LA APPO Y LA CONSTRUCCIÓN DEMOCRÁTICA

 

Gustavo Esteva

Centro de Encuentros y Diálogos Interculturales, A. C. (CEDI). Universidad de la Tierra

Oaxaca, Oax.

 

 

            De junio a octubre de 2006 no hubo policía alguno en la ciudad de Oaxaca, de 600 000 habitantes, ni siquiera para regular el tráfico de vehículos. El gobernador y sus funcionarios se reunían secretamente en hoteles o casas particulares, porque no podían acudir a sus oficinas: la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) había instalado plantones permanentes en todos los edificios públicos y las estaciones de radio y televisión públicas y privadas que controlaba. Cuando el gobernador empezó a lanzar a sus esbirros para que realizaran ataques guerrilleros nocturnos contra esos plantones, se levantaron barricadas para protegerse de ellos. Más de mil barricadas se montaron cotidianamente, a las 11:00 de la noche, alrededor de los plantones o en encrucijadas críticas, y se desmantelaron cada mañana para permitir la circulación. A pesar de esos ataques, una organización de derechos humanos informó que en esos meses hubo en Oaxaca menos crímenes (muertos, heridos, asaltos) que en cualquier periodo semejante de los últimos diez años. Trabajadores de sindicatos miembros de la APPO operaron muchos servicios, como la recolección de basura.

            Algunos analistas empezaron a hablar de la Comuna de Oaxaca, en alusión a la de París de 1871. Sonriendo, los oaxaqueños comentaron: “Sí, pero la Comuna de París sólo duró 50 días y nosotros llevamos más de cien.” La analogía es pertinente pero exagerada, salvo en lo relativo a la reacción que estas dos insurrecciones populares provocaron en las estructuras de poder. En el estilo de los ejércitos europeos que aplastaron a los communards que habían tomado en sus manos todas las funciones de gobierno de la ciudad de París, la Policía Federal Preventiva (PFP), con el apoyo del Ejército y la  Marina, acudió a Oaxaca el 28 de octubre de 2006 a tratar de controlar la situación. El 25 de noviembre realizó una represión brutal, la peor en la historia de Oaxaca, con una violación masiva de los derechos humanos y actitudes que pueden legítimamente describirse como terrorismo de estado. Según las autoridades, esa estrategia de intimidación y el encarcelamiento de los supuestos líderes de la APPO liquidarían el movimiento y servirían de advertencia para el país entero.

La APPO sigue siendo un misterio, incluso para sus íntimos. Su gran visibilidad nacional e internacional ha impedido verla, por las inmensas distorsiones introducidas por los medios. Dentro de la Asamblea, además, distintos grupos la han caracterizado en sus términos, para llevarla a su molino político o ideológico, lo que ha contribuido a la confusión. A todo esto se agrega el carácter profundamente innovador de la APPO, que hace difícil apreciar el sentido, naturaleza y alcances de este peculiar animal político. Se necesita perspectiva histórica más amplia y acaso una distancia que no tengo para explorar la naturaleza, características y perspectivas del movimiento oaxaqueño, inevitablemente asociado a la evolución nacional y mundial. Arriesgo aquí una tentativa de interpretación, con sesgos evidentes, pues no disimulo en ella la cruz de mi parroquia[1].

 

¿Organización o movimiento?

            ¿Es la APPO una organización semejante a un partido o a un sindicato, una organización política convencional? ¿O es más bien algo parecido al feminismo, al ambientalismo, al zapatismo o al movimiento indígena?

            El debate sobre la naturaleza de la APPO se debe en parte a sus mutaciones. Concebida como asamblea de apoyo por el sindicato de maestros, se convirtió en coalición de dirigentes y en poco tiempo se conformó como convergencia articulada de movimientos sociales y políticos. Fue muy activa la tendencia a crear un frente de organizaciones políticas, que adoptase la estructura vertical de éstas y fuese más eficaz en la coordinación de las acciones. Pero esta corriente encontró continua resistencia. La actitud mayoritaria parece ser la de mantener la forma movimiento del empeño, aunque no ha sido posible darle la forma organizativa pertinente, como red de movimientos sociales, comunidades y organizaciones autónomas.

Convergen en la APPO movimientos que vienen de muy lejos: indígenas y campesinos, feministas, ambientalistas, defensores de los derechos humanos o el patrimonio histórico y cultural… Otros movimientos cristalizaron o adquirieron una nueva articulación al surgir la APPO. El movimiento urbano-popular adquirió vigor y presencia en torno a las barricadas. Surgió una nueva articulación regional de movimientos y organizaciones, como las APPOs del Istmo, la Sierra de Juárez, la Costa y las colonias de la ciudad de Oaxaca. 

Participan en la APPO diversos tipos de organizaciones. Lo que se ha dado en llamar el Espacio Civil de la APPO está formado por un gran número de organismos civiles que se dedican a muy diversas actividades y en general mantienen relaciones activas y prolongadas con grupos y comunidades. Existen asociaciones y organizaciones políticas, unas  estrictamente locales y otras vinculadas a organizaciones nacionales y partidos.

            Esta gran diversidad propicia divergencias y contradicciones y hace difícil la gestación de consensos. Las decisiones en los órganos de coordinación tienden a ser lentas y difíciles y a menudo desembocan en un mínimo común denominador que no es siempre lo más adecuado para el momento o la circunstancia.

            Esta misma diversidad, sin embargo, es una inmensa fuente de fortaleza. La APPO no está colgada de un líder. Su fuerza no depende de los incidentes del camino, sino de vigorosos motores históricos que impulsan voluntades y acciones en la dirección del cambio, por encima de cualquier tropiezo. Como ha señalado Luis Hernández:

La APPO sintetiza la cultura política local, nacida de las asambleas populares, el sindicalismo magisterial, el comunalismo indígena, el municipalismo, el extensionismo religioso, la izquierda radical, el regionalismo y la diversidad étnica de la entidad. Expresa, además, las nuevas formas asociativas que se crearon en Oaxaca a raíz del levantamiento popular pacífico: las organizaciones de los barrios pobres de la ciudad de Oaxaca y su zona conurbada, las redes juveniles libertarias y las barricadas (Luis Hernández, La Jornada, 21/11/06).

             

Los participantes

            Los pueblos indios

            La composición cultural y la configuración física dan a Oaxaca características únicas. Es el estado de México de mayor diversidad natural y cultural y el único de mayoría indígena. Con menos del 5% de la población del país tiene la quinta parte de sus municipios. La fragmentación municipal de Oaxaca se explica por un doble movimiento: la practicaron las autoridades ante la continua resistencia indígena, para dividir a los pueblos,  y éstos la emplearon para dar a sus empeños de autonomía la escala apropiada. En cuatro de cada cinco municipios de Oaxaca se gobierna por “usos y costumbres”, un eufemismo para subrayar que la gente se erige en autoridad sin procesos electorales y toma por sí misma las decisiones que afectan la vida en común en sus asambleas comunales. La propia lucha indígena explica también que Oaxaca es el estado de mayor proporción de tenencia comunal de la tierra: más del 80%. Al recuperar sus territorios, los pueblos hicieron valer en ellos sus propias formas de relación con la naturaleza y en la sociedad.

Los pueblos indios tardaron en participar en la APPO. Aunque conocidos dirigentes indios estuvieron presentes desde el principio y hubo participación indígena desde las primeras marchas, las discusiones en las comunidades se prolongaron por meses. En muchos casos el debate expresaba la antigua tensión entre las comunidades y los maestros, que llevó a aquellas a inhibir su participación en la movilización gremial. En todo caso, en el curso del mes de agosto su participación empezó a tener mayor consistencia, particularmente en municipios y regiones de predominio indígena.

Desde la gran marcha del 5 de noviembre esta participación adquirió un perfil específico, por la presencia activa de autoridades indígenas comunales y municipales. Cuando el día 10 se realizó el Congreso Constitutivo de la APPO se hizo evidente que en varias regiones del estado se habían estado gestando formas eficaces de participación indígena.   En la Sierra de Juárez, por ejemplo, se creó la Asamblea de los Pueblos Zapoteco, Mixe y Chinanteco que articuló la participación de comunidades de toda la región en la APPO y designó a quienes las representarían en su Consejo, que reservó para ellos 23 lugares. Finalmente, el 28 y 29 de noviembre, a pesar de la represión del día 25, tuvo lugar el Foro de los Pueblos Indígenas de Oaxaca, que se realizó bajo continuo acoso policiaco y sobre el cual conviene subrayar los siguientes aspectos:

·        Estuvieron presentes autoridades y representantes de los pueblos amuzgo, chatino, chinanteco, chontal, chocholteco, cuicateco, huave,  mazateco, mixe, mixteco, tacuate, triqui, zapoteco y zoque. Nunca antes, desde que se tiene memoria, se habían reunido en toda esta diversidad por su propia iniciativa. Asistieron también al foro numerosos organismos civiles que han acompañado por un largo periodo a los pueblos indios.

·        El Foro examinó extensamente, en forma democrática, temas fundamentales para los pueblos indios, como libre determinación y autonomía; tierra, territorios y recursos; educación y comunicación indígena intercultural; y violación a derechos humanos. Las reflexiones incluyeron planteamientos bien meditados, que llevaron a afirmaciones tajantes como la que señaló que “la educación ha sido una nueva forma de colonización”.

·        El Foro presentó públicamente un pronunciamiento, en el cual, entre otras cosas, se reiteró la exigencia de la remoción del gobernador; se denunciaron las violaciones a la ley; se hizo un llamado a “fortalecer el proceso de unidad basado en la diversidad de identidades y agendas, propiciando acercamientos orgánicos, programáticos y de acción conjunta entre todos los pueblos, sectores y movimientos”; se convocó a “fortalecer el proceso organizativo y de acción conjunta de la APPO, sobre todo dinamizando en la base de todos los movimientos y organizaciones esta nueva actitud: apostar a todo lo que articule, todo lo que a partir de lo nuestro transforme, todo lo que construya desde abajo”; se señaló que el conflicto “ha dejado ver que en Oaxaca ya no se corresponden las exigencias y aspiraciones de la sociedad con las actuales leyes, instituciones y prácticas autoritarias del régimen político. En este sentido Oaxaca ya cambió. No puede volver a la situación anterior.”; se pronunciaron abiertamente por la no violencia y a favor del diálogo democrático y concluyeron en los siguientes términos: “Los pueblos indios queremos hacer saber a la sociedad y al gobierno de Oaxaca, de México y del mundo que el enorme abuso de la fuerza pública practicado en estos días no nos intimida ni nos paraliza, como lo hemos demostrado con la realización de este Foro. Nos preocupa que lo poco que había quedado del estado de derecho, violado continuamente por Ulises Ruiz, haya sido ahora destruido por el gobierno federal. Estamos bajo un estado de excepción no declarado y por tanto ilegal. El hecho nos preocupa y nos lleva a actuar con extremo cuidado. Pero no nos detiene. Nuestro camino está trazado y vamos a seguir caminando por él, a nuestra manera, en nuestros tiempos y ritmos. Este camino incluye la transformación de todas las normas e instituciones que actualmente rigen nuestra convivencia. No lo vamos a hacer solos. Pero nunca más seremos excluidos de la concepción y operación de esas normas e instituciones”.

 

Las mujeres

Las mujeres han desempeñado un papel prominente en todos los aspectos de los movimientos que forman la APPO. Muchos piensan que le han dado su espíritu y carácter y que finalmente determinarán su destino.

Esta participación corresponde a dos procesos entrelazados que se formaron en Oaxaca durante los últimos 20 años.

·        Desde los años ochenta surgieron en Oaxaca varios grupos feministas, que adquirieron rápidamente gran visibilidad. En general se formaron por iniciativa de destacadas feministas de clase media urbana, que habían participado en el movimiento en otras partes de México.

·        Un proceso más profundo, que surgió en forma paralela y no es posible examinar aquí en todos sus complejos aspectos, constituye una nueva forma de participación política de las mujeres en las comunidades y municipios, que difiere de algunos planteamientos feministas pero reivindica con semejante vigor la posición de la mujer y el rechazo de la violencia y discriminación que se practican contra ella. Se ha llegado a sostener que el impulso constituye una “feminización de la política”, cuando las mujeres toman el liderazgo de iniciativas políticas y movimientos sociales y lo ejercen con formas y orientaciones que contrastan claramente con las de los varones.  

Las mujeres adquirieron muy clara visibilidad al conquistar el 1º de agosto las instalaciones del sistema público de radio y televisión y mantener su presencia por radio, cuando éste fue destruido, en los siguientes meses.

Su presencia en la APPO ha adoptado muchas formas. Lo mismo apoyaron a quienes estaban en las barricadas que participaron en las marchas o las discusiones de asambleas. Han cumplido también un papel muy destacado en la lucha contra las violaciones de los derechos humanos y el apoyo a los presos y perseguidos políticos y en las negociaciones con el gobierno.

 

El movimiento urbano-popular

Más de la mitad de los residentes de la ciudad de Oaxaca habita barrios populares formados, en su mayoría, a partir de asentamientos ilegales. Se conocían bien sus luchas localizadas para regularizar su situación y obtener los servicios básicos, pero no parecían tener mayor presencia en la vida social y política de la ciudad –salvo en los grafitos que cubrían todas las paredes. La mayor parte de esos grafitos carecían de creatividad y sentido. Eran solamente “marcas” (una especie de firma o signo), que identificaban territorialmente a bandas de jóvenes, algunas de propensiones delincuenciales, que de ese modo expresaban su rebeldía y devolvían a la sociedad el rechazo y marginación que padecían. Los auténticos grafiteros, que se expresaban política y artísticamente en las paredes, los denominaban con desprecio “marqueros” – aunque muchos de ellos iniciaron su actividad haciendo “marcas”.

La repentina presencia de grupos emanados de esos barrios populares y algunos de clase media en el movimiento planteó desde el principio un acertijo. No se conocía la medida en que el tejido comunitario generado desde la migración indígena estaba presente en esos barrios y colonias. Las barricadas surgieron espontáneamente, como invención popular ante los ataques guerrilleros del gobernador contra los plantones de la APPO, y adquirieron rápidamente vida propia, hasta constituir núcleos autónomos de organización social y política. Las largas noches de desvelo crearon la oportunidad de extensas discusiones políticas, que despertaron en muchos jóvenes una conciencia política hasta entonces inexistente o muy vaga, que surgía muy naturalmente de sus descontentos y rebeldías. Nuevos grafitos expresaron lúcidamente los cambios profundos que estaban ocurriendo en ellos.

En las barricadas se empezaron a manifestar múltiples anarquismos ideológicos o vitales, algunos de los cuales tomaron pronto la forma del movimiento okupa, que no había aparecido en Oaxaca: ciertos grupos ocuparon edificios públicos abandonados y empezaron no sólo a vivir permanentemente en ellos, sino a convertirlos en centros de actividad cultural y política. Los colectivos de barricadas defendieron ferozmente su autonomía, a veces con propósitos aviesos y una carga de violencia difícil de encauzar, dada la previa acumulación de agravios desde el poder. Niños y jóvenes urbanos tomaron parte muy significativa en el movimiento, particularmente en las confrontaciones con la policía, a las que muchos de ellos estaban acostumbrados.

 

Otros participantes

Los activistas dedicados a la promoción y defensa de los derechos humanos adquirieron en la APPO carácter de movimiento y tuvieron desde el principio un papel muy relevante. Realizaron una documentación rigurosa de las violaciones masivas a los derechos humanos y una defensa valerosa y experta de los presos y agredidos. Algunos de ellos tomaron parte en las negociaciones con el gobierno federal y han llevado sus denuncias a las instancias jurídicas y políticas más altas dentro y fuera del país.

Diversos grupos ambientalistas habían tenido participación destacada en la articulación del descontento con algunas de las obras más aberrantes y destructivas de la administración de Ulises Ruiz. En el curso del movimiento su experiencia organizativa y su conocimiento de las cuestiones ambientales fueron una continua contribución a la APPO.

El Espacio Civil, la participación articulada de organismos civiles y organizaciones no gubernamentales, adquirió una presencia significativa en el seno de la APPO desde el día de su creación. Además de su participación relevante en las negociaciones con el gobierno y las marchas o denuncias, se ocupó directamente de eventos de importancia crítica, como el Foro Nacional Construyendo la Democracia y la Gobernabilidad en Oaxaca, y contribuyó decisivamente a diversos procesos, como la Iniciativa Ciudadana de Diálogo por la Paz, la Justicia y la Democracia en Oaxaca. En el seno del Espacio se han lanzado también numerosas iniciativas y acciones, que adquieren importancia creciente en la nueva fase de la APPO.

Comunidades de base y organismos civiles vinculados a la iglesia católica participaron muy activamente en todas las fases y acciones de la APPO. Personas cercanas a la jerarquía eclesiástica, que había mostrado reticencias diversas ante el movimiento popular por su cercanía con las autoridades, lograron que adoptara posiciones críticas ante éstas, se sumara a la Iniciativa Ciudadana y respaldara algunos aspectos de las movilizaciones.

Una inmensa variedad de grupos autonomistas y anarquistas emergió continuamente en el seno de la APPO. Fueron muy destacados en la creación y operación de las barricadas y tendieron en general a radicalizar el movimiento, aportándole la experiencia asamblearia e independiente que los caracteriza.

La enumeración de todas las personas y grupos que participaron  en la APPO sería inacabable. No hubo sector de la sociedad que estuviera por completo ausente.

 

La reinvención democrática

            La APPO debe su radicalidad a su condición natural: está a ras de tierra, cerca de las raíces. Adquirió tinte insurreccional tras intentar todas las vías legales e institucionales para presentar reivindicaciones y encontrar azolvados los cauces políticos que recorría. Pero no baila el son que le tocan. Compone su propia música. Inventa los caminos cuando no hay acotamientos.

La APPO surgió del descontento general con la gestión de Ulises Ruiz. Con base en experiencias muy concretas, como la exitosa oposición al establecimiento de un McDonalds en la plaza central de Oaxaca, adoptó rápidamente la política de un NO y muchos SÍes, característica de muchos movimientos sociales contemporáneos. Esta política encuentra un factor de unificación y articulación en un rechazo común a una acción u omisión, a una política, a un funcionario o a un régimen, pero admite al mismo tiempo la pluralidad de motivos, afirmaciones, proyectos, ideales e ideologías que define la condición real del mundo y es muy clara en Oaxaca.

            El rechazo al gobernador Ulises Ruiz, que se mantiene hasta hoy en la mayoría de los habitantes de Oaxaca, define cada vez más un rechazo a un estado de cosas y a un régimen. Ulises Ruiz sería solamente una encarnación de los peores aspectos de un gobierno autoritario y opresor que se considera ya insoportable. No empezaron con él la corrupción y el autoritarismo, pero en su gestión llegaron a extremos que los hicieron enteramente intolerables para la mayoría. El rechazo a ese régimen incluye para muchos participantes en la APPO rechazo al capitalismo, pero esta posición no es general, aunque se extienda cada vez más. Entre las luchas en las que parece haber mayor convergencia destacan tres antiguos empeños democráticos.

  • Perfeccionar la democracia formal. Todo mundo sabe que las elecciones en Oaxaca han sido siempre un cochinero, en que los ciudadanos son intimidados y manipulados durante las campañas y las jornadas electorales están llenas de vicios. Muchas personas luchan por reformas en las leyes y las instituciones para mejorar los procesos electorales.
  • Implantar la democracia participativa. Se ha estado intensificando la lucha por conseguir que los ciudadanos participen organizadamente en la gestión del gobierno, eliminando la discrecionalidad de las decisiones públicas. Se busca incluir en la legislación y en la práctica institucional instrumentos que permitan esa participación:
    • Iniciativa popular. Que los ciudadanos puedan formular iniciativas de ley y que, si reúnen un número suficiente de firmas, el Congreso local se vea obligado a considerarlas e incluso a aprobarlas.
    • Refrendo y plebiscito. Que se sometan a consulta pública decisiones, políticas o programas de gobierno.
    • Revocación del mandato. Que los ciudadanos puedan revocar el mandato de cualquier funcionario elegido. Con esa legislación, Ulises Ruiz se habría visto obligado a abandonar sus oficinas hace mucho tiempo.
    • Presupuesto participativo. “Ni una obra más sin consulta ciudadana” se ha empezado a decir. Muchos ciudadanos están hartos de que los funcionarios sigan decidiendo arbitrariamente obras y programas, a menudo en contraposición abierta con la voluntad de la gente.
    • Transparencia y rendición de cuentas. Que se proporcione información oportuna y completa de todos los actos de gobierno, para someterlos a control.
    • Contraloría social. Que se combata activamente la corrupción mediante la supervisión independiente de la gestión pública.
  • Extender la democracia radical. Esta lucha, a la que se intenta subordinar las que se libran por la democracia formal y la participativa, intenta consolidar el estilo de vida y gobierno que se ha practicado desde tiempo inmemorial en las comunidades y municipios indígenas y extenderlo a toda la sociedad, empezando por la formación de cuerpos regionales que sean instancias de gobierno autónomo.

Las dos primeras luchas democráticas impulsan reformas legales e institucionales mediante presiones a los poderes constituidos. La tercera se concentra en lo que puede hacer la gente, por sí misma, para transformar sus condiciones de vida y sus relaciones sociales. Por décadas, por siglos, las comunidades fueron capaces de emplear sus propias formas de constituir sus autoridades y sus formas de gobierno, a contrapelo de las instituciones dominantes y al margen de la Constitución y de la ley. Esta experiencia se emplea ahora para impulsar cambios inmediatos en la realidad, a partir del esfuerzo organizado, bajo la convicción de que por esa vía se acumularán fuerzas y experiencias suficientes para construir desde abajo un nuevo régimen político. Avances en la democracia formal ofrecerían un paraguas político más adecuado en la transición. Prácticas como la del presupuesto participativo o la iniciativa popular servirían de adiestramiento para la democracia radical, particularmente en los sectores urbanos que carecen de la experiencia del gobierno propio.

Las experiencias electorales recientes contribuyeron a extender el desencanto con la democracia formal y hay en Oaxaca miedo, rabia y frustración ante la impunidad de quienes siguen cometiendo toda suerte de atropellos. Pero hay también un aliento democrático profundo, que se expresa en una miríada de iniciativas autónomas y una forma de efervescencia social y política que no tiene precedentes.

 

Anticapitalismo

 

En el Congreso Constitutivo de la APPO la decisión que logró más rápido consenso fue la relativa a su vocación anticapitalista. Pero esta posición no implica claro consenso en cuanto a lo que esto significa.

  • Uno de los puntos de debate se refiere a la posibilidad de escapar a la lógica del capitalismo sin la revolución mundial. Mientras algunos grupos parecen concentrar el empeño en la organización mundial del proletariado para cumplir esa tarea, la mayoría reconoce el carácter mundial del capitalismo pero considera que la lucha contra él no puede posponerse hasta la concertación mundial de las fuerzas que lo resisten.
  • Otro tema central de discusión se refiere a la naturaleza misma del régimen que se combate. Mientras algunos concentran el empeño en la oposición a los capitalistas, los burgueses, pensando en liquidarlos como clase, otros ponen énfasis en forjar y fortalecer nuevas relaciones sociales que escapen a la lógica del capital, desafiándolo desde adentro y tratando de evitar que convierta a todos en mercancías y los reduzca a su explotación.

Estos ejemplos son sólo la punta del iceberg de temas que se examinan continuamente en Oaxaca, en las más diversas formas. En muchos casos los debates ignoran por completo los términos técnicos e incluso las denominaciones comunes (como capitalismo y socialismo), pero sus contenidos y orientaciones corresponden claramente a una crítica radical del estado de cosas, a la búsqueda continua de alternativas y a la decisión de luchar por ellas.

Las posturas existentes, en no siempre tersa coexistencia, comprenden lo siguiente:

·        Empeños reivindicativos. Persisten las movilizaciones más o menos convencionales para obtener del capital o el Estado mejorías económicas y sociales o para defender lo que ya se ha obtenido, como la lucha de los maestros o contra las reformas a la ley del ISSSTE.

·        Reorientación del Estado. Los empeños por reorientar el Estado se inscriben por lo general en las tradiciones latinoamericanas que le confían el papel de agente principal de la transformación.

o       Diversos grupos luchan por reformar las políticas existentes. Muchos asumen simplemente la idea de “que se eliminen las aristas más agudas del modelo neoliberal”, una frase de López Obrador que podría haber dicho Lula. Otros buscan que se adopte un modelo con mayor sentido social.

o       Han estado retornando luchas que se proponen implantar alguna variante de socialismo, desde lo que podría llamarse “estalinismo populista”[1] hasta formas diversas del socialismo de participación.

Todas estas luchas con énfasis estatalista, socialistas o no, tienden a poner énfasis en la propiedad colectiva de los medios de producción y en la generación de garantías sociales (mínimos de bienestar), a través de la conquista de los aparatos de Estado que se lograría con diversos medios: la presión popular que propicie un golpe de mano, elecciones democráticas, o una gesta armada.

·        Reorganización de la sociedad desde abajo. Finalmente, quienes desconfían de la transformación desde el Estado, de arriba hacia abajo, han tomado distancia de las tradiciones socialistas y exigen redefinir la naturaleza y manifestaciones del poder político, tienden a adoptar una orientación autonomista y libertaria. Comparten con los empeños anteriores la crítica de la propiedad privada de los medios de producción y en general del capitalismo, pero ponen énfasis en la propiedad comunal de los medios de producción, que admite formas de propiedad personal de algunos de ellos que no implican explotación, como en las comunidades indígenas. La propiedad colectiva se reservaría a esferas muy limitadas. A partir de una crítica teórica y práctica de la tradición socialista[2], estas luchas se orientan principalmente a la creación de nuevas relaciones sociales, desde la propia gente, en lo que algunos llaman equívocamente “economía solidaria” en el marco de la democracia radical. Esta corriente considera la democracia formal como un paraguas político preferible a la tiranía, pero desconfía profundamente del sistema de representación y de los procedimientos electorales. Aprecia la democracia participativa, pero sólo como forma de entrenamiento para la radical.

 

Epílogo

 

A estas alturas es enteramente imposible prever hasta cuándo las clases políticas seguirán sosteniendo formalmente en el poder a Ulises Ruiz. Lo que parece enteramente previsible es que el impulso popular no se detendrá. Seguramente los diversos movimientos que lo nutren tendrán diversa vitalidad y presencia en el escenario político, pero ninguno desaparecerá o se paralizará. La APPO representa ante todo un gran despertar. Trajo un viento fresco de renovación a Oaxaca, en un periodo oscuro de su historia. Le abrió un nuevo horizonte de esperanza, cuyo carácter innovador, especialmente para la articulación intercultural de la diversidad y en la aplicación contemporánea de la tradición asamblearia, está siendo fuente de inspiración para muchos otros movimientos en México y en el mundo.

 

 

 

 



[1] Empleo en esto texto fragmentos de diversos artículos míos sobre el tema, particularmente de mi columna en La Jornada.



[1] Sería “estalinista” el diseño basado en un partido único, un líder supremo y estructuras verticales, y “populista” la línea política que en vez de represión, en el interior de un sistema despótico, intenta seducir a las masas mediante la distribución de bienes y servicios. La expresión comenzó a usarse para distinguir a quienes simpatizan con las propuestas venezolanas, a las que se aplicaría puntualmente, de otros grupos que reivindican planteamientos de una ortodoxia marxista-leninista hace tiempo abandonada en el mundo, que incluye a Stalin sin matices, reservas o adjetivos entre los héroes a seguir, o que defienden posiciones muy superficialmente maquilladas sobre un régimen socialista. La presencia de estos grupos en la APPO es muy pequeña en términos numéricos, pero resulta muy visible y aparatosa.

[2] Desde la izquierda y a veces desde el marxismo, diversos grupos mantienen una posición crítica sobre el socialismo, considerando que es un fenómeno histórico que está llegando a su fin y cuya construcción teórica e ideológica tiene deficiencias importantes, como las que ha señalado Harry Cleaver (¿Socialismo?, Oaxaca: Ediciones ¡Basta!, 2006). El análisis de Cleaver examina críticamente los “socialismos realmente existentes”, pero además de las “desviaciones” ocurridas en la práctica de las experiencias socialistas detecta problemas serios en las concepciones básicas del socialismo que deben ser tomadas en cuenta por quienes quieren lanzar nuevos experimentos socialistas, como en Venezuela. Quienes forman parte de esta corriente intentan una línea de pensamiento y acción que deja atrás, simultáneamente, el capitalismo y el socialismo, apoyados en tradiciones diversas, como las indígenas, las magonistas, etc. Utiliza por lo general las categorías marxistas de análisis para ejercer su crítica del capitalismo como régimen de producción, incorpora críticas contemporáneas del sistema –como las relacionadas con la ecología y la tecnología- y construye en la teoría y en la práctica alternativas políticas, económicas y sociales que van más allá del capitalismo sin desembocar en el socialismo. Para muchos grupos, acaso la mayoría, la lucha actual representa la transición hacia un nuevo régimen que aún está por inventarse, más allá de la sociedad económica capitalista o socialista. Algunos adoptan concepciones que se tratan diversamente como comunalismo, comunitarismo o comunismo.