¿QUE ES LA TEOLOGIA INDIA?

Mons. Bartolomé Carrasco Briceño

 

Introducción

1. Para tratar de describir lo que es la Teología India se hace necesario partir del concepto mismo de cultura a fin de entender la diversidad de culturas y sus énfasis actuales.

Concepto de cultura

2. Podemos entender la cultura como el sentido existencial que cada pueblo da:

¨          a su ser de pueblo,

¨          a la trascendencia entendida como el “Yo soy” del Exodo mosaico, o sea, la plenitud y la totalidad del ser,

¨          a las relaciones existenciales que el pueblo tiene con los demás miembros de su comunidad y con los demás pueblos y con el cosmos.

3. Este sentido existencial que el pueblo tiene de sí mismo puede estar enmarcado en categorías racionales o ser existencialmente contemplativo y globalizante, en una visón unitaria que abarca la diversidad de elementos en una unidad no fracturada. Abarca, a partir del “Yo soy” como fuente, el ser y la vida de todos los miembros del cosmos en su multiplicidad.

Cultura indígena

4. Quienquiera que haya tenido contacto con el yólotl (corazón) del indígena, y haya tratado de penetrar en la vida de los pueblos indígenas, se da cuenta inmediatamente del sentido existencial que ellos tienen de su ser, de sus relaciones con las demás criaturas vivientes y con el cosmos. Todo a partir de y teniendo presente y participando, en la medida de su creatividad, del “Yo soy” del Exodo.

5. La trascendencia es concebida por el yólotl (corazón) indígena como la fuente de donde brota todo lo creado, la vida y el cosmos, y da, al mismo tiempo, unidad en la diversidad. La trascendencia es la fuente del ser y de la vida, tanto del hombre como de todos los elementos que configuran el gran cosmos, del cual nada ni nadie es extraño. Por lo tanto, sentir y vivir la trascendencia, para el indio, es algo que brota por todos y cada uno de sus poros. Para entender y comunicar el ser y la vida, el indio se vale del lenguaje mítico-simbólico, entendiendo el mito como la explicación más profunda y la vivencia más honda de la vida y de su sentido.

6. Hay diversas formas de participar en la trascendencia, lo que da lugar a diversidad de expresiones, manifestaciones y celebraciones de esa diversidad en la unidad. Lo que explica la pluralidad en la unidad.

Teologia occidental y Teología India

7. La teología occidental, que brota como reflexión teológica del “Yo soy”, se alimenta en su formulación de categorías helenistas y escolásticas, lo que lleva necesariamente a una exagerada racionalización categorizada del “Yo soy”.

8. Esta formulación teológica es totalmente distinta a la concepción indígena. Pero esta distinción en ninguna forma es contraria u opuesta a la Teología India, ya que quienes intentan acercarse a la Teología India, ven en la occidental liberada de categorías racionalizantes, una necesaria implementación de su intuición existencial, a la luz de lo que Dios ha revelado y el Magisterio de la Iglesia explicita. Hay en la Teología India una receptividad que la hace abrir todos los poros de su ser al mensaje de la trascendencia y pretende ofrecer humilde y sencillamente su aporte contemplativo a las categorías de la Teología occidental.

9. Tienen toda la razón quienes afirman que la Teología India no tiene bases científicas, elucubraciones teológicas, encuadradas en silogismos, ni eruditos que se devanan los sesos reflexionando sobre cuántos ángeles caben en la punta de una aguja, dicho sea en forma exagerada, pero sin ninguna intención de menosprecio o burla.

10. La Teología India no tiene categorías racionalizadas, al modo occidental. Ponerla en esas categorías racionalizadas es destrozarla y aniquilarla. Ella es una experiencia de la trascendencia del “Yo soy” que, en espíritu contemplativo, se goza y que, a través de la historia, se expresa en el modo mítico simbólico heredado de los mayores.

11. La Teología India, como expresé antes, no es categorizada, al modo occidental. Es una experiencia de Dios que se manifiesta en la trascendencia y en el cosmos. Querer explicarla científicamente es como querer transmitir existencialmente el gozo que me causa contemplar una gota de rocío mañanero en una flor, la sensación que me causa una alborada o un atardecer, la sensación de majestuosidad que me causan las montañas o el océano. Sé que hay palabras científicas para explicar científicamente el por qué del titilar de las estrellas que se bañan en el mar, pero me quedo mudo ante el asombro que me produce un nudo de montañas, la iridiscencia de las abejas que buscan la miel, la fascinación con que me atraen las pupilas inocentes de un niño, etc.

12. La trascendencia se disfraza y manifiesta de distintas maneras. Puede ser en el fragor del monte santo, o en el murmullo silencioso y cadencioso del arroyo que humedece y hace florecer las plantas, en la suave brisa que mece los trigales o en el trueno fragoroso del rayo, en los vericuetos de un supercerebro electrónico, en las manos de una mujer que hace las tortillas arrodillada en el suelo, como sacrificio necesario para alimentar a su familia.

13. Creo que me estoy entreteniendo demasiado y vulgarizando cosas tan serias como la Teología. Pero no me arrepiento. Vuelvo a contemplar la silueta borrosa de la Teología India en el desierto y en los vericuetos en que solemos enredarnos quienes queremos de alguna manera teologizar, sin lograrlo, pero sí nos forjamos nuestro cuento y engaño.

14. Al ser la Teología India una explicación viva y por  lo tanto incomunicable del Dios vivo, humildemente me atrevo a compartir el método que ha hecho posible acercarme al corazón indio, consciente de que la Teología India no se hace, sino se vive en la contemplación ascética de la trascendencia y del cosmos, en la medida que podemos hacerlo.

15. Lo primero y esencial es tener un corazón (yólotl) contemplativo-ascético. Sabemos que ha habido y hay contemplativos místicos, en los que el Espíritu actúa en forma en que Él solo puede hacerlo. Pero como simples mortales que somos, tenemos, como Elías, que subir al monte donde quizá abundan los abrojos, y meternos a una cueva-desierto donde podamos sentir y percibir la presencia del Señor en la brisa suave que invada nuestro ser. Ahí se nos manifestará la trascendencia, el hombre y el cosmos, la trascendencia en signos y cosas concretas de la creación, en el hombre como presencia viva del Creador y de Cristo cuya acción o semilla le fue dada desde el momento de su concepción (Ef. 1); en el cosmos, como la manifestación del Amor de Dios que lo da por Cristo.

16. Una segunda actitud esencial para acercarnos a la Teología India es de humildad y discipulado: descalzarnos de nuestro “yo” para poder escuchar a “Yo soy” y a su enviado Jesucristo, aceptado como Verbo Encarnado. Nadie puede pretender acercarse a la Teología India revestido con su propio yo. Solamente hay un solo “Yo soy”, que se nos manifiesta en su Hijo Jesucristo, consubstancial con el Padre y el Espíritu, según las categorías heleno-occidentales, que aceptamos plenamente con el Magisterio de la Iglesia, aunque somos conscientes de que debemos encarnarlas e inculturarlas según en el espíritu contemplativo de la Teología India.

17. La tercera actitud necesaria en nuestro acercamiento a la Teología India es vivir una espiritualidad histórica centrada en el seguimiento del Señor Jesús. Este seguimiento histórico de Jesús es el único radicalismo que debemos tener, con exclusión de cualquier otro.

18. El seguimiento histórico de Jesús, nos acerca de tal manera a El que nos identifica con El. “Vivo, pero no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mi”.

19. Para el corazón indígena no es nada difícil encarnar en su ser los grandes misterios de la fe cristiana, más aún está ansioso de llenar todos los poros de su cuerpo y corazón, todas las células de su ser espiritual y corporal con el hálito del Espíritu que revela todo lo que Dios quiere manifestarle de sí mismo y de los demás.

20. Para llegar a esta aceptación, el occidental tiene que usar sus categorías, con el peligro de dejarse atrapar por ellos. El indio lo logra por la contemplación de la naturaleza que lo hace asomarse y ponerse al borde del Misterio.

21. El indígena, como el occidental, necesita la Revelación divina, precisamente porque se siente lengua reseca que no puede alabar, ansía la humedad que viene en forma de arco iris del cielo para darle, por la iluminación del Espíritu, la posibilidad de llamar Padre a “Yo soy”.

22. Tanto el occidental como el indio necesitamos el soplo del Espíritu para asomarnos y ponernos al borde del Misterio, para tratar de entender las verdades que nos propone, en cuanto sean comprensibles, y vislumbrar en un mal espejo las insondeables profundidades de lo que solamente, al término de nuestra vida mortal, nos será manifestado, y que la Iglesia jerárquica comenta, explica e históricamente aplica. En el indio hay disponibilidad para aceptar, siempre que se proponga en forma cultural adaptada a él, o sea en contemplación, que por el bautismo participamos, dentro de nuestra creaturidad y limitación, en la vida humano-divina de Cristo.

23. El indígena está dispuesto a aceptar que por el bautismo somos injertados por Cristo a la vida cristiana y que, por esta participación y dentro de nuestra creaturidad, participamos de la paternidad del Padre, de la filiación del Hijo; y del amor con que el Hijo es amado por el Padre, y a su vez lo ama con el mismo Amor (Jn 14).

24. Así se abre el abanico desde la perspectiva indígena, para todos los misterios de la fe cristiana, siempre que se propongan desde la única categoría posible para él: la contemplación ascética y aún mística.

25. La mediación para llegar a este espíritu contemplativo, no puede ser otra que la contemplación de la naturaleza, del cosmos, de su propio ser y el de los demás. En el hermano, en la naturaleza, Dios ha dejado su huella, más aún en el hombre ha depositado como semilla a Cristo y, por el Espíritu y del agua, la hará germinar, florecer y fructificar para el Reino.

26. El indio, como todos, sabe que en medio de la espesura del bosque bulle la vida en la copa de los árboles, en el follaje y floración de las plantas, en la hojarasca del suelo que entona su canción salida de la armonía de las hojas secas que lo cubren y que se esconde de las miradas curiosas en la oquedad de la tierra escarbada.

27. El indio sabe que en medio de la espesura del bosque hay misterios que nuestra carnalidad no podrá nunca explicar en la vida terrena, hasta que se descorra el telón de la inmortalidad. El indio sabe, por el contacto con la naturaleza, que hay verdades mistéricas que nunca en su vida mortal podrá entender, pero sí aceptar porque lo ha comunicado “Yo soy”, sobre todo por medio de su Palabra hecha carne.

28. La mediación para vivir - no sólo para entender - la Teología India, es la contemplación de la naturaleza, contemplación en la que el indio es ayudado por las Escrituras y el Magisterio, no siempre infalible, pero es luz que ilumina la vereda que se hace al andar y dirigirse hasta atrapar la estrella matutina cuya luz refleja en sus pupilas.

29. Lo que pretende la TI es ser lengua que grita: “¡Despierten, arpa y cítara, a la aurora la he de despertar. Te alabaré entre los pueblos, Yahvéh, te salmodiaré entre las gentes, porque tu amor es grande hasta los cielos, tu lealtad hasta las nubes!”

30. Con estas reflexiones tal vez he rebajado demasiado las “categorías teológicas”, hasta hacer de ellas piedras del camino que todos debemos andar. A su contemplación dejo la contemplación, valga la redundancia, de lo positivo que María de Guadalupe, tachonada de estrellas, me ha compartido para compartirlo con ustedes.