Ma. Dolores Villagómez Díaz
Centro de Estudios Ecuménicos(CEE)
Para acercarnos de una manera más crítica al tratamiento que en la carta pastoral Del encuentro con Jesucristo a la Solidaridad con todos se le da al "tema" de las laicas y los laicos, se escogió la técnica del análisis de contenido con la finalidad de identificar cómo se les caracteriza y a partir de ahí, inferir algunos retos y/o desafíos y cuestionamientos, presentes y latentes con relación al desarrollo del ser y hacer laicales en el contexto actual y hacia la construcción de una Iglesia de comunión y participación.
Se presentan básicamente dos tipos de valoraciones, una cuantitativa que arroja datos con relación al papel que desde la visión de los obispos y reconociendo el trabajo interdisciplinario e intersectorial que supuso la realización de la carta pastoral, desempeñan las laicas y los laicos. La segunda valoración, más cualitativa se desarrolla a partir de la construcción de categorías que nos permiten ubicar: cómo se define, se les ve, se les reconoce y se "anhela" la presencia laical en la iglesia y en la sociedad.
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De la valoración cuantitativa tenemos que de un total de 434 citas, 39 de ellas, es decir un 8.9%, destaca de manera explícita la temática laical, donde el grueso de referencias se encuentra en las Partes II y III; de hecho, en ambas partes se encuentran el mayor número de citas concentradas. Así tenemos el siguiente recuadro en donde se muestra la distribución de referencias globales:
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Parte |
Total de citas |
Porcentaje respecto al total |
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Introducción |
11 |
2.5 |
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Parte I |
81 |
18 |
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Parte II |
130 |
29.9 |
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Parte III |
204 |
47 |
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Conclusión |
8 |
1.8 |
Las referencias de la temática laical que se presentan a lo largo de las páginas: desde la Introducción, pasando por las Partes, las Secciones y el Glosario, está conformada de la siguiente manera:
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Parte |
Total de referencias |
Números dedicados |
Porcentaje respecto al total citas de la temática (8.9%) |
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Introducción |
Una |
5 |
2.5 |
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Parte I |
Tres |
16, 77, 82 |
7.6 |
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Parte II |
Trece |
106, 118, |
Sección I |
33 |
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148, 161, 149, 159, 161, 162, 180, 181, 182 |
Sección II |
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221, 222 |
Sección III |
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Parte III |
Veintiuno |
228, 229, 230, 231, 232 |
Introducción
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53 |
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250, 270, 271, 272, 273, 274, 277, 278, 279, 280, 284, 285, 286 |
Sección I |
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311, 333 |
Sección II |
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386 |
Sección III |
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Glosario |
Una |
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2.5 |
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De esta primera valoración cuantitativa podemos señalar que el grueso de la temática laical está trabajada en las Partes II y III. En la II: Del encuentro con Jesucristo a la conversión, comunión, eclesial, el diálogo y el servicio evangélico al mundo; se dedican 2 números referidos a la Sección I: Cómo vivir e integrar mejor un proceso evangelizador y catequético que fortalezca la conversión; 9 a la Sección II: Cómo vivir la comunión con Cristo y con los hermanos a través de una experiencia eclesial más profunda y 2 a la Sección III: Cómo vivir, como Iglesia misionera, una apertura al diálogo ecuménico e interreligioso y al diálogo y servicio evangélico al mundo, especialmente a los más pobres.
De la parte III: Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad como respuesta a los desafíos de la Nación, sobresalen 5 citas en la Introducción; en la Sección I: El Estado y la Nación, 13; en la Sección II: El desarrollo integral fundado en la justicia social, dos y una más, en la Sección III: La educación como camino para la construcción de una cultura democrática.
El reconocimiento anterior permitió construir cinco aspectos categoriales que nos acercan al objetivo del presente análisis: "identificar cómo se les caracteriza (a laicas y laicos) y a partir de ahí, inferir algunos retos y/o desafíos y cuestionamientos, presentes y latentes con relación al desarrollo del ser y hacer laicales".
"Son quienes habiendo recibido la gracia del bautismo y estando por ello plenamente incorporados a la Iglesia poseen como vocación propia y específica buscar el Reino de Dios transformando las realidades temporales según Cristo. La secularidad es la nota característica de los fieles laicos que los lleva a actuar y a dar testimonio de la fe en una gran cantidad de ambientes y lugares. Su colaboración en tareas intraeclesiales es muy valiosa, sin embargo, nunca debe anular el cumplimiento de aquello que es su misión particular dentro de la Iglesia. La Doctrina Social de la Iglesia es un medio indispensable para que los fieles laicos formen su conciencia y orienten su acción cristiana en medio del mundo" (Glosario)
La primera parte de esta definición se acerca bien a la desarrollada en la constitución Lumen gentium del Vaticano II que, como sabemos incluyó antes de los capítulos sobre la jerarquía y los laicos, uno sobre el pueblo de Dios, en el que trata de la vocación y misión comunes para todos los cristianos, así como de su participación en el sacerdocio común de todos los bautizados y en el ministerio profético, sacerdotal y real de Jesucristo. Asimismo, incorporó antes del capítulo dedicado a los religiosos, uno sobre la vocación de todos los cristianos llamados a la santidad.
De ahí, que uno de los retos actuales es promover que todos los miembros por y desde su condición de bautizados y bautizadas (sin acentuar las jerarquías) se ofrezcan y testimonien la comunión y la participación como posibilidad para la transformación de la realidad y para hacer creíble el Reino en nuestro aquí y ahora preñados de exclusión y muerte.
De la definición, es necesario cuestionar por qué se habla de dos realidades y por lo tanto de dos campos de acción, una la secular, el mundo; la otra, lo intraeclesial. ¿Acaso lo temporal no se realiza también en lo intraeclesial?, o ¿la transformación de la realidad es ajena a lo intraeclesial?. Considero que esta falta de claridad conceptual confirma la separación fe-vida que manifestamos en conjunto, los miembros de la Iglesia. También, coloca y por lo tanto no resuelve la discusión de una Iglesia en el mundo o una Iglesia arriba y fuera del mundo.
En esta categoría incorporamos tres citas que sobresalen por el contexto en el que se dicen. Una, sobre la participación de laicas y laicos en la elaboración de la carta pastoral "deseamos pronunciar nuestra palabra, después de haber encontrado y escuchado con atención y respeto a representantes de nuestra comunidad eclesial -presbíteros, consagrados y consagradas y fieles laicos?"(5).
Las otras dos, emanan del análisis histórico, donde se valora la participación activa de laicas y laicos en procesos de evangelización y testimonio de vida "en los inicios de nuestra historia, encontramos tanto procesos de colonización y sometimiento, como modelos evangelizadores basados en una incansable predicación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, la catequesis, el culto mariano, la práctica de las obras de misericordia, la denuncia de las injusticias, la defensa de los pobres y la especial solicitud por la educación y la promoción humana? fue decisivo el testimonio de santidad de obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, fieles laicos y de los mismos indígenas bautizados durante aquellos años? " (16) y "Nuestra historia como Nación no es ya solamente una historia modelada por héroes valerosos, sino también por santos y beatos, mártires y confesores: niños, jóvenes y adultos?fieles laicos que, amando a Jesucristo y a su Iglesia, amaron también a México. (77)
En los siguientes números se detallan actores (mujeres, jóvenes,); sectores (empresarios, profesionistas, obreros) movimientos (apostólicos); espacios (educación, familias, estructuras intraeclesiales), lugares (rural, urbano) y formas en los que laicas y laicos inciden (organizaciones civiles, populares). Es significativa la mención y con ello, el reconocimiento de este conjunto de procesos que de hecho, de manera más oculta que visible, testimonian una Iglesia "con rostro laical", que está atenta y responde a los desafíos de la realidad. Se hace una especial referencia al papel de las mujeres.
¿reconocemos con agradecimiento? que es cada día mayor el número de católicos que participan en comunidades, institutos, iniciativas, movimientos y responsabilidades pastorales diversas? algunas de sus expresiones más significativas:
Movimientos, grupos y asociaciones laicales apostólicas: para el crecimiento en la vida espiritual, para la evangelización en general, para la formación juvenil, para el fortalecimiento de las familias y de los matrimonios, para la pastoral en ambientes rurales y urbanos.
Iniciativas en el mundo de la educación católica en todos los niveles y asociando solidariamente en la educación a sectores diversos de la población.
Nuevos métodos de evangelización para empresarios, profesionistas y obreros.
Iniciativas comunitarias populares que buscan vivir su fe y participar en procesos solidarios para transformar la realidad de la pobreza y de la marginación.
Asociaciones y organismos civiles de inspiración cristiana que buscan hacer presente, bajo su propia responsabilidad, la Doctrina Social de la Iglesia y los valores del Evangelio en nuestra sociedad. (106)
A nivel intraeclesial, hay una presencia creciente de movimientos, grupos y asociaciones laicales nacionales e internacionales que buscan servir a la evangelización de los fieles desde la experiencia personal de encuentro con Jesucristo, hasta la renovación de los matrimonios, la vida familiar y la vida comunitaria. Las mujeres destacan en este campo por su compromiso y entrega (148).
Se define ?La misión imprescindible de los fieles laicos en la transformación de todas las realidades a la luz de Cristo? (222) ?poseen una peculiar responsabilidad debido a que a ellos está encomendada la renovación del orden temporal. Los fieles laicos cumplen su vocación cristiana principalmente en las tareas seculares. Su colaboración en el ámbito intraeclesial, si bien es relevante, no debe suprimir aquello que constituye su misión propia y específica dentro de la sociedad y de la Iglesia.(270). Ambas referencias, remiten nuevamente, a la discusión ya mencionada con relación, primero, a reducir dicha tarea a determinados miembros de la Iglesia; segundo, a considerar que la Iglesia no necesita de conversión porque hacia adentro pareciera está exenta de las lógicas de dominación imperantes en la realidad "externa". Más aún, ni siquiera se dibuja como posibilidad que una determinada apuesta por la transformación de las relaciones y estructuras eclesiales apuntala, a su vez, el despliegue de cambios estructurales en la realidad.
A la discusión anterior, bien le podemos reducir su dimensión estratégica y aplaudir que el magisterio de la Iglesia se pronuncia a favor de cambios estructurales en los aspectos cívico-políticos y económicos y con ello, valora, sin achicar, el papel que juegan laicas y laicos en generar alternativas de cambio más humanas. Valora la inserción de laicos y laicas en responsabilidades directivas sumando a ello, la importancia de la formación y capacitación profesionales para que promuevan el bien común en ámbitos públicos.
Un estado de derecho donde los fieles laicos colaboran a la creación de condiciones de justicia y equidad para todos?. (274)
Para el cristiano, el desarrollo ha de favorecer la respuesta del hombre a su vocación, que le exige realizarse plenamente en la dimensión material y espiritual. Todos debemos trabajar con responsabilidad en la generación del desarrollo que necesita nuestro pueblo. (311)
crear modelos económicos efectivos y justos es tarea propia de los fieles laicos, que inspirados en la Doctrina Social de la Iglesia y colaborando junto con todas las personas, han de buscar soluciones prácticas que permitan corregir las disfunciones de nuestro actual modelo. (333)
han de ver en la participación política un camino arduo pero privilegiado para su propia santificación? La actividad política no es para los laicos el único modo de cumplir con su vocación. Sin embargo, sí es parte constitutiva e irrenunciable de sus responsabilidades ante Dios y ante la Nación (273).
América necesita laicos cristianos que puedan asumir responsabilidades directivas en la sociedad. Es urgente formar hombres y mujeres capaces de actuar, según su propia vocación, en la vida pública, orientándola al bien común ? (222)
a través de su acción han de buscar implementar con una perspectiva de fe, con competencia profesional y bajo su propia responsabilidad, las soluciones técnicas que correspondan. (231)
El magisterio, no desdeña, la obligatoriedad y la importancia de la incidencia de las laicas y los laicos en la transformación de la realidad y de manera enfática señala que ?La fe en Jesucristo ?obliga a los cristianos a participar en toda actividad humana anunciando la Verdad que han encontrado. Sólo por ignorancia o por prejuicio puede sostenerse que la fe en Jesucristo deba quedar excluida de una auténtica incidencia en la vida social e institucional de nuestra Nación. (228)
es una omisión grave abstenerse de ser presencia cristiana efectiva en el ambiente en el que se desenvuelven. No pueden eludir el compromiso de afirmar en todo momento con coherencia y responsabilidad los valores que se desprenden de la fe. Es moralmente inaceptable que un laico traicione tácita o explícitamente los valores del evangelio en la vida social, y más si posee una responsabilidad pública de cualquier índole (271)
De la consideración anterior es posible soñar con el giro de la experiencia y celebración sacramentales, en la medida en que los espacios en las que éstas se desarrollan inviten a la integración fe-vida; por ejemplo, en el caso del sacramento de la reconciliación, tendríamos que dar cuenta de nuestro aporte en la generación de cambios en nuestras comunidades.
A través de la invitación a articular fuerzas y dedicar esfuerzos, la carta pastoral abre horizonte al valorar ámbitos de convocación estratégica, como son la lucha por los derechos humanos, por la legitimidad de la diferencia (libertad religiosa), por la creación de condiciones de justicia y equidad:
?deben colaborar?para que los derechos humanos en general, y el derecho a la libertad religiosa y a la vida en particular, sean formalmente reconocidos con toda su amplitud y profundidad a través de la ley. (284)
?trabajar activamente a favor del derecho a la libertad religiosa de las personas y de las iglesias. Es necesario que los fieles laicos actúen de modo individual y organizado, junto con las personas de otros credos y con los ciudadanos de buena voluntad, para que el Estado siempre preserve los derechos y las libertades de todos por igual. (274)
Si bien, esto es importante, a ese nivel no se colocan otras posibilidades, sujetos y actores que inciden de hecho en lo público a niveles locales, regionales e internacionales y/o que trabajan para ello, por ejemplo: los movimientos de base en donde muchos de ellos, han surgido, se promueven e incluso se acompañan desde espacios eclesiales.
El magisterio reitera la importancia de las mujeres y junto con ellas, su inserción y aporte en la familia: Comprender mejor, dentro del don de la familia, la misión de la mujer como persona ?como esposa, compañera y madre, así como su particular forma de aportar y enriquecer, desde su diversidad, la vida familiar?(182). Hay que hacer notar, sin embargo, que esta consideración es limitada porque, por un lado, mantiene la visión patriarcal de la mujer como única "educadora" y se la mira y "reconoce" en tanto cumple determinadas tareas en función de la lógica de reproducción. Por otro lado, deja fuera aquellas otras expresiones de familia no "nuclear" que exigen ser reconocidas y atendidas.
Si bien, no podemos eludir la influencia de los medios masivos de información, y en general de las nuevas tecnologías; la referencia dedicada a los medios en la temática laical, se aborda en la posibilidad de hacer uso de los medios como vías para la evangelización: La presencia dentro de los medios de comunicación es urgente no sólo porque así lo reclama el deber de anunciar a Jesucristo, sino para cumplir con su vocación de afirmar en el mundo los valores del evangelio de un modo secular y con competencia profesional (386)
Actualmente, ello, en casos significativos se ha hecho y hace posible esa participación; pero, urge revisar formas y métodos en la utilización de los medios, de tal manera que no favorezcan el adoctrinamiento, ni promuevan la exclusión
En los aspectos a revisar, hay una clara concepción del magisterio de promover el protagonismo de laicas y laicos.
reconocer y promover la vocación y misión propia de los fieles laicos como miembros a pleno derecho del Cuerpo de Cristo y partícipes de su triple ministerio. Este reconocimiento es en la actualidad de tal importancia, que "la renovación de la Iglesia en América no será posible sin la presencia activa de los laicos. Por eso, en gran parte, recae en ellos la responsabilidad del futuro de la Iglesia". (118)
Una vez más se insiste en la importancia de valorar a las mujeres en su aporte para la evangelización, sin embargo, persiste una caracterización patriarcal a través de las funciones y roles que hasta ahora ha desempeñado social y culturalmente:
?necesitamos revisar nuestras actitudes y conductas hacia las mujeres dentro de la Iglesia. ? ya que el futuro de la nueva evangelización (...) es impensable sin una renovada aportación de las mujeres, especialmente de las mujeres consagradas por su aportación específica (...) al progreso de la humanidad". (182)
Además, debemos profundizar en la antropología cristiana que afirma el misterio de la persona como imagen de Dios: varón y mujer y, por tanto, criaturas con igual dignidad y derechos, diversos en cualidades y riquezas y llamados a la santidad a través de la unidad complementaria en el amor y la vida. (182)
Comprender mejor, dentro del don de la familia, la misión de la mujer como persona igual en dignidad y derechos que el varón; como esposa, compañera y madre, así como su particular forma de aportar y enriquecer, desde su diversidad, la vida familiar, de manera que se superen todas las formas de machismo, marginación y subyugación intrafamiliar. (182)
Una lectura interesante respecto al llamado de "Profundizar en el don de la mujer, en su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo a la luz de la Revelación, de la Tradición y del Magisterio, así como de la teología y experiencia en la historia de la Iglesia y de la sociedad" (182), no descartaría, por el contrario, impulsaría la generación de pensamiento desde su perspectiva en áreas como la teología, la eclesiología, la historia, por citar algunas; o en su caso, haría más visible, evitaría la marginalidad de lo que de hecho las mujeres ya están produciendo en dichos campos.
En este aspecto categorial está presente uno de los ejes que los obispos han convertido en llave de entrada y clave de lectura para apropiarnos de la carta pastoral; este eje es la subjetividad, es decir, la constitución de sujetos, de mujeres y hombres que tomen en sus manos la construcción de su historia. Desde esta clave se mencionan los aspectos urgentes a revisar y por lo tanto a convertir: el clericalismo, el machismo, la falta de formación y preparación del presbiterio y su consecuente repercusión en propuestas pastorales desencarnadas que impiden la maduración de laicas y laicos, como sujetos.
Los responsables de la vida de las comunidades estamos llamados a una conversión pastoral, dejando atrás mentalidades, actitudes y conductas que no favorecen el crecimiento en la fe y en la corresponsabilidad de los fieles laicos?en la vida eclesial y en el compromiso social. Es frecuente encontrar falta de interés y apoyo proporcionándoles conocimientos que les sirvan en la formación de sus conciencias y en las tareas temporales. (118)
revisar las relaciones de los pastores con los fieles laicos al interior de la Iglesia porque? sin ellos no será posible la renovación de la Iglesia.(180)
existe todavía un fuerte clericalismo celoso de compartir responsabilidades con el laicado, e incluso rasgos de una cultura machista que discrimina de diversas formas el ejercicio de la vocación que asiste por derecho propio a las mujeres en la comunidad eclesial.(159)
superar el clericalismo, la falta de formación en la vocación secular y social de su fe (de los laicos) la creación de espacios de participación e incluso de decisión en los diferentes niveles de la vida comunitaria: "La Iglesia del Nuevo Milenio debe mostrar un rostro laical".(181)
los laicos siguen siendo vistos por muchos pastores como quienes están en la Iglesia más para ejecutar órdenes que como quienes han recibido una vocación y misión propias (161)
De lo anterior, es posible considerar la creación de instancias formativas, la generación y/o provocación de procesos educativos que garanticen relaciones nuevas, más acordes con la iglesia de comunión y participación que anhelamos. Quizá también, es posible soñar con la creación de otras instancias -accesibles- para la resolución de conflictos a las que se pueda acudir en casos de arbitrariedades producto de esas formas de dominación que se experimentan al interior de las estructuras eclesiales.
Con relación al papel de los movimientos laicales se advierte la posibilidad de su marginación, desde sí mismos y/o por la falta de valoración de los pastores:
(de) los movimientos laicales?(debe) evitarse el riesgo de que vivan aislados y al margen de la vida eclesial y de los planes diocesanos, o que lleguen incluso a despreciar otras formas de vida cristiana y hasta la misma autoridad del párroco y del obispo. También existe el peligro de los movimientos eclesiales no se vean suficientemente atendidos por los pastores o sufran algún tipo de marginación a causa de la falta de valoración de su aporte como don del Espíritu."(162)
De esta advertencia, podemos preguntarnos ¿los planes diocesanos, la autoridad de los párrocos y los obispos son garante de la estabilidad o forman parte de la inestabilidad de los movimientos laicales?, independientemente de la respuesta; ¿habrá un temor al disenso por considerarlo más como vía de ruptura que como posibilidad de diálogo, apertura y por lo tanto crecimiento?, o también, ¿podrán surgir movimientos de laicas y laicos que viviendo su ser y hacer eclesiales se conviertan en movimientos sociales autónomos y que por lo tanto no dependan de las estructuras eclesiales?.
Pero indudablemente a nosotros nos toca hoy poner en práctica las profundas y certeras enseñanzas del Concilio Vaticano II acerca? del protagonismo indispensable de los laicos en la transformación de las estructuras del mundo según Cristo. (82)
Los pastores de la Iglesia no ofrecemos soluciones técnicas. Sin embargo, desde la misión que nos es propia y desde la experiencia pastoral que poseemos al caminar al lado de nuestro pueblo, proponemos los principios de reflexión, los criterios de juicio y las directrices generales de acción que deben ayudar a los fieles laicos a realizar su vocación y misión en el mundo. Los Pastores tenemos el deber de hacer explícita a través de nuestra palabra la dimensión social del evangelio. (230)
?para que dicha cultura de la solidaridad se consolide ?no podemos dejar de insistir en dos puntos fundamentales? la formación de todos los agentes?en la pastoral social y en la Doctrina Social de la Iglesia? es necesario que sean formados tanto en los principios y valores de la Doctrina Social de la Iglesia, como en nociones fundamentales de la teología del laicado. El conocimiento profundo de los principios éticos y de los valores morales cristianos les permitirá hacerse promotores en su ambiente, proclamándolos también ante la llamada neutralidad del Estado". (221)
América no vivirá la cultura globalizada de la solidaridad sin fieles laicos maduros, llenos de Cristo, en proceso de conversión permanente, con una profunda vivencia de la comunión fraterna y solidaria, formados espiritual, doctrinal y moralmente a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, conscientes y comprometidos en la transformación de las realidades temporales como su vocación y misión propias. La formación integral del laicado es una de las prioridades fundamentales de la nueva evangelización. (222)
En la Doctrina Social de la Iglesia?encontrarán luz suficiente para iluminar las complejas cuestiones políticas, económicas, culturales y sociales que reclaman un manejo acorde a la dignidad de las personas y al bien común. Sin la perspectiva que ofrece la Doctrina Social de la Iglesia, la vivencia de la fe de los fieles laicos corre el riesgo de corromperse: tornándose intimista y desvinculada de las exigencias ético-sociales del cristianismo; o asociándose a ideologías contrarias al evangelio.(232)
Tomando como marco y referencia estos principios, es preciso que aumenten los esfuerzos de aplicación práctica de la Doctrina Social de la Iglesia por parte de los fieles laicos, para así colaborar a que nuestro "cambio de época" pueda tener una dirección y un fundamento ético que permitan orientar la transformación de nuestra sociedad de una manera más humana, y en el fondo más cristiana, a partir del reconocimiento de nuestra mutua relación y corresponsabilidad. (250)
es preciso afirmar con claridad que esa responsabilidad (política), que abarca todos los aspectos de la vida, respeta profundamente la opción personal que los fieles laicos pueden tener al momento de realizar opciones político-partidistas. La Doctrina Social de la Iglesia les ofrece a los fieles laicos principios, criterios y directrices para orientar su libertad pero sin pretender jamás sustituirla. La solidaridad y el compromiso auténtico de la Iglesia con todos siempre debe salvaguardar la libertad de todos. (286)
Entre los saldos positivos del listado anterior es importante subrayar la invitación a volver la mirada a las certezas del Vaticano II, ello nos invita a involucrarnos en un proceso en el que desempolvemos las enseñanzas del concilio ecuménico y nos insertemos en una dinámica en la que nos apliquemos para hacerlo realidad.
Con respecto a la inversión en formación para las laicas y los laicos, es preciso subrayar que no es ni será un esfuerzo estéril; hay que reconocer que de hecho existen ya espacios, grupos y organizaciones que ofrecen y promueven la formación laical. Aunado a ello, hay una insistencia en formar con base en la Doctrina Social de la Iglesia, en sus principios, valores, directrices, criterios que puestos en práctica colaborarán en el "cambio de época". Se señala también, que la DSI ofrece luz suficiente para iluminar cuestiones políticas, económicas, sociales y culturales.
El valor de la DSI no se discute, sin embargo, sí hay que decir que, como toda obra humana, cuenta con grandes riquezas permeadas por deficiencias relacionadas con el texto y los contextos desde los cuales se formula, por lo que no puede ser generalizada dada la diversidad y particularidades de los procesos, los actores y situaciones que las envuelven. De ahí, la importancia de mantener una actitud de discernimiento permanente acerca de aquellos aspectos de la DSI que se acercan e iluminan más las realidades; junto con ello, y ocupando un lugar predominante, no despegarse de la referencia al Evangelio, bajo este mismo criterio cabe hacer la lectura del papel que juegan los pastores para "proponer principios de reflexión, criterios de juicio y directrices generales de acción que deben ayudar a los fieles laicos a realizar su vocación y misión en el mundo".
La "laicidad del Estado" no significa de ningún modo la promoción de ideologías anti-religiosas o a-religiosas, que violan el derecho a la libertad religiosa bajo el pretexto de una supuesta "neutralidad" estatal. (277)
Su similitud aparente con el término "laico" usado frecuentemente por la Iglesia para hablar de los fieles llamados a la transformación del mundo según Cristo, nos obliga a precisar cómo ha de entenderse rectamente la expresión "laicidad del Estado". (278)
Entendemos y aceptamos la "laicidad del Estado" como la a-confesionalidad basada en el respeto y promoción de la dignidad humana y por lo tanto en el reconocimiento explícito de los derechos humanos, particularmente del derecho a la libertad religiosa. Esto por un lado trae como consecuencia que el Estado debe respetar a todas las iglesias y a los creyentes que participan en ellas, con el único límite que establecen las exigencias de la justicia y del bien común. (279)
Así mismo, el reconocimiento auténtico del derecho a la libertad religiosa implica necesariamente que los habitantes del país puedan ejercerlo en sus actividades privadas y públicas. Por ello, es contrario a la dignidad humana restringirlo al culto o impedir su ejercicio en campos como la educación pública y la participación cívico-política. (280)
Este último aspecto se recoge tal y como lo desarrolla la carta pastoral. De él, cabe destacar sobre todo, la importancia de la última cita en tanto que es una demanda muy actual de la jerarquía eclesial por intervenir en campos como la educación y la participación cívico-política. Cabe preguntarnos ¿qué tipo de negociaciones cupulares realizan la iglesia (quizá, las iglesias) y el gobierno para abrir estos campos a su intervención?, ¿a qué costos?.
La construcción de la Iglesia de Comunión y Participación nos convoca a promover una nueva eclesialidad; a aprender a mirarnos como sujetos. Los obispos, en la carta pastoral colocan una de las fuentes-horizonte: el Concilio Ecuménico Vaticano II.
La nueva mirada tiene implicaciones con relación a:
Revisar concepciones con respecto a restringir el desarrollo del ser y el aporte del hacer de las laicas y de los laicos en ámbitos "extra eclesiales" y con ello la falta de valoración de la importancia de transformar también el ámbito "intraeclesial" como espacio reproductor de las relaciones de dominación y sometimiento.
La estructura eclesial no define el ser laical sino la realidad define la manera en la que hay que testimoniar la esperanza.
Promover espacios educativos que formen integralmente, que alimenten la unión fe-vida.
Reconocer el "tiempo" de las laicas y de los laicos; sentar bases para la construcción de su sujetividad y subjetividad.
Alimentar la posibilidad de que asuman funciones de direccionalidad, no sólo en tareas "seculares" sino incluso, al interior de las estructuras eclesiales.
Abrir espacios para dirimir conflictos eclesiales internos
Superar la visión androcéntrica hacia las mujeres.
Reconocer el valor de la Doctrina Social de la Iglesia; sin embargo, tomar en cuenta que el lugar social desde donde ha sido planteada no corresponde al sujeto primordial de la transformación de la realidad "secular".