Desde la ventana en Aparecida

 

Socorro Martínez

Secretaría Nacional de las CEBs

 

Generalmente los textos del magisterio hablan “desde la ventana”, desde un observar lo que está sucediendo; sobre ello dan su palabra y buscan orientar al pueblo de Dios. La jerarquía se sitúa “desde fuera” y no como sujetos que también son afectados por los mismos fenómenos, sean positivos o no, y que tienen una consecuencia en la Iglesia en su conjunto. 

 

Tuve la oportunidad de estar en Aparecida colaborando con el grupo de Amerindia y, aunque comprometida con el caminar de la Iglesia en América Latina y El Caribe, también me permitió ver “desde la ventana”.

 

 

La presencia de Benedicto XVI

 

Pude observar la llegada del Papa, primero en Sao Paulo y posteriormente en Aparecida, y ver su recibimiento como jefe de Estado y cabeza de la Iglesia. Una figura distante en medio de medidas de seguridad y protocolo.  Aparecida, pequeña ciudad, se vio inundada por las fuerzas del orden que cumplieron a cabalidad su tarea de dirigir, acordonar, cerrar calles, aun con tanques de guerra. Los encargados de preparar el recibimiento al Papa también se esforzaron porque todo saliera perfectamente e iban de un lado a otro agitados, con prisa y difícilmente tenían un momento para parar y saludar con tranquilidad.

 

Visto “desde la ventana” uno se pregunta sobre la Iglesia de Jesús, sobre aquellas comunidades que compartían entre sí y que eran contraculturales al Imperio Romano.  La nuestra hoy, en su más alta jerarquía, vive acomodada en los privilegios que se brinda a los poderosos. 

 

Para la misa de apertura  y la de clausura todo fue en riguroso orden de “jerarquías”, cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos, laicos y laicas.  ¿En dónde colocarían a Jesús dentro de ese orden?  ¡Parece que no cabe! Sería definitivamente relegado al orden laical, que además es el que le corresponde, y no formaría parte del círculo selecto en el que se acomodaban los participantes en Aparecida. Seguramente Jesús se habría sentado junto con los peregrinos y habría ido a la parte de atrás de la basílica a visitar a la “mae”[1] Aparecida, en compañía del pueblo sencillo.

Y las palabras del Evangelio resuenan en mi mente: Muchos que ahora son los primeros serán los últimos, y los que son ahora últimos serán primeros (Mc 10, 31).

¡Pobres de ustedes, fariseos, que gustan ocupar el primer puesto en las sinagogas y recibir saludos en las plazas! (Lc11,43).

 

El ambiente de Aparecida se modificó radicalmente una vez que el Papa dejó la ciudad; los cuerpos militares y policíacos se ausentaron, y pudimos ir y venir a nuestro antojo, pueblo de Dios y obispos. No sé si en otras ocasiones los obispos hayan sido hospedados en hoteles como fue el caso en Aparecida; pero desde mi lugar de mirada me pareció una buena idea. Así se les podía ver ir y venir, caminar por las tardes y encontrarlos con facilidad en sus diferentes alojamientos. La basílica volvió a ser de los peregrinos.

 

 

La Conferencia de Aparecida reunió al episcopado Latinoamericano y Caribeño para dar su palabra sobre un momento sumamente complejo en la sociedad y en la iglesia.  Desde mi ventana particular  me llamó la atención que la primera redacción del documento citara al Papa 56 veces y en la versión aprobada por Roma 44  ¿A qué se debe esa actitud de los obispos? ¿De veras creen que el Papa sabe más de la realidad nuestra?   El pueblo no concientizado muchas veces busca “congraciarse” con las autoridades oficiales, para ver si acaso beneficiado en algo. Los políticos adulan al Presidente y a los empresarios con el afán de hacer alianzas y sacar provecho. ¿Será algo semejante en la mayoría del episcopado?  ¿Desean hacer carrera, desean “ascender” y por eso hay que “quedar bien”?  ¿No es exactamente lo contrario a lo que hizo el Hijo de Dios que se abajó y tomó la condición de siervo? (Fil 2,6-7)

 

 

Diferentes presencias:

 

Los delegados de la Curia Romana

 

Es probable que  en los reglamentos esté estipulado que el Papa tiene facultad para enviar sus representantes; no lo sé, pero desde esta ventana del siglo veintiuno  uno se pregunta sobre la pertinencia de tal cosa, sobre todo cuando ellos se toman atribuciones que no les corresponden.  ¿Es que el magisterio de América Latina no merece  la confianza de Roma que envía a 17 personas? ¿Es qué los clamores de los pobres los asustan y hay que “controlar” su proceso de liberación? ¿Es que Roma no se percata de que vivimos en un mundo plural y que no se debe tratar de imponer una sola visión? ¿O es que la Iglesia Latinoamericana y Caribeña no es considerada adulta y madura, y sólo cuenta numéricamente por ser la primera cristiandad del mundo?

 

Hasta mi ventana llegaron los ecos de lo que expresó uno de los cardenales enviados desde Roma sobre la vida religiosa femenina y que quedó plasmado en el documento, en abierta diferencia con el informe de la Conferencia de Religiosos/as Latinoamericana; retumbaron los ecos  de la diatriba de otros dos o tres cardenales contra  las comunidades eclesiales de base; de un cardenal participante en una de las comisiones pidiendo que se quitara la palabra Reino porque era “sociológica”.  Sé de la preocupación de un alto representante de la curia vaticana por la iglesia latinoamericana. Ante tanto atropello injustificado, intuyendo que todavía vendría mayor golpeteo, cerré de golpe la ventana.

 

 

Los peregrinos

 

Aparecida vive de los peregrinos que atiborran la basílica, sobre todo los fines de semana, con el afán de visitar la pequeña virgen negra que les da consuelo y alegría.  Son ellos los que llenan posadas, hoteles, compran en las innumerables tiendas y puestos en la calle los recuerdos para llevar de vuelta a sus hogares, familiares y amigos.  Los redentoristas son los encargados del santuario que administran con destreza; llevan la liturgia dentro de la cual hacen algunos espacios pequeños a algunas peregrinaciones; se asevera por gente bien enterada que también son dueños de varios hoteles.  La virgen pequeña genera divisas; los peregrinos alimentan su fe y otros su bolsillo. Observo y tengo en mi cabeza tantas preguntas ¿Por qué lo religioso se torna comercio? ¿Es que la sociedad de consumo lo impone? ¿Se irían tristes los peregrinos sin llevar sus recuerdos? ¿Es necesario que en el largo pasadizo techado  que lleva de la parte de los puestos de comida y de las tiendas a la basílica se anuncien con letras enormes los grandes consorcios como Bradesco, Coca Cola, etc.? ¡Entre el discurso que denuncia y previene contra la sociedad de consumo y los hechos hay un gran trecho!  Pero, así entran mayores divisas. 

Seguir a Jesús es difícil: Jesús entró en el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el Templo. Derribó las mesas de los que cambiaban monedas y los puestos de los vendedores de palomas. Les dijo: Está escrito: Mi casa será llamada Casa de Oración. Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones (Mt 21, 12-13).

 

Desde mi ventana  observo a los peregrinos que llegan a Aparecida.  Veo con alegría a personas de todas las edades que acuden a su madre porque saben que ella siempre los escucha, los consuela, los aconseja. Disfruto la variedad de peregrinaciones, entre ellas la de los “gauchos” con sus bonitos caballos y carros, la de los jóvenes que por la noche velan y presentan cuadros plásticos.  Admiro la comunión eclesial de las CEB que peregrinan toda la noche para rezar por la Conferencia.  Me retiro de la ventana agradecida por la

expresión de la fe del pueblo de Dios que me lleva a recordar las palabras de Jesús:

Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes, y se las has revelado a pequeños.  Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito (Lc. 10, 21).

 

Los teólogos de la liberación

 

Un significativo grupo de los controvertidos teólogos y teólogas de la liberación estuvieron en Aparecida, en esta ocasión con la venia de la presidencia del CELAM.  Constaté su denodado empeño por seguir abriendo puertas y ventanas en una iglesia que se repliega en sí misma.  Ahí estaban algunos de los que han impulsado la cristología, la eclesiología, la cultura y la inculturación, la misión, el estudio de la Biblia, la lectura popular de la Palabra de Dios, el diálogo con la jerarquía, la academia en diversas universidades, la catequesis, la vida religiosa, la teología negra, india, femenina, la ecología, el análisis de los fenómenos sociales.  Mujeres y hombres que ponen al servicio del pueblo de Dios su sabiduría, adquirida en el estudio y en los avatares de la vida,  en las parroquias, en las pastorales sociales, en diversos institutos, en las comunidades eclesiales de base. Encontré un ambiente de equipo, de servicio, de trabajo sin límite de horario, si así dictaba la necesidad, de reflexión y aporte. Hombres y mujeres de barro moldeados una y otra vez por el Espíritu y desde el caminar del pueblo pobre y creyente.

Así dice Yavé: “Que no se alabe el sabio por su sabiduría, ni el valiente por su valentía, ni el rico por su riqueza.  Quien quiera alabarse, que busque su alabanza en esto: En tener inteligencia y conocerme” (Jer. 10,22-23).  Esto es lo que van haciendo.

 

La visita de un amplio grupo de  jóvenes teólogos de la liberación fue motivo de alegría y de constatar que la semilla sembrada durante años en América Latina y El Caribe da fruto y que  grupos de jóvenes, comunidades de base, institutos, laicos y laicas son fermento en la masa a lo largo y ancho de la patria grande.  Esa noche cerré mi ventana agradecida porque el Espíritu sigue aleteando y suscitando personas comprometidas con su pueblo y con la causa de Dios.

 

 

Los movimientos

 

Es bien sabido que el Papa Juan Pablo II apostó a una iglesia de movimientos y les dio un gran auge relegando, a su vez, a otras instancias de peso eclesial:

El auge de estos grupos se ha convertido en uno de los rasgos más característicos del pontificado de Juan Pablo II, al que incluso han llegado a calificar como el Papa de los movimientos. Y con toda la razón del mundo. [2]

 

Esta política sigue en marcha y a la V Conferencia fueron invitados cinco movimientos: neocatecúmenos, Schönstatt, sodalicios, Shalom, Comunión y Liberación.  Es pues evidente su “promoción” en América Latina. Además, el entonces presidente del CELAM es miembro del movimiento Schönstatt, y le abrió las puertas.  ¿Son ellos los que representan las aspiraciones de la mayoría del pueblo de Dios en América Latina y El Caribe?  Daniel Moya escribe: 

 

Lo que constituía al principio la gran novedad de los movimientos -es decir, que eran eminentemente laicales- ha ido desapareciendo con los años. En mayor o menor grado, todos ellos se han ido clericalizando, creando ramas “sacerdotales”, formando a sus propios curas e incluso fundando sus propios seminarios al margen de las diócesis. En consonancia con los tiempos, los sacerdotes asociados o miembros de estos movimientos están siendo promovidos a la jerarquía. De hecho, su clero está evolucionando como una especie de jerarquía paralela que va tomando posiciones en el Vaticano y en las distintas Iglesias locales (Ibid).

 

Esto fue evidente en Aparecida. Los sodalicios, por ejemplo, cuentan ya con cuatro obispos; fueron éstos los que pronto atacaron en la prensa a los teólogos de la liberación. 

 

Se ha dicho y escrito que muchos de los cambios en las diversas redacciones durante la conferencia de Aparecida se les debe a los movimientos, quienes además estaban presentes en diferentes servicios de la Conferencia; fueron ellos, quizás con otros simpatizantes, los que fueron tomándose mayores atribuciones hasta lograr introducir capítulos enteros. Y así, un documento ya de por sí largo y repetitivo, continuó abultándose hasta llegar a los 10 capítulos con los que hoy cuenta, amén de una introducción que no es tal y de un primer capítulo que nada tiene con el VER, y con respecto al cual se pidió explícitamente, por parte de 18 Conferencias Episcopales, que se quitara, sin éxito.

 

El ver desde mi ventana tal situación, que ni siquiera todos los obispos percibían, sumergidos como estaban en un intenso trabajo que les imposibilitaba estar verificando cada una de las redacciones con detalle, me causó profundo malestar.

 

 

La presencia de los laicos y laicas

 

Se dice que la iglesia del futuro es de los laicos, y confío que de las laicas también ¿Pero el futuro a cuántos años? Hubo una minoría de laicos y laicas en la Conferencia, algunos muy valiosos, con amplia experiencia, y con los pies y la cabeza en la actual realidad de nuestros países e iglesia; pero eran los menos.

Mientras la iglesia jerárquica siga creyendo que los laicos de los movimientos son los que van a impulsar la tarea evangelizadora de la Iglesia, la deserción masiva que apenas va iniciando se incrementará; el pueblo pobre seguirá emigrando a los grupos pentecostales, y los cristianos más formados seguirán llevando a cabo una salida silenciosa.  El laicado quiere ser tratado como adulto, no como menor de edad.

 

Fue significativo el seminario para laicos y laicas, organizado por las pastorales sociales de Brasil y Amerindia, en Pindamonhangaba, población cercana a Aparecida, en la que se trataron temas relevantes: el análisis de la realidad mundial y latinoamericana; los desafíos para el cristianismo y para la Iglesia en el siglo veintinuno; un cristianismo para América Latina; una Iglesia para América Latina; el laicado en una iglesia comprometida con la justicia.

 

 

La presencia del internet

 

Cito el artículo 12 del Reglamento de la Conferencia General:

 

Tal eventual documento final o las conclusiones serán presentados al Santo Padre y sólo después de su autorización podrán ser publicados; antes deberán permanecer absolutamente reservados y no podrán ser difundidos por ningún medio”.

 

El Internet echó abajo este artículo como algo caduco.

En pleno siglo veintiuno, con su avanzadísima tecnología digital y sus comunicaciones este artículo fue rebasado de principio a fin de la V Conferencia. Tuvimos acceso a cada una de las redacciones y por supuesto que para la hora de la misa de clausura ya tuve en mis manos la cuarta redacción. Y de más fondo aún es la pregunta de si todavía se cree que semejante centralismo es saludable. El pueblo de Dios no es considerado adulto, ni aun los propios pastores que representaban al conjunto de la Iglesia de América Latina y El Caribe y que llevan serias responsabilidades en sus respectivas diócesis.

La iglesia jerárquica está acostumbrada a reunirse y a que sus discusiones y votaciones queden bajo estricto sigilo.  La iglesia arropada en su tradición hace cosas curiosas; por ejemplo, en el Sínodo de América la redacción para las votaciones estaba redactada en latín, cuando hay obispos más jóvenes cuya formación ya no incluyó esta lengua; además, los votos debían ir firmados.

 

 

En su conocido artículo “La Violencia en la Iglesia”, Camilo Maccise, reconocido teólogo y padre Carmelita Descalzo dice:

 

El centralismo es una forma refinada de violencia porque concentra el poder de decisión en una burocracia eclesiástica, lejana de la realidad de la vida, ignorante de los desafíos que enfrentan los creyentes en las diferentes circunstancia socio-culturales y eclesiales, incapaz de admitir la pluriformidad.  De ese modo se ejerce la violencia al tratar a los creyentes de todas las categorías, desde las conferencias episcopales hasta los grupos de laicos pasando por la vida consagrada, como menores de edad, necesitados de una superprotección y de una disciplina impuesta con criterios miopes.

 

Mi ventana me dice que el Internet jugó a favor del laicado creyente y maduro y doy gracias a Dios.

 

 

El Documento aprobado en Aparecida

 

 

Después de tres semanas de trabajo y de ir observando, desde mi ventana, los cambios que se introducían en cada versión y la mentalidad que los regía, llegó el momento de aprobar la cuarta y última redacción; el documento de Aparecida fue aprobado por 127 obispos de los 129 que tenían derecho a voto. Un voto prácticamente unánime.  En medio de las tensiones vividas, de lo abultado y repetitivo del documento, de un talante poco profético, de las deficiencias cristólogicas y eclesiológicas, quedaba un documento con semillas rescatables que bien sembradas pueden dar fruto.  El documento fue difundido con rapidez y ampliamente por medio del Internet.

 

Sin embargo, cuando aparece el documento aprobado por Roma encontramos más de 200 cambios, y por lo menos 40 de ellos modifican sustancialmente el contenido; el caso más emblemático es el de las comunidades eclesiales de base.

 

¿Por qué modificar y quitar lo que otros escriben? ¿No es la iglesia plural? ¿Quién autoriza tales intervenciones? ¿Por qué tantas atribuciones? ¿Bajo qué criterios? El propio obispo Julio Cabrera de la comisión de redacción aseguraba que no pasaría lo que en Sto. Domingo, que todo sería transparente; yo le creo, pero se ve que ellos mismos quedaron atropellados y a medida que pasaba el tiempo, más y más. Perpleja y dolida cerré lentamente mi ventana.

 

La presidencia anterior del CELAM hizo declaraciones al respecto, contradictorias y confusas; ahora dicen que quizás intervino alguno de los dicasterios romanos.  Quien quiera que haya sido, deja ver nuevamente un centralismo que degrada a la iglesia, un dogmatismo que infantiliza, y una obediencia que ninguna persona adulta y madura puede asumir como tal, aunque se nos diga lo contrario.

 

Coloquialmente hablando, es un golpe al hígado, pero el hígado tiene la facultad de reproducirse y de reponerse.  A la iglesia latinoamericana aún no se le deja ser, pero como dijo mi amigo, Alwin Nagy, sacerdote alemán que ha vivido muchos años en Argentina: he aprendido de los latinoamericanos/as su creatividad para sacar de lo malo bueno y seguir adelante, así que ahora hay que hacerlo una vez más.  

Y para muestra baste un botón: Mantel Godoy, pastoralista y Agenor Brighenti, teólogo brasileño extraen del documento una buena propuesta, expresada en el siguiente esquema:

 

“I. Punto de Partida:  La realidad que nos interpela porque contradice el Reino de Vida

II. Punto de Llegada: La vida en plenitud para las personas y para nuestros pueblos. 

III. Exigencia: Una iglesia en estado permanente de misión

-         desinstalarse

-         que cada comunidad sea un centro que irradia vida

-         que la misión impregne la Iglesia toda

-         pasar de una pastoral de conservación a una pastoral misionera

IV. Implicaciones: Una conversión pastoral y renovación eclesial

-         renovación eclesial

-         sectorización de las parroquias

-         una acción pastoral pensada

-         asumir las nuevas pobrezas

-         el protagonismo de las mujeres

-         una renovada pastoral urbana

-         presencia en nuevos espacios

 

V.               Itinerario:  Una camino en cuatro etapas, a la luz de la opción por los pobres

1ª. Experiencia personal de fe

2ª . Vivencia comunitaria

3ª. Formación bíblico-teológica

4ª. Compromiso misionero de toda la comunidad

 

 

Carlos Martínez en el periódico La Jornada del día 29 de agosto en su artículo titulado (Des)Aparecida dice:

 

La desigual gesta que en el interior de la anquilosada institución religiosa, la católica romana, sostienen algunos sacerdotes, religiosas y organizaciones de los llamados laicos, despiertan mi simpatía.  También me sorprende su perseverancia, sobre todo cuando se comprueba que la alta burocracia clerical los margina y obstaculiza reiteradamente.

 

Si bien es cierto lo que este articulista asevera, no lo es menos el impulso y la perseverancia de quienes siguen abriendo caminos, fortalecidos por el Espíritu y por el seguimiento a Jesús en el aquí y ahora de nuestra historia.

 

Conclusión:

 

Aparecida sin duda tiene su importancia, pero también su parte relativa.  Raras veces un documento es de tal manera profético que logra dar una palabra exigente al presente y dar pasos orientadores para el futuro. Hubo avances en el proceso hacia la Conferencia, en la realización misma de ella, así como también evidentes manipulaciones y retrocesos.  La Iglesia, pueblo de Dios, está en un momento histórico sumamente delicado y complejo, y sólo en la medida en que haya comunidades al estilo de la que formó Jesús que, con todas sus debilidades, logró contagiar a otras y otras en su seguimiento y en la consecución del Reino, el cristianismo podrá dar una respuesta de acuerdo al Evangelio.

 



[1] Palabra que significa madre en castellano.

[2] Daniel Moya en su artículo en la Revista Alandar de diciembre de 2003, Los nuevos Movimientos en la Iglesia desplazan a "los ejércitos" más arraigados.