la bolsa de valores y resultados positivos en el balance anual. Los resultados pueden dejar de ‘sufrir’ (no solamente los ricos lloran, también el dinero). Los que no son eficientes merecen la exclusión total. Este mandamiento de la eficiencia tiene consecuencias enormes que no ahondaremos en este momento.3 Sólo señalaremos que la acumulación de la riqueza en pocas manos ha aumentado enormemente sobre todo por los capitales especulativos y la fusión acelerada de las transnacionales. También tenemos que señalar que la destrucción ambiental es ya desastrosa y la pauperización de millones es ya un hecho.


4. Los neoliberales de diferentes orígenes, liderazgos y posiciones y nos lo dicen en toda la variedad de tonos e instancias: ‘No solamente vivimos tiempos históricos nuevos, sino sobre todo únicos’. Son economistas, políticos, líderes nacionales, pero también filósofos y hasta teólogos. La aventura del mercado libre tiene su enfoque primordial a nivel económico, pero tiene sus aliados políticos importantes y no solamente de la nueva derecha. Partidarios de una vertiente socialdemócrata, izquierdista de origen, profesan su fe en el mercado libre, el neoliberalismo como última versión de su evangelio progresista y popular.


5. El neoliberalismo ha cambiado fundamentalmente la naturaleza de la política. Tradicionalmente la política tenía que tratar primordialmente las siguientes dos preguntas: quién gobierna a quién y quién va tener una parte del pastel. Aspectos de estas cuestiones fundamentales quedan, pero hay una cuestión completamente nueva y central en la política: quién tiene el derecho de sobrevivir y quién no. La exclusión radical es hoy en día política común y corriente, con muchos ocultamientos mediante jerga populista y de promesas falsas.

Encontré en apuntes sueltos una cita de alguien que resume bien lo que tratamos de plantear:


«Los estados nacionales pasaron a ser teledirigidos por el fundamento del poder financiero: el libre cambio comercial. El capitalismo mundial sacrifica sin misericordia alguna a quien le dio futuro y proyecto histórico: el capitalismo nacional. Empresas y Estados se caen en minutos, pero no por las tormentas de las revoluciones proletarias, sino por los embates de los huracanes financieros. El hijo (el neoliberalismo) devora al padre (el capitalismo nacional) y de paso destruye todas las falacias discursivas de la ideología capitalista: en el nuevo orden mundial no hay democracia ni libertad ni igualdad ni fraternidad».

Compara la bomba de neutrones, que sólo destruye la vida y respeta las construcciones, con la bomba neoliberal que no sólo destruye la polis, el Estado, sino que impone la muerte, el terror, la miseria a quienes la habitan. Los nuevos dueños del mundo no son gobierno, no necesitan serlo. Los gobiernos nacionales se encargan de administrar los negocios en las diferentes regiones del mundo. Ha estallado la Cuarta Guerra Mundial y como en toda guerra hay pedazos rotos de la realidad destruida:


«Cuando menos siete de esas piezas pueden reconstruirse y alentar la esperanza de que este conflicto mundial no termine con su rival más débil: la humanidad. La una es la doble acumulación de riqueza y pobreza, en los dos polos de la sociedad mundial. La otra es la explotación total de la totalidad del mundo. La tercera es la pesadilla de una parte errante de la humanidad. La cuarta es la nauseabunda relación entre crimen y Poder. La quinta es la violencia de Estado, la sexta es el misterio de la megapolítica. La séptima es la multiforme bolsa de resistencia de la humanidad contra el liberalismo».

Existe ya una literatura extensa de defensores y de oponentes de todos los colores ideológicos.4


Nuevas ideas y nuevas prácticas de los excluídos

Mirando a secas las propuestas e implementaciones del neoliberalismo y sus consecuencias para miles de millones de personas y el medio ambiente se puede quedar con un sabor muy pesimista. Pero entre tanto ya mucho está pasando para contrarrestar esta realidad diabólica y antihumanista. Nuevas ideas están surgiendo, nuevas prácticas de resistencia y alternativa están creando los excluidos, junto con intelectuales comprometidos con las causas populares. Estamos divulgando un simple slogan: la felicidad no está en venta y menos en compra.


No estamos contra una liberalización del mercado. Las barreras fiscales, los proteccionismos, prejuicios comerciales internacionales, etcétera, no favorecieron una convivencia pacífica entre los pueblos. Han causados guerras mundiales y locales y mala distribución internacional del bien común. Intervenciones estatales en áreas económicas han demostrado ineficiencias, corrupciones y hasta desastres sociales. Pero un mercado sin restricciones y previsiones sociales, medidas de equidad, protección de sectores débiles y excluidos, sin condicionamientos y criterios ecológicos y culturales, fomenta un liberalismo económico en vez de una economía en libertad. Esta libertad humana exige un régimen económico restringido y condicionado por las exigencias humanas mismas y ambientales en su sentido más amplio.


Repudiamos una economía estatal, igual que una economía neoliberal, y proponemos una economía social sostenible. En vez de una economía de exclusión y de muerte proponemos una economía de inclusión, de vida. Nunca hubo tanta hambre y muertes prematuras como en la actualidad, a causa del desempleo, de los bajos salarios, de las enfermedades y de la violencia en las relaciones sociales, y decenas de naciones indígenas están desapareciendo. Y con esto perdemos para siempre formas de humanidad de las que tanto necesitamos. Buscamos una alianza de paz con la naturaleza y un equilibrio entre la producción y el placer. Entonces tendremos lecciones sabias que aprender de nuestros indígenas.5


Postulamos una modernidad alternativa e integral, que incorpora el inmenso caudal de ciencia y de técnica (fruto de la modernidad burguesa) con democracia social en beneficio de toda la humanidad (el sentido de la modernidad proletaria) en una conciencia amplia de un destino común. No es poco lo que proponemos, pero no hay nada que perder, solamente hay que ganar con ideas rectas, convergencias y alianzas, con espíritu de esperanza masiva. Seamos democráticos y vamos por la mayoría realmente existente: los pobres de hoy. No son moralismos, sino exigencias éticas humanas.


Economía y Ética

Nuestra propuesta privilegia una lógica social, por lo que incluimos tópicos como el laboral, los derechos humanos, la igualdad de género, el medio ambiente y las minorías, que representan los temas y grupos excluído. Nuestra crítica y propuesta están sustentadas técnicamente pero también surge de un imperativo ético. Nos negamos a aceptar al mercado como un dios que regula nuestras vidas.


La libertad y la democracia son postulados éticos y no se puede subordinarlos a leyes económicas. El neoliberalismo nos pide creer que la empresa privada produce libertad y la democracia la administra. La libertad no se produce como salchichas y tampoco la democracia cabe en una cartera y viaja por avión.


El neoliberalismo con su afán globalizante pretende que la libertad es una institución que se llama mercado. El hombre es libre cuando obedece ciegamente a las leyes de esta institución hasta la identificación completa. Quienes no obedecen estas leyes son enemigos de la libertad y cualquier medio puede eliminar estos enemigos, sea por hambre, exclusión o por represión del Estado, vigilante de esta libertad del mercado libre. La institución mercado es «societas perfecta» (y la contraria es la «sociedad perversa»), es sociedad total. Haga lo que haga el hombre y la mujer, si lo hacen dentro de esta estructura, está bien hecho, porque es salvífica, es servicio al otro, ejercicio de amor al prójimo, como nos dice el teólogo católico Michael Novak en su libro «El Espíritu del capitalismo democrático»6.


Detrás de estas medidas económicas neoliberales existe no sólo una estrategia política y económica, sino que subyace una concepción inaceptable de la persona humana y una cultura que es necesario erradicar. Un profundo criterio ético nos impulsa a plantear nuestro propio modelo de sociedad, por lo que luchamos al lado de tantos hombres y mujeres movidos por la esperanza de vivir y dejar a las futuras generaciones una sociedad más justa y humana.

La economía no solamente es el arte del manejo de la casa, sino hoy en día es sobre todo la lucha para sobrevivir de las grandes multitudes, concentradas en los países del sur, aunque no solamente en el sur. El norte también tiene sus excluídos en forma creciente.


La economía actual nos pone frente un cuestionamiento y planteamiento ético: qué es bueno y qué es malo producir y meter en el mercado. Bombas atómicas o bombas químicas ya no son bien vistas en el mercado. Hay un avance ético al respecto de las armas masivas y se promueve una ética de armas más sofisticadas. Una de estas armas es el control sobre la producción, industrialización y comercialización de alimentos. Son unas cuantas transnacionales las que controlan este circuito hasta un 80 por ciento y de hecho son los que deciden quién se va alimentar y quién no.


El abuso del medio ambiente se trata de restringir sobre papel o convenios de paridad de leyes de protección ambiental, resultando en un piso del minimismo. La lucha contra la pobreza por parte del BM y FMI es en parte ética y en parte política de los más fuertes con poco o ningún control democrático. Las transnacionales tienen sus «fundaciones de benevolencia social y cultural», muy lucrativo por ser deducibles de impuestos en su gran mayoría. Existen gobiernos nacionales que tratan de privatizar por completo los programas sociales. Se crea así un tipo de «Foster Parents Plan» para los ciudadanos de mala suerte, los pobres. «Adopte un pobre campesino para que él salga adelante» y olvide a los otros miles por el simple hecho de que por el momento no se puede hacer más. La política mexicana actual parece ir en este camino rumbo a la filantropía individualizada con microcréditos y benevolencias.


La ética de la economía humana trata de fundarse en la dignidad humana. La ética humana no está basada en Dios, sino en lo humano de la dignidad humana, de la persona. Todos, creyentes cristianos, islamitas, budistas etcétera, y no creyentes, buscamos las normas éticas para preservar la dignidad humana, una vida digna en libertad. Y todos saben que la libertad tiene sus fronteras exactamente en esta dignidad de la persona. La experiencia de la muy mala distribución de la economía mundial con sus efectos hace surgir la búsqueda de normas éticas en los juegos económicos mundiales y locales.


Fuentes de esta ética

Hay muchos tipos de razón: la razón ética, la razón económica, la razón cultural, la razón teológica, etcétera. No todas son del mismo nivel, del mismo tono, ni se trata sobre el mismo objeto pero sí se trata del mismo sujeto: el ser humano y el futuro de nuestro planeta. Pero todas estas razones (parciales y con un objeto y objetivo propio que no se puede formular en términos absolutos), tienen que ver en una o otra manera con la realidad vivida. Hay realidades imaginadas que ideológicamente se venden como realidades. Se aprende con pedazos y poco a poco surge un tipo de mosaico donde los pedazos aprendidos, masticados y reubicados consiguen su lugar y aparece un mural más o menos coherente. ¿Qué quiero decir? Simplemente lo siguiente: solamente podemos partir de realidades vividas y masticadas.


Esta ética basada en la persona, el ser humano íntegro no se aprende en los libros. Refiere a experiencias personales como miles la han descubierto.


Desde hace unos treinta años estoy trabajando con gente «jodida», pobres, excluidos en una zona extensa de la diócesis de Tehuantepec, Oaxaca, en el sur de México, con un 70 por ciento de población indígena. Sobre todo, en los últimos veinte años descubrí que el pecado (social e individual) es muy tenaz, torpe, torcido y complejo. Descubrí que el gobierno local y regional, los caciques locales, los empresarios del lugar consideraron este trabajo con los «indios», (como ellos llaman a los zapotecos, mixes, chontales, mixtecos, zoques y huaves) como algo pecaminoso y peligroso. Según ellos, la Iglesia no debe andar con ellos, sino más bien con los justos, sabios y cultos que además tienen dinero! ¿Cómo la Iglesia puede vivir bien de estos pobres mugrosos? Luchar por las diez demandas de «Trabajo, Tierra, Techo, Alimentación, Salud, Educación, Dignidad, Democracia, Justicia y Paz» fue considerado como algo subversivo.


La lucha social hecha en serio y con cariño no es un trabajo que aparezca en la lista de las cosas loables. Pero dar de comer a los que tienen hambre y de beber a los que tienen sed es un trabajo de protesta, es un reproche fundamental al neoliberalismo y a una economía que excluye a la gran mayoría. Es una crítica a un sistema económico y social decadente que, además con su cultura globalizante y globalizadora pretende anunciar el reino de la libertad.


Con este punto de vista, con estos lentes y este espejo enfrente veo y vivo la realidad. Fue un caminar con aprendizajes y conversiones lentos. Fue difícil el descubrimiento de los herederos idealistas de la Ilustración: el liberalismo y el socialismo dogmático. Las promesas del progreso infinito de la modernidad están en un contraste doloroso con la realidad. Son los pobres mismos que me lo han enseñado. Y no descubrí a los pobres en forma romántica, paternalista o como objeto de caridad. No son los buenos por sí, son pecadores iguales a los ricos y a todo el resto del mundo. He aprendido y creo firmemente que los pobres son los que Dios Padre gratuitamente escogió para su Reino. Son su reinado, su gente de corazón divino. No es cosa de concientizacion, sino de compasión, empatía en el sentido que Fromm da a esta experiencia con el otro. Solamente el sufrimiento puede enseñarla. No hay que olvidar que la palabra «sufrir» no aparece en el diccionario de los ideólogos del neoliberalismo. Solamente el mercado sufre. Y el sufrimiento es pan de cada día para millones que no se dejan agobiar por esto, sino que se hacen fuertes y con gran dignidad. El sufrimiento hace también posible la responsabilidad para con el otro. Pienso que la moral más humana se funde en el sufrimiento en su sentido amplio: individual, social, cultural y religioso. Huir de esta experiencia humana es huir cualquier tipo de moralidad. Compasión, empatía, solidaridad se funden en el sufrimiento humano, individual y colectivo, el ser excluido, despreciado, tratado como inútil y hasta obsoleto. Pero el sufrimiento vivido y aceptado como una experiencia hondamente humana se hace fértil y sobre todo sabia. Como afirma Albert Camus en su famosa novela «La Peste»: «’Doctor ¿quién le enseñó todo esto?’ Y la respuesta llegó pronto: ‘¡El sufrimiento!’» Este sufrimiento se hace empatía y espiritualidad.


Modelos de liberación teatral y teórico no han creado lo esperado, tampoco las grandes categorías y enunciados de la teología de liberación de los años ochentas. Fueron demasiado grandes para la gente chica. Esta variante del pensamiento occidental esta demasiado lejos del sufrimiento real de la gente. Tan pronto como la categoría sufrimiento entró en esta teología, la liberación se hizo dolor divino y fértil de los «pequeños». Además tenía que descubrir que el pobre «pobre» no existe. Un pobre, según categorías sociológicas de índole funcionalista y según categorías económicas del modelo desarrollista, no se autodefine a sí mismo en estos términos. Las grandes promesas de gobiernos, investigadores y clérigos en cuanto a crear condiciones de desarrollo salen de otro mundo. El «desarrollo» se plantea siempre desde una perspectiva de una supuesta sociedad desarrollada. Desarrollo y subdesarrollo salieron de una fábrica de una fantasía glamorosa, prometiendo un avance paso a paso para poder alcanzar la condición de insectos económicos completos, desarrollados.7 El desarrollo significa de hecho para las mayorías sociales excluídas iniciar un camino que otros conocen mejor, hacia una meta que otros han alcanzado ya en una calle de un solo sentido.


Pero la gente «jodida» no está en esta calle, sino que tienen una calle propia con doble sentido: uno para crecer, otro para morir, uno para cantar, otro para sufrir. Los planes para estrechar la brecha entre desarrollo y subdesarrollo fracasaron. Se abre cada día más. Los llamados «pobres» ya lo saben y plantean la restauración que el desarrollo les negó: la oportunidad de crear su propio modo de vida, establecer y regular sus propios ámbitos de comunidad, producir orgánicamente y comercializar profesionalmente sus productos y vivir en dignidad. Para ellos, lo opuesto al desarrollo no es el subdesarrollo, que representa tan solo una descalificación grosera, conforme a un supuesto simplista de evolución unilateral. Lo opuesto al desarrollo es la hospitalidad, aceptar que el otro existe y tiene el derecho de existir como lo que es, con sus dioses, sus esperanzas, su camino propio. Desarrollar mercados propios donde la hospitalidad, el acuerdo mutuo y transparente entre productores y consumidores se celebra y se festeja, tiene su propia lógica. La creación del mercado alternativo, justo, es resultado de esta hospitalidad. El otro que necesita mi producto es parte de mi familia. Así también lograron romper las cadenas de varias ilusiones y las cadenas sofocantes de la economía. La comida es más que una actividad técnica de producción y consumo. Esto no excluye que se produzca comida, pero la cultivan en forma orgánica, saludable para el cuerpo y el ambiente.


Economía y Reino

La temática de economía y Reino de Dios la veo desde un paradigma ético que se funda en el sufrimiento del pobre y del Pobre, su existencia, su realidad y su verdad. No es por mérito del pobre como pobre, sino por elección divina. Dios es un Dios parcial que se hizo y se hace vulnerable con los vulnerables. Así trasciende lo humano y hace de la humanidad su cancha de revelación de sí mismo, como lo hemos descubierto en Jesús.


Fue el paradigma de Jesús, su manera, de vislumbrar la realidad humana en términos de esperanza, de alternativa, de aspiración auténticamente humana. «Anuncio el reino de Dios, doy este evangelio a los pobres, así hago la voluntad de mi Padre/Abba, que dice desde el cielo: ‘Éste es mi hijo en quien tengo confianza y le doy nombre sobre todos los nombres: Señor de la Historia’».(Fil. 2,8-9, Gal. 4,4).


«Reino de Dios» es un concepto clave en el mensaje de Jesús y es la expresión bíblica de la esencia de Dios mismo. Es el amor soberano incondicional y liberador en cuanto se manifiesta y se revela en la vida de la gente que quiere hacer la voluntad de Dios. Hablar del Reino de Dios es hablar de Dios.


El concepto de Reino de Dios, el reinado, poderío de Dios (Basileia del Basileus, el Reinado del Rey) no suena en nuestro tiempo, y tenemos que aclarar el sentido de este concepto. Reino significa un territorio geográfico, habitado por hombres y mujeres que tienen en común una ley constitutiva y un gobierno. Reino de Dios es el espacio mundial entero: la oicumene del mundo habitado donde el «reinar de Dios» se realizará cuando las personas en libertad se involucren en este Reino de Dios. Ésta es la cancha donde todas las religiones principales del mundo se encuentran: Budismo, Hinduismo, Islam, Judaísmo, Cristianismo, etc.


Según el nuevo testamento, este adviento del Reino de Dios está estrechamente vinculado con metanoía, una renovación de personas, un ver y actuar diferente (Mc. 1,15; Lc. 11,20). Los discípulos de Jesús experimentaron, sintieron mediante conversión, metanoia, que con Jesús este Reino estaba cerca y ya había llegado. Cambió su vida. Entendemos este priorizar de Jesús el «Reino de Dios» cuando vemos sus palabras, parábolas y actuación. «Busca primero el Reino de Dios y su justicia y el resto sigue como añadidura» (Mt. 6,33).8 Y le llenaba de alegría: «Bendito seas, Padre, Señor del cielo y tierra, porque, sí has escondido estas cosas a los sabios y sofisticados, se las has revelado a la gente sencilla» (Mt. 11,25).

«El Reino de Dios es como …» y vienen las parábolas. Y el Reino de Dios está cerca porque Jesús estaba dando de comer a los que tenían hambre, de beber a los que tenían sed y sobre todo la buena nueva se predica, se da a los pobres (Lc. 4,17).


La opción preferencial por los pobres es primordialmente una opción espiritual y llega a una mística, un modo de «conocer» a Dios en gran profundidad. Es como la tradición ancestral del profeta Jeremías: «Hizo justicia a pobres y desdichados, y eso si que es conocerme - oráculo del Señor». (Jer. 22,16).


El rostro de Dios es Jesús. El es su Palabra, su Portavoz vivido. Nos muestra quién es Dios y a qué estamos llamados: a vivir como hijos de Dios. Dios nos ama tanto, que se hace hombre, que se compromete haciéndose humano. Pero no vale decir sólo que se hizo hombre: hay muchas clases y razas de hombres: se hizo hombre pobre sufrido (Fil. 2,6-12). Los seres humanos somos hechos hijos de Dios, divinos desde un pobre, un carpintero, un campesino, desde un crucificado, un excluido. Y éste es el misterio radical desde donde se desarrolla todo el misterio de Dios, de los humanos y de las Iglesias cristianas. Nos revela quién es Dios y quiénes somos nosotros los humanos: nacer desde los de abajo, los excluídos, hacerse pobre con los pobres, con cariño y ternura como la de Dios. La cumbre de la espiritualidad, el hombre mas místico fue un pobre, un hombre vulgar y corriente en su vida diaria, hijo de su pueblo. Fue tan humano ese pobre que sólo después descubrimos (después de su muerte y su resurrección) que era Dios. Dios elige lo más humano para su propio hijo. Dios elige lo mejor para su hijo y lo hace pobre con todas sus consecuencias.


La economía, el arreglo de la casa es por eso una categoría para la reflexión teológica. Y como cualquier reflexión teológica decente es una categoría religiosa, espiritual y un camino hacia la mística vivencial. Es como dijo San Ambrosio en uno de sus sermones: dar de comer al pobre es un acto supremo de espiritualidad. Por supuesto tiene ramificaciones políticas. Para el cristiano y cualquier creyente la opción preferencial por el pobre es un acto religioso y por consecuencia un acto político.


Pero el milagro sigue: los excluidos sobreviven y gritan de vez en cuando. Hay un sistema económico social que hace sobrevivir a las tres quintas partes de la población mundial. La llaman la economía informal. El nombre ya no importa. Es la sagacidad del pobre para mantener su humanidad con su propio dogma: quiero sobrevivir, porque tengo el derecho humano, avalado por Dios, sea Padre, sea Allah, sea lo más profundo del Carma.


Hay mucho conocimiento del funcionamiento de la economía dominante, pero se sabe muy poco de la economía del pobre. Es algo muy raro porque es la economía de la mayoría. Nunca se menciona en las primeras noticias de la mañana del CNN o en cualquier periódico nacional que tres quintas partes de la población mundial ha sobrevivido otro día, a pesar de la economía de los ricos y la acumulación muy desigual de las riquezas. Pero sí sobreviven. Hay una economía, un arreglo de la casa en tal forma que pueden sobrevivir, sea raquíticamente, pero si empiezan un nuevo día, buscando el pan de cada día sin tener la seguridad de encontrarlo. La llaman la economía informal!


Sin embargo, veo el crecimiento diario de la pobreza de las mayorías. Veinte años atrás los campesinos indígenas tenían en mi pueblo donde vivo un ingreso anual de novecientos dólares. Esto ha bajado a seiscientos dólares reales en la actualidad. Los cafeticultores organizados en una unión (Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo, UCIRI) venden ellos mismos su café orgánico en el mercado mundial, y no han aumentado sus ingresos reales durante dieciocho años de lucha.


¿Qué hacer desde la vida religiosa frente a todo esto?

Ya hemos visto varios puntos de lo que no tenemos que hacer o por lo menos poner entre paréntesis y bajo un escrutinio más a fondo y con discusiones amplias:


  1. no creer simplemente en un desarrollo económico y social, por el simple hecho de que no existe o por lo menos no tenemos una idea clara de lo que se trata;

  2. no pretender que sabemos qué es el subdesarrollo, por el simple hecho de que no tenemos medidores confiables;

  3. no dejarse engañar por necesidades básicas y su satisfacción por el simple hecho de que son muy variables;

  4. no crear más fantasmas que tienen su afinidad con la fe en un progreso infinito;

  5. no creer las mentiras de las cifras y estadísticas, sobre todo cuando no conocemos las fuentes;

  6. no aceptar las revoluciones tecnológicas y manipulaciones genéticas en cuanto no haya claridad de sus efectos sobre la humanidad;

  7. no creer que la conversión del corazón y alabar a Dios es superfluo, pero tampoco pretender que es la solución para todos los males en el mundo de hoy;

  8. nada de filantropía por ser una nueva droga para los excluidos.


Y muchas más cosas del diablo que mejor dejamos al diablo.


El sistema actual de la economía no tiene nada que ver con el Reino de Dios. Buscar «vestigios Dei» en la economía actual es pérdida de tiempo e insulto a los pobres y excluidos. Es tiempo de denunciar en todas formas, científica, ética, social y cristianamente sus efectos negativos y sus principios, distinguiendo claramente los diferentes campos y entradas.

Todo esto implica la creación de alianzas con todos y todas que han regresado de tantas vueltas y están nuevamente en la plaza pública para discutir qué hacer ahora. Desde los callejones de la derecha y de la izquierda se pueden hacer nuevos planteamientos.


Insertarse en el mundo real e espiritual de los pobres

Haré referencia a algunos elementos espirituales cristianos, pero con los pies en tierra firme:

Esto no es un lujo o castigo de algunos locos. Es una invitación y obligación religiosa que surge del voto de obediencia a la vida evangélica y sale intrínsecamente del voto de pobreza que nunca debe hacer tratos con el diablo mismo.


Estar con los pobres para hacer una misa, dirigir una reunión de catequistas, llevar una reunión sobre promoción humana, sobre organización popular, todo esto es bastante fácil, hasta cierto punto. Lo que nos cuesta es «estar con», compartir con ellos sin ninguna función o tarea especial a realizar, pasar el tiempo con ellos bajo el árbol compartiendo penas y alegrías, conversando sobre la vida y los problemas de cada día. Como agentes de pastoral, religiosos y religiosas tenemos el peligro de pasar enseguida a hacer la salvación, y dejamos de lado la encarnación. Sin querer, buscamos la tarea y función de promocionarlos (¿funcionarios?) y nos olvidamos de ser humanos, cercanos y prójimos. La inserción es un proceso de encarnación que lleva a desencarnarnos de muchas cosas y estilos de vida, salir de diosesillos falsos. Supone «salir de» y así «entrar y vivir con» los pobres la nueva vida de Dios.


También tienen que ver con el voto de castidad: pensar puro, actuar con amor al pobre, permanecer lleno de ternura para la causa y con los pobres hasta que la muerte nos separe. Nace de los pobres, de la oración y trascendencia de Dios que es más grande que nuestros proyectos y deseos. Gracias a los pobres, a ese empeño y opción de construir comunidades, refortalecerlas, hacer organización. En todo esto se nos muestra un estilo de vida, una urgencia y radicalidad de opción de vida, profunda y global. Dejar muchas cosas: el dinero, la fama, la familia y amigos, el instinto de paternidad, el impulso sexual. Nos hace más sencillos, libres y susceptibles. Es algo que sale de la vida de Jesús mismo: no doblegarse por conveniencia, por comodidad, o por misericordia consigo mismo. Implica estar en el lugar donde el diablo opera con pleno vigor, crueldad y potencia.


La Mística: el mundo del pobre como lugar de gracia

El pobre es el testimonio vivo, gracioso y lleno de ternura que por su vida demuestra lo contrario de lo que los grandes economistas pretenden. Jesús vino para salvar a los perdidos, pecadores, peleadores con el diablo que pierden de vez en cuando, pero que se levantan para caminar de nuevo en búsqueda del pan de cada día. Porque en el centro de la oración de Jesús, el Padre Nuestro se reza: «y danos hoy nuestro pan de cada día». No mañana, sino hoy, no el pan mío, sino nuestro. Es la primera plegaria no de deseos, los grandes anhelos (hágase tu voluntad …), sino «danos», imperativo y contundente. Es obligación y no es un acto de caridad o una cuestión de menos armas, más ayuda internacional y menos conflicto.


En efecto, la esperanza de un futuro feliz viene del pobre, del indígena y del campesino. Son ellos quienes dan profundidad al tiempo y cambian el sistema económico que explota, el sistema político que excluye y el sistema social que denigra.


En los años sesenta el compromiso con y para los pobres se consideró sobre todo como un acto político. Ahora este compromiso se experimenta más bien como un acto religioso que por supuesto está cargado de elementos políticos. Son dos corrientes: una que se puede nominar la corriente crítica de la sociedad y la otra que se concentra más en lo religioso. Una dualidad poco fructífera e incomprensible. Fe y acción social son caras de la misma tortilla, aunque diferentes en su perspectivas. Fe sin mística se vuelve esterilidad e hipocresía.


Cuando se mira al mundo por los ojos de los pobres que sufren o mueren, el mundo no se hace mas bello, sino más sano y santo. Se trata del meollo de la herencia de la fe cristiana.


«Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado y al tercer día resucitó de entre los muertos». Lo proclamaron con grandes palabras y se trata de la realidad más concreta de la humanidad de hoy en día: los pequeños, humildes, pobres, desdichados se ven en estas palabras. Resucitar de entre los muertos es resucitar entre y con ellos. Morir la muerte de un esclavo, pasar por el infierno y así hacerse vida es una visión de fe que tiene gran vigor y actualidad.


Con esto el cristianismo no ofrece belleza estética, para el cristiano el mundo no es en primer lugar un lugar precioso. Pero este mundo se vuelve así un lugar santo: salvo y sano, visto, experimentado y conquistado desde el infierno de injusticia. Hay que comprometerse con la lucha por la justicia en el mundo desde «los de abajo», el infierno, el lugar donde el diablo del sistema injusto se mueve, devora y ve dónde puede aplastar. Esto no es solamente un enunciado teológico, sino sobre todo una visión ética de una mística profunda de donde se ubica la felicidad, grandeza del hombre y …. su economía.


Desde el mundo del pobre anunciar alternativas es el desafío cristiano religioso por excelencia. Es la economía que comparte, que busca en conjunto alternativas para crear condiciones familiares y comunales de sobrevivencia con dignidad.


Desde el mundo del indígena campesino he aprendido que esta alternativa no solamente se hace, que también se disfruta como un anticipo del Reino. Compartir, solidarizarse en organizaciones sociales, culturales y hasta políticas, buscar nichos sólidos y solidarios en el mercado mundial son signos del reino. La expresión de una responsabilidad por la tierra, defendiéndola, cuidándola, trabajándola mediante formas de una agricultura ecológica es otro signo.


La felicidad está de por medio. Convivir con los «jodidos», los excluidos, los despreciados da la gana da una vida llena de ternura y vigor. Llenarse con bondad y felicidad no es algo que se pueda comprar, sino que se hace con y la recibes de la gente misma en toda su fragilidad, situaciones pecaminosas, pero llenas de perdón. Es algo de un pueblo con estatura, grandeza por el simple hecho que saben perdonar. Los ricos nunca perdonan, exigen que el otro les pida perdón. «El rico ofende y encima se ufana. El pobre es ofendido y encima pide perdón» (Eclo. 13.3). Después de más de dos mil años esto no ha cambiado.


Barranca Colorada, un aldea indígena, pobre, pero más bonita que Roma

1Vea Josep Vives, «M. Novak, ¿una teología del capitalismo?» en Varios, El neoliberalismo en cuestión. Sal Terrae, 1993, 233-244. Todo este libro es de mucha importancia para esta temática. Vea también: Bas de Gaay Fortman y Berma Klein Goldewijk: God and the Goods, Global Economy in a civilizational perspective. WCC publications. Geneva. 1999. Pero sobre todo sigue en vigor las reflexiones de Franz Hinkelammert, La Fe de Abraham y el Edipo Occidental. San José, DEI, 1989, 101 pp

2Vea Susan George, «A short History of Neoliberalism» en Varios, Global Finance; new thinking on regulating speculative capital markets, London, 2000. p. 29.

3Vea Libre Comercio: promesas versus realidades. Compilador Beat Schmid. Ediciones Heinrich Boell. El Salvador, 2000, 248 pp

4Queremos referir a los interesados a algunos estudios recientes. Graham Dunkley: The Free Trade Adventure; the WTO, the Uruguay Round and Globalism, a critique. Zed Books, London/New York.2000, pp 338. Sobre todo: Susan George, The Lugano Report, on preserving Capitalism in the Twenty-first Century. Pluto Press, London, 1999. pp 213. John Tomlinson, Globalization and Culture, Polity Press, Cambridge. 1999, pp 238. Paul Hirst and Graham Thompson, Globalization in Question. The International Economy and the Possibilities of Governance. Polity Press,Cambridge. 1999. Walden Bello etc. Global Finance; new thinking on regulating speculative capital markets. Zed Books, London. 2000. Paginas Web sobre esta tem\'e1tica hay muchos, pero vale la pena de ver: http://www.tercermundo.economico.org.uy, y http://www.rmalc.org.mx

5Vea Leonardo Boff, Ecología, Mundializacion, Espiritualidad. México, D.F., 1993, p 100-104.

6Publicado en Buenos Aires, Tres Tiempos, 1983. Vea también su libro Hacia el Futuro; el pensamiento social católico y la economía de los Estados Unidos. Una carta laica. (junto con William Simon y Alexander Haigh)., ed. Del Rey, Buenos Aires 1988.

7Vea Gustavo Esteva: «La construcción comunitaria: mas alla del derecho sustentable» en: Desarrollo Sustentable. UNAM, México, 1994, pp 13-38.

8Quiero hacer referencia a dos teólogos de diferentes continentes que coinciden en gran parte en sus reflexiones sobre el Reino de Dios: Edward Schillebeeckx, op; Mensen als verhaal van God. (La gente como relato de Dios.), Nelissen. Baarn 1989, sobre todo pp 130-163 y Jon Sobrino, sj; Jesucristo Liberador; Lectura histórico-bíblica de Jesús de Nazaret. Edit. Trotta, Madrid, 1991, sobre todo pp 95-234.