LA EXHORTACIÓN ECCLESIA IN AMERICA, A LUZ DEL REINO DE DIOS

Sebastián Mier
Teólogo del CRT

La exhortación postsinodal Ecclesia in America (EA) elaborada bajo los cuidados del papa Juan Pablo II con base en las propuestas de los obispos de todo el continente americano reunidos en diciembre de 1997 aborda una gran variedad de temas, como era de esperarse a partir de un planteamiento sumamente abierto: EL ENCUENTRO CON JESUCRISTO VIVO, CAMINO PARA LA CONVERSIÓN, LA COMUNIÓN Y LA SOLIDARIDAD EN AMÉRICA. El aspecto del encuentro con Jesucristo se desdobla en dos capítulos: el encuentro con Jesucristo vivo y el encuentro con Jesucristo en el hoy de América; luego se dedican sendos capítulos a la conversión, la comunión y la solidaridad, y se añade como una proyección de todo lo anterior un tratamiento sobre la misión de la iglesia en el hoy de América.

Cada manera de proceder tiene sus ventajas e inconvenientes. Quienes tenemos mentalidad más sistemática hubiéramos preferido un método que tomara expresamente en cuenta documentos anteriores, más en particular los de Medellín (M), Puebla (P) y Santo Domingo (SD). Cierto que la asamblea de ahora no comprendió tan sólo obispos de América Latina, sino que incluyó también a los de Canadá y EE.UU.; pero la referencia a esos documentos no hubiera tenido que ser constrictiva, sino que habría permitido más aún, exigido las ampliaciones y modificaciones pertinentes. La referencia tendría dos niveles: uno al nivel de la formulaciones, otro al de las realizaciones.

Las formulaciones que tocan principalmente el ser y el hacer de la iglesia en sus diversos aspectos pueden y deben ser mejoradas, para ser más fieles al espíritu del evangelio y a las exigencias de la actualidad. Y es precisamente uno de los objetivos de estas reuniones de obispos. Pero al no tomar expresamente en cuenta los documentos anteriores, las nuevas fórmulas no siempre constituyen una mejoría. Con frecuencia encontramos que algunos temas fueron mejor tratados previamente, lo cual no significa que la formulación del documento posterior desee modificar la anterior, antes de alguna manera la supone. (Esto sucede también, por ejemplo, en las encíclicas sociales de distintos papas, o incluso de un mismo papa.) Entonces este trabajo de comparación y sistematización, destacando lo mejor logrado, queda como una tarea. (Respecto a la doctrina social de la iglesia, EA lo afirma expresamente en el 54.2 “Para alcanzar este objetivo sería muy útil un compendio o síntesis autorizada de la doctrina social católica... que muestre la relación existente entre ella y la nueva evangelización”.)

Por otra parte, tenemos la cuestión aún más difícil de las realizaciones. Ya hace decenios (¡siglos!) que los documentos consideran las diversas situaciones, proponen soluciones y exhortan a llevarlas a cabo; sin embargo los problemas persisten y muchas veces incluso se agravan. Sería de desear una valoración al respecto.

En este artículo ofrezco tres aportes: una guía de lectura de la exhortación postsinodal en la línea de las relaciones entre reino de Dios e iglesia, una comparación de conjunto entre los cuatro documentos, y una valoración global sobre las realizaciones.

Relación Reino-Iglesia como clave de lectura para EA

Como anoté, el documento aborda muchos temas, y no establece claramente prioridades entre ellos, por lo que se puede tener la sensación de perderse en el bosque. Por ello una clave de lectura resulta sumamente útil. Propongo ésta de profunda raigambre en el evangelio: la adecuada relación entre el reino de Dios y la iglesia. SD 204 resume: “Jesucristo ha hecho presente el reino de Dios, un reino de justicia, de amor y de paz. El ha realizado la fraternidad de todos haciéndose hermano nuestro y enseñándonos a reconocernos como hijos de un mismo Padre” y en los números 5 y 6 afirma con mayor detalle: “el amor de Dios se atestigua en el amor fraterno del cual no puede separarse: “Si nos amamos los unos a los otros Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud (1 Jn 4, 12)... Para la realización del Reino, “Jesús instituyó doce para que estuvieran con El, y para enviarlos a predicar” (Mc. 3, 14) a los cuales reveló los misterios del Padre haciéndolos sus amigos y continuadores de la misión que El había recibido de su Padre”

Se da, pues, una relación inseparable entre el reino de Dios y la iglesia, y también una subordinación de la iglesia a Dios y a su reino. No está el reino al servicio de la iglesia, sino la iglesia al servicio del reino. Esta clave fundamental parece evidente, sin embargo con frecuencia es negada en la teoría y sobre todo en la práctica; prueba de ello son todo tipo de clericalismos a lo largo de la historia y en la actualidad.

De la necesidad de colaborar a la construcción del reino de Dios y de la iglesia brotan muchas tareas, y es menester una adecuada coordinación entre ellas, tomando en cuenta la prioridad arriba señalada. Sin descuidar un aspecto u otro, peligro en el que se cae con frecuencia. Por eso EA insiste repetidas veces en esa indispensable complementariedad.

Por ejemplo, en el capítulo sobre el encuentro con Cristo vivo dice en síntesis:

“7.2 El encuentro personal con el Señor, si es auténtico, llevará también consigo la renovación eclesial: las Iglesias particulares... acrecentarán los vínculos de cooperación y solidaridad para prolongar y hacer más viva la obra salvadora de Cristo en la historia de América”.

Y luego trata con más detenimiento tres lugares actuales de encuentro con Jesucristo: la sagrada escritura, la liturgia y el servicio al pobre.

Al tratar de la conversión insiste en la estrecha unión del amor a Dios, a Cristo y al prójimo:

“26. La conversión conduce a la comunión fraterna, porque ayuda a comprender que Cristo es la cabeza de la Iglesia, su Cuerpo místico; mueve a la solidaridad, porque nos hace conscientes de que lo que hacemos a los demás, especialmente a los más necesitados, se lo hacemos a Cristo... Superar la división entre fe y vida es indispensable para que se pueda hablar seriamente de conversión. En efecto, cuando existe esta división, el cristianismo es sólo nominal.”

Y luego subraya la

“Dimensión social de la conversión: 27. La conversión no es completa si falta la conciencia de las exigencias de la vida cristiana y no se pone esfuerzo en llevarlas a cabo. A este respecto, los padres sinodales han señalado que, por desgracia, ‘existen grandes carencias de orden personal y comunitario con respecto a una conversión más profunda y con respecto a las relaciones entre los ambientes, las instituciones y los grupos en la Iglesia’”

Finalmente amplía aún más las exigencias de la conversión:

“De modo particular convendrá atender a la creciente conciencia social de la dignidad de cada persona y, por ello, hay que fomentar en la comunidad la solicitud por la obligación de participar en la acción política según el Evangelio”. (72)

Al hablar de la eucaristía, como vivencia fundamental de la comunión eclesial, hace las siguientes advertencias:

“35.2 Por ello los pastores... deben esforzarse en dar a la celebración eucarística dominical una nueva fuerza, como fuente y culminación de la vida de la Iglesia, prenda de su comunión en el Cuerpo de Cristo e invitación a la solidaridad’...”

“35.3 Es también necesario recordar a toda la Iglesia en América ‘el lazo existente entre la Eucaristía y la caridad’ lazo que la Iglesia primitiva expresaba uniendo el ágape con la cena eucarística. La participación en la Eucaristía debe llevar a una acción caritativa más intensa como fruto de la gracia recibida en este sacramento.”

Como anoté antes, el documento ordinariamente no emplea el término de prioridad, pero sí lo hace en medio de toda la problemática suscitada por una auténtica vivencia de la solidaridad en las circusntancias de nuestro continente para señalar la importancia de dar a conocer la doctrina social de la iglesia:

“54. Ante los graves problemas de orden social... la doctrina social de la Iglesia (ofrece una) respuesta de la que partir para buscarsoluciones concretas. Difundir esta doctrina constituye, pues, una verdadera prioridad pastoral.”

Comparación de conjunto de EA con los documentos de las CELAM.

No pretendo realizar aquí la tarea señalada de sistematizar el tratamiento que las reuniones de obispos ha hecho de los diversos temas, sino tan sólo de plantear un como preámbulo: comparar el conjunto de estos documentos postvaticanos, con un énfasis en EA. El concilio Vaticano II constituye un parteaguas en la vida de la iglesia en este siglo y cambio de milenio. En la obra del concilio destacan las constituciones Gaudium et Spes y Lumen Gentium que nos presentan una comprensión evangélicamente renovada de la relación de la iglesia con el resto de la sociedad y del ser mismo de la iglesia, respectivamente.

Los cuatro documentos que voy a comparar son fruto de sendas reuniones episcopales posteriores al Vaticano II, y profundamente marcadas por su sello. Medellín (1968) tiene precisamente como objetivo fundamental proyectar la luz del Concilio sobre “la iglesia en la actual transformación de América Latina. Puebla (1979) tomó como tema “la evangelización en el presente y el futuro de América Latina. Al cumplirse cinco siglos de la llegada de los cristianos a este continente, Santo Domingo (1992) reflexionó sobre “la nueva evangelización, la promoción humana y la cultura cristiana a la luz de Jesucristo ayer hoy y siempre . La asamblea para el sínodo de América realiza una labor semejante a la puerta del nuevo milenio.

En los cuatro documentos es central la preocupación por esclarecer el sentido y las exigencias de la vida y la misión de la iglesia en este continente. Los tres primeros elaborados por la CELAM y dirigidos a los pueblos de América Latina (con la explicitación de El Caribe en SD, que había quedado implícito en M y P), el cuarto incluyendo también a obispos de Canadá y EE.UU.

Esta vida y misión ha sido considerada en los cuatro en dos grandes apartados: uno hacia el interior de la iglesia y otro hacia el exterior.

El apartado intraeclesial

Coincide básicamente en sus temas con los de LG, pero va recibiendo distintos nombres. En EA lleva el de “comunión”, en SD el de “nueva evangelización”, en P el de “evangelización, comunión y participación” y en M abarca los capítulos “evangelización y crecimiento de la fe” y “la iglesia visible y sus estructuras”.

Todos los documentos coinciden en tratar la función de los obispos, presbíteros, vida consagrada, fieles y jóvenes. A partir de P se incluye también un apartado sobre las mujeres que no estuvo presente en M. EA introduce este capítulo con una consideración detenida de la vida sacramental y en particular de la eucaristía, al hablar de los obispos añade un párrafo sobre la asamblea especial para América, trata expresamente de los diáconos permanentes. Y, además de los jóvenes, habla de los niños con una referencia especial a la situación de los niños de la calle; destaca también la presencia de inmigrantes de la iglesia católica oriental en América (sin indicar en qué países). Dentro de las estructuras eclesiales se detiene más al igual que sus precedentes en la parroquia con un énfasis en la problemática de la parroquia urbana; destaca en EA la ausencia de las comunidades de base que habían merecido una notable mención tanto en M (con el calificativo de comunidades cristianas) como en P y SD (llamadas comunidades eclesiales). A propósito de los presbíteros se explaya en la pastoral vocacional. Finalmente incluye una cordial ampliación ecuménica (que mereció apartados especiales en P y SD, y sólo tuvo alusiones en M) a otras iglesias cristianas y otras religiones con mención expresa de los judíos y musulmanes; y también un señalamiento del problema de las sectas.

Lugar especial recibe la preocupación por la familia abordada ex profeso en este capitulo y aludida en varios otros lugares. Esta preocupación constituye una constante relevante desde de M.

Misión en la sociedad

Si el orden de los capítulos significa algún tipo de prioridad, cabe hacer notar lo siguiente: en M este capítulo ocupa el primer lugar (con el título “Promoción humana”), en P también va antes de estos temas intraeclesiales, pero está precedido a su vez de una exposición doctrinal (Cristo, eclesio y antropológica); en SD lo intraeclesial antecede a los dos capítulos misioneros (“promoción humana” y “cultura cristiana”) y antes de todo se encuentra una profesión de fe cristocéntrica; finalmente EA aborda primero la “comunión” y luego la “solidaridad”, ambos precedidos por el “encuentro” con Jesucristo y la “conversión”.

Encontramos en EA una especie de duplicación, pues la mayoría de los temas correspondientes a este apartado están tratados dos veces. La primera en forma más bien descriptiva en el “encuentro con Jesucristo en el hoy de América” (cap II) y la segunda con recomendaciones pastorales en “solidaridad” (cap V).

EA enmarca estos temas en el conjunto de la “globalización”, término de reciente difusión y por lo mismo no empleado en SD, y menos en P o M. El fenómeno al que se refiere tanto en lo económico como en lo cultural sí está registrado en esos documentos con otras palabras, aunque dicha globalización se ha incrementado notablemente en los últimos años.

EA da un énfasis especial a los derechos humanos, exigencia que merece en SD todo un apartado y que ya se encontraba en P y M.

Dedica un número al “amor preferencial por los pobres y marginados” que en P constituyó la primera de las opciones de la “Iglesia misionera al servicio de la evangelización” y había sido subsumida por SD en el apartado “Empobrecimiento y solidaridad”; esta expresión todavía no se había acuñado en M, pero su espíritu está en la médula sobre todo de los capítulos de justicia y paz.

Reclama una solución justa y urgente al gravísimo problema de la deuda externa, ya mencionado por SD y todavía no considerado por P y M.

Destaca la denuncia de la corrupción e impunidad sobre todo en las esferas del gobierno y también en otros ámbitos políticos y económicos. SD y P ya la denunciaban, aunque no con tanto énfasis. Algo semejante hemos de anotar de la drogadicción y el narcotráfico.

Los siguientes problemas no son incluidos en la descripción del cap. II, pero sí son atendidos en el V:

En el capítulo VI sobre la “misión” son añadidas la cuestiones de la necesaria atención a la cultura (uno de los tres temas centrales en SD, y también tratado en P y M), una adecuada inculturación del evangelio (novedad en SD, ausente antes) y el uso conveniente de los medios de comunicación social (siempre repetido).

Curiosamente el problema de la destrucción de los ecosistemas sí es abordado en el cap. II, pero ya no reaparece después. En SD mereció uno de los apartados de la promoción humana, es mencionado por P, pero no por M.

Los documentos, la visita del papa y la evolución de nuestra realidad

Más allá de una consideración, aunque sea global y somera, de las formulaciones de los documentos es muy interesante lanzar también una mirada a nuestra realidad, no únicamente en el momento actual sino en su evolución a través de los últimos decenios. Y tratar de captar en esa evolución el influjo tanto de los documentos episcopales como de las visitas del papa. Y en este caso no tanto de EA apenas publicado ni de la última visita de Juan Pablo II apenas llevada a cabo sino de los anteriores, que nos permiten una cierta mejor valoración.

Ilumina mucho en esta línea P 1134-1140 uno de los pocos pasajes (¿único?) que considera expresamente lo sucedido desde el documento anterior “desde Medellín a Puebla”:

Así, en general la situación de injusticia se ha seguido agravando en todos los rubros. Actualmente bajo la modalidad de los llamados globalización económica y neoliberalismo que producen sí mayor riqueza, pero con un reparto sumamente inequitativo y un tremendo desempleo que lleva a hablar ya no tanto de explotación sino de exclusión.

En el campo político después de la efervescencia de los 60, buena parte del continente se vio sometida a dictaduras militares y a partir de fines de los 80 vivimos la vuelta a las llamadas democracias. Pero aún nos encontramos muy lejos de una auténtica participación del pueblo (“demos”). Cierto que hay alguna mayor conciencia y organización de algunos sectores que ha llevado a hablar de nuevos sujetos sociales: campesinos, colonos, mujeres... y particular los indígenas.

Continuamente se multiplica la denuncia de la violación de los derechos humanos. Lo que en parte implica una mayor conciencia de dichos derechos, que antes eran violentados sin que hubiera tantas denuncias públicas. Pero implica también la permanencia y/o incremento de esas injusticias. De modo semejante se agrava el deterioro de los ecosistemas, aunque hay un conciencia más difundida de lo urgente del problema.

Las posiciones a este respecto dentro de la iglesia siguen correspondiendo a las descritas por P: no todos nos hemos comprometido; el testimonio sigue siendo incipiente pero real; continúan las tensiones y conflictos. En otros campos el cambio más fuerte se dio con las reformas del Vaticano II en liturgia, catequesis y participación laical. El clericalismo ha tenido variantes pero persiste y también la discriminación práctica de la mujer, a pesar del notable viraje de los documentos en estos puntos.

M, P y SD permanecen desconocidos por la gran mayoría de los fieles católicos. Incluso de los que asisten regularmente a misa, muchísimos ni siquiera saben que existen y otros tienen una idea muy vaga. Los conoce una minoría pequeña, pero significativa pues está constituida por los más activos en la iglesia. Sin embargo no todos los que los conocen los llevan a la práctica, como ya reconoce P y lo muestran la persistencia del clericalismo y la discriminación de la mujer. Probablemente el destino de EA no será muy diferente.

Esta constatación contrasta en parte con la enorme participación y entusiasmo que despierta la visita del papa. La experiencia más reciente y aún viva es la de este enero, pero fueron muy semejantes para limitarme a México las de enero 1979 y mayo 1990. De estas visitas, sí que todos han estado enterados y muchísimos han participado en los diversos eventos sea personalmente (al menos al verlo pasar en el papamóvil) o por la televisión.

Digo que el contraste se da tan sólo en parte porque, si es cierto que los enterados y profundamente emocionados son sumamente numerosos, todavía cabe la pregunta qué tanto influye eso en la vida de las personas, los grupos y las instituciones (Cfr. EA 27). Y seguramente ahí nos encontraremos con resultados no tan halagadores. No es igual de fácil ver e incluso sentir la presencia del papa que escuchar su palabra y más aún ponerla en obra. Esto no significa que la fiesta vivida en torno a esta visita carezca de sentido; pero sí que tampoco hemos de hacernos ilusiones sobre sus efectos duraderos. Éstos requieren de mucha más constancia, esfuerzo y organización permanente. La puerta de entrada al reino de Dios sigue siendo estrecha. Los medios de difusión masiva pueden servir de cierta ayuda, pero no suplen la construcción diaria de comunidades vivas, celebrantes y solidarias.