Una visión sobre la importancia de la diversidad del maíz en México

 

Yolanda Castañeda Zavala*

 

El maíz es la base de la alimentación de los mexicanos, por representar la mitad del volumen total de alimentos que se consumen cada año y proporcionar a la población cerca de la mitad de las calorías requeridas. Sin embargo, durante las últimas décadas se observa un incremento mínimo en su producción. En 2006, la producción ascendió a 21.3 millones de toneladas, en tanto que la demanda fue de 26.2 millones de toneladas. De esta manera, el maíz no satisface las necesidades de la sociedad, por lo cual se recurre anualmente a importaciones, cerca de cinco millones de toneladas provenientes de Estados Unidos.

 

En la actualidad, el crecimiento de las importaciones mexicanas de maíz, por los precios internacionales, dieron como resultado la disminución de la superficie cultivada[1]. Además, una mayoría de los productores de maíz reciben escasos apoyos gubernamentales e insuficiente asesoría técnica. Dentro de los problemas que enfrentan los productores de maíz hay una falta de crédito, no se tiene acceso al mercado por los altos costos de producción, pero en particular existe una baja productividad en la mayoría de las regiones por diversas causas agronómicas.

 

Ante este contexto, todo podría indicar que el maíz es solamente un alimento, con problemas productivos con posibles soluciones técnicas, esperando la voluntad política para que se instrumentaran una serie de apoyos gubernamentales. De tal suerte, los productores maiceros tal vez lograrían salir delante de la crisis que viven y llegar a las condiciones de los países desarrollados, en donde este cultivo es fundamental como materia prima para la alimentación animal.

 

Sin embargo, en nuestro país ¿el maíz es solamente una mercancía o tiene otras connotaciones? y ¿qué representa para México ser uno de los centros de origen de esta planta?

 

Importancia de la diversidad del maíz

 

Para México, el maíz no es sólo un bien comercial sino que constituye una expresión de relaciones que han permitido a las comunidades y los pueblos rurales de México su subsistencia. Durante más de 300 generaciones, las comunidades rurales e indígenas mexicanas han sido los guardianes de los nichos ecológicos brindando múltiples razas de este cereal. Este hecho es trascendental en la historia y la cultura de los mexicanos y un legado para la humanidad.

 

A nivel mundial, se reconoce que somos un centro de diversidad del maíz y ello no ha sido gratuito, es el resultado de millones de campesinos y grupo étnicos, quienes durante miles de años lograron la domesticación del maíz y que año con año realizan un intercambio continuo de sus semillas, con la finalidad de obtener un grano con mejores propiedades que permita satisfacer sus necesidades.

 

Existen más de 300 variedades de maíces nativos, también llamados en algunas regiones criollos, con características diferentes. Esto permite que el cultivo se adapte a diferentes ambientes de la República. De esta manera, encontramos el cultivo en zonas de intenso calor como en el estado de Sinaloa o en regiones totalmente distintas como en el Estado de México. Cada uno de estos maíces tiene cualidades propias que nosotros distinguimos por el color de los granos y su diferente tamaño de la mazorca.

 

Por toda esta abundancia de variedades, México se circunscribe en el mundo como un ente plurisocial y cultural, en donde las diversas manifestaciones religiosas y sociales del maíz se encuentran presentes a diario. Cabe destacar, que a pesar de que el cultivo del maíz es parte de nuestra cultura, en ciertas regiones los maíces criollos se cultivan en menor proporción, por diversos problemas. Ciertamente, la conservación de las especies de maíz en México se ha visto amenazada por la sustitución de variedades nativas por otras mejoradas[2], en algunas regiones han desaparecido razas como la Celaya en el Bajío y Los Llanos de Jalisco. Asimismo, también se ha contribuido en la pérdida y conservación del maíz nativo: a partir de la expansión e intensificación de cambios en los cultivos, por la contaminación con semillas genéticamente modificadas recientemente, así como por causas socioeconómicas como la migración de poblaciones campesinas y falta de apoyos a la producción como se ha mencionado.

 

A pesar de las agresiones a la cultura del maíz, ésta no se refiere solamente a una semilla y su forma de cultivarla, sino a una larga lista de centenarias dinámicas familiares y comunitarias de siembra, cosecha, intercambio de jornales, preparación de alimentos, celebración de fiestas, para mencionar solamente algunas. Por lo tanto, la racionalidad productiva no está dictada puramente por lo económico, sino ante todo por un complejo entramado de costumbres, conocimientos, gustos y necesidades subjetivas. Se ha modificado la cultura del maíz y la tortilla, más no ha desaparecido.

En este proceso de cambios, más de tres millones de familias campesina se encuentran conservando la diversidad del maíz, en especial son las mujeres quienes además de seleccionar la semilla durante la cosecha para ser sembrada en el siguiente periodo, han sido las transmisoras de los conocimientos ancestrales para utilizar en decenas de formas este grano.

 

Lo expresado anteriormente se confirma cuando se comprueba que el maíz tiene la capacidad para utilizarse con diferentes fines. Destacan los granos blancos para la producción de tortillas, el amarillo que ha sido desdeñado para elaborar tortillas a pesar de su buena calidad y se destina tan solo para alimentación animal, abunda el maíz morado para antojitos. Los maíces rojos se utilizan para fines ceremoniales en algunas poblaciones. No hay que dejar de mencionar el maíz cacahuacintle para producir pozole o los elotes tiernos, el maíz para la elaboración de tamales, palomitas, totopos, atoles, pinole, panecillos y otros alimentos. El uso de la hoja de mazorca (totomoxtle) para la preparación de tamales. De una plaga del maíz, el huitlacoche - Ustilago maydis - se ha enriquecido la cocina ya que se utiliza en varios guisos o el gusano elotero que también es comestible.

 

Además, en las zonas rurales sigue siendo la base de la alimentación no solamente de los habitantes, sino también de los animales por el uso integral que realizan los campesinos con todos los subproductos del maíz.

 

Existen también otros usos en la industria para la preparación de harina de maíz seco y molido, el proceso de nixtamalización para molerlo y transformarlo en masa. La extracción de almidón, aceite y subproductos para alimentación animal como el gluten y tortas de germen. Así como de la hidrólisis del almidón se obtiene: glucosa, dextrosa, y jarabes ricos en fructuosa, los cuales son utilizados por la industria alimentaria, de bebidas, textil, minera y adhesiva.

 

Como ha podido apreciarse, el maíz constituye una materia prima de gran relevancia y sus usos son múltiples, En la actualidad, este cultivo se convierte en un foco de atracción de las empresas transnacionales, esta situación podría generar ¿algún peligro para nuestra diversidad?

 

Los avances de la tecnología en el maíz

 

La gran importancia que tiene el maíz en diversos países ha llevado al uso de nuevas tecnologías. Una de las formas para incrementar la producción ha sido a través del uso de la biotecnología moderna[3]. El resultado de las investigaciones es la ceración de dos tipos de maíz genéticamente modificados en comercialización, el resistente a insectos y el tolerante a herbicida, ambos maíces fueron desarrollados por la empresa Monsanto.

 

En México no se siembra maíz transgénico, pero la puesta en el mercado del maíz transgénico ha suscitado diversas opiniones y controversias que se resumen en dos posiciones:

 

La primera es difundida por grupos ambientalistas y ONG, que afirman que no hay estudios suficientes que verifiquen sobre las consecuencias que podría tener para la salud humana y el medio ambiente. En el caso de México es esto último lo que en la actualidad despierta mayor preocupación por considerarse que el país fue el lugar de origen de la gramínea y porque cuenta con una infinidad de variedades de maíz y de sus parientes silvestres: teocintle y tripsacum. Como el maíz es una planta de polinización abierta, esta corriente considera que existe la posibilidad de que se cree un flujo génico con los maíces actuales, con las consecuentes modificaciones que llevarían a la pérdida de la diversidad genética de la simiente y sus propiedades. Finalmente, esta tendencia asegura que este tipo de maíz no responde a las necesidades del productor en México porque la técnica fue diseñada para satisfacer las exigencias de los países impulsores de la tecnología. En el aspecto de salud humana, se teme que el consumo de las plantas transgénicas genere reacciones de alergias y toxicidad en personas sensibles.

 

La segunda posición defiende el uso de la tecnología, asegurando que estas variedades de maíz elevarían la productividad al disminuir las pérdidas causadas por plagas; reduciría costos de producción al emplear cantidades menores de insecticidas y consecuentemente se protegería el ambiente; además, su mayor potencial productivo haría innecesario ampliar la frontera agrícola, lo que ayudaría a la conservación de ambientes silvestres.

 

Los riesgos en el cultivo y consumo de un maíz modificado genéticamente, son inciertos hasta el momento y no se tienen estudios contundentes por parte de las dos posiciones para determinar de manera definitiva los riesgos o beneficios del uso de esta nueva tecnología.

 

Conclusión

 

La sociedad y nuestras autoridades deben revalorar la importancia cultural y simbólica que este grano ha representado por miles de años. A pesar de ser el maíz un alimento básico de los mexicanos no se ha logrado abastecer al mercado nacional, por este motivo, se importa anualmente cerca de cinco millones de toneladas provenientes de Estados Unidos, quien siendo el principal productor de maíz a nivel mundial no considera que exista alguna diferencia entre un maíz convencional y el genéticamente modificado, de tal manera, llega a México sin segregarse. Esta situación está generando preocupación porque las variedades modificadas podrían estar diseminándose por el territorio, al no contar con un estricto sistema de seguridad que evite riesgos ambientales con posibles repercusiones culturales, económicas y sociales.

 

Los avances de la biotecnología podrían ser la solución a una serie de problemas en la producción del maíz, siempre y cuando respondan a las necesidades de la mayoría de los productores maiceros y no solamente a los interese de las empresas transnacionales. Por el momento, no se puede sembrar maíz genéticamente modificado, pero esta situación puede cambiar y no contamos con investigaciones confiables sobre los posibles impactos tanto a nivel social como en la biodiversidad.

Los aspectos sociales y culturales señalados anteriormente nos remiten que la solución al problema del maíz debe llevarse a cabo de manera controlada para evitar la pérdida o poner en riesgo la identidad nacional de materiales genéticos correspondientes a diversos ecosistemas del ámbito. Para ello, es necesario realizar estudios regionales que destaquen los usos y costumbres del maíz. Recuperar los conocimientos de las comunidades sobre el manejo de este cultivo y sus características. Realizar colectas de maíces nativos para su conservación y conocimiento genético.

 

Por la importancia que merece para la sociedad, la conservación de las variedades de maíz debe ser considerada como parte de nuestra soberanía y seguridad alimentaria, ya que de ello depende la subsistencia de millones de mexicanos.

 

 

 



*Profesora-Investigadora del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco.

[1] Sin embargo, esta situación puede sufrir un cambio importante porque la disponibilidad de maíz en el mercado internacional será uno de los principales problemas en el corto plazo, ya que cada vez más aumenta la demanda de este grano para uso pecuario y para la producción de etanol, principalmente en los Estados Unidos. Por este motivo, es posible que las principales entidades productoras, como es el caso de Sinaloa, destinen el grano a esta actividad y logren un mejor precio. Esta situación podría generar que el costo de las importaciones aumente.

[2] En las últimas décadas del siglo pasado, el cambio de las políticas hacia la agricultura se fue relegando la importancia de la producción interna del maíz, ante la oportunidad de obtener granos a menor precio en el mercado internacional. En efecto, cuando el sector agropecuario era prioritario para la economía del país existían programas de mejoramiento del maíz criollo, pero poco a poco, las semillas mejoradas fueron desplazando a la investigación que permitiera resolver las necesidades agronómicas de la mayoría de los productores maiceros, a través de los avances que podría aportar la ciencia y la tecnología. Como resultado, en algunas zonas se sustituyeron los maíces nativos por variedades híbridas distribuidas por empresas semilleras, en determinadas regiones este fenómeno no sucedió por la incapacidad de adaptación de las semillas comerciales.

[3] La biotecnología es una tecnología que utiliza organismos vivos para la producción de bienes y servicios. A mediados de los años setenta surge la ingeniería genética que permite la manipulación de los genes obteniendo en la actualidad plantas genéticamente modificadas, lo cual constituye la base de la biotecnología moderna.