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¿Hay una economía zapatista? |
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Dr. David Velasco Yáñez, sj |
Introducción A partir de la caída del muro de Berlín ‑aun cuando se levantan otros muros fronterizos no menos oprobiosos‑ pero sobre todo, a partir del efecto del 11 de septiembre de 2001, asistimos a la complejidad de un aparente mundo unipolar, en el que pareciera que se impone sin alternativa posible el modelo de desarrollo caracterizado por las políticas de ajuste y el libre comercio, mal llamado neoliberalismo . Una de sus características tiene que ver con la imposición del pensamiento único , uno de cuyos ejes fundamentales es la creencia de que no hay otra alternativa. Desde una perspectiva que retoma el pensamiento neozapatista, y justo en el contexto en el que se desarrolla la Otra campaña convocada por la VI Declaración de la Selva Lacandona , nos preguntamos en este breve ensayo si los zapatistas están proponiendo una alternativa económica al modelo impuesto por el neoliberalismo. No hay una respuesta sencilla. Lo cierto es que, en el conjunto del movimiento zapatista, tanto por sus comunicados y documentos, como en el mismo desarrollo de la Sexta Declaración y la Otra campaña, se imponen los aspectos que tienen que ver con la política – una nueva manera de hacer política, el mandar obedeciendo y la construcción de un Programa Nacional de Lucha anticapitalista – y aparecen muy poco, casi diluidos, aspectos relacionados con la economía, la producción, el empleo, el comercio y otros, a no ser que se aluden de manera negativa, como resultado de la imposición de un modelo de explotación excluyente, al que hay que oponerse en rebeldía y resistencia, aspectos, de nueva cuenta, de carácter político. Para proponer una respuesta sobre una posible propuesta de economía zapatista, tomamos como referencia un interesante debate que ha quedado de lado en la actual discusión en torno a la Otra campaña y las posturas públicas del subcomandante Marcos. Pocos días después de publicada la Sexta Declaración , se publicó el debate entre los académicos Victor Manuel Toledo, Neil Harvey y Sergio Zermeño, quienes nos ayudan a comprender un aspecto del problema y, en especial, el tamaño del desafío, sobre todo si lo pensamos en términos de alternativas al neoliberalismo. No pretendemos, por tanto, exponer lo que en comunicados y documentos los zapatistas proponen como alternativas al neoliberalismo, sino más bien, los términos de un debate que vemos importante desarrollar, sin reduccionismos, como el que de manera persistente se pregunta cuál es la alternativa, y si hay o no alternativas al neoliberalismo, así, en términos muy generales. No es la discusión de mediados del siglo pasado entre capitalismo y socialismo. El tamaño de la complejidad de nuestro mundo impone, incluso, una revisión radical de nuestros esquemas mentales y de nuestras culturas académicas y epistemológicas, como bien señala Toledo. 1. ¿Un zapatismo rebasado? La postura de Víctor M. Toledo.El debate al que hacemos alusión, se inicia con un artículo del promotor de un “ecologismo social”, Victor Manuel Toledo, investigador de la UNAM , publicado por el diario La Jornada el lunes 18 de julio de 2005, días después de que apareciera la VI Declaración de la Selva Lacandona , titulado, precisamente, “El zapatismo rebasado. Sustentabiidad, resistencias indígenas y neoliberalismo”. En muy apretada síntesis, los argumentos de Toledo son los siguientes: Los fenómenos del mundo contemporáneo no sólo desbordan, y con creces, el análisis sociológico, ambiental y político, también rebasan los habituales instrumentos humanos de conocimiento, introduciendo de paso una crisis de carácter epistemológico. En diálogo con Sergio Zermeño ‑otro investigador de la UNAM que participa en este debate‑ Toledo afirma que, en opinión de Zermeño, “la clave para que la humanidad supere su crisis se encuentra en la recuperación del poder por parte de la sociedad civil, hoy secuestrado por la política (estados y partidos) y el capital (y su mercado de economía abierta).” Para Toledo, “ en el México rural han venido creciendo y multiplicándose un conjunto de iniciativas y experiencias de escala comunitaria o microrregional dirigidas al empoderamiento social. Sin pretender ir más allá de sus propios ámbitos territoriales, sin la necesidad de definirse políticamente, y con enorme flexibilidad para negociar, administrar y gestionar todo aquello que convenga a sus objetivos de autogestión y autonomía locales, estas iniciativas indígenas encierran un riquísimo caudal de experiencias en la batalla contra el neoliberalismo y por la reconstrucción ecológica y social. ” A este conjunto de experiencias, Toledo las llama “el otro zapatismo” o el “zapatismo silencioso”. Dos argumentos esgrime Toledo en contra del EZLN. Por una parte, “ que no haga una sola referencia a las miles de comunidades indígenas volcadas a la búsqueda de la sustentabilidad ”; y por el otro, que la sexta declaración “ no tome como referente central el mundo de la naturaleza, no obstante que en la cosmovisión mesoamericana es prácticamente imposible visualizar toda lucha social y toda resistencia cultural sin los elementos naturales. ” Este mismo planteamiento, Toledo lo dirigirá a lo que él llama “los intelectuales ligados al neozapatismo), que “no se hayan percatado de la existencia de esa otra resistencia de carácter indígena que, en paralelo, ha crecido más y ha sido más exitosa en su empeño por controlar los efectos de la globalización neoliberal.” Aun cuando Toledo reconoce que con la creación de los caracoles , el EZLN había tomado el camino correcto, sin embargo, planteará uno de sus argumentos de mayor contundencia y parte fundamental del debate, al señalar una grave incongruencia. “suponía cierta renuncia a los intentos del zapatismo de nacionalizar y aun universalizar su discurso y su lucha… Con la sexta declaración el EZLN retorna a sus antiguas obsesiones metaterritoriales (alianza obrero-campesina, nueva constitución mexicana, más encuentros intergalácticos), haciendo evidente una incongruencia: antes que pregonar nuevas alianzas nacionales, internacionales o intergalácticas se debe demostrar que se es capaz de visualizar y de poner en práctica una modernidad alternativa al neoliberalismo en los propios territorios.” La propuesta de Toledo queda visualizada en lo que considera es la verdadera resistencia a la maquinaria neoliberal globalizada: “Hoy, la verdadera resistencia a la maquinaria neoliberal globalizada debe construir desde la base un proyecto alternativo en la gestión de los recursos naturales, el uso de la ciencia y la tecnología, la democracia local, la producción y los mercados, la salud y la alimentación, la administración, la educación y la cultura. En esta perspectiva, la principal fuente de inspiración para el EZLN sigue estando en las experiencias que los pueblos indígenas del país (y del mundo) han echado a andar en la ruta, incipiente pero firme, de la sustentabilidad.” Finalmente, el artículo de Toledo termina con el planteamiento de lo que considera una contradicción permanente en el zapatismo: “su deseo de presentarse ante el mundo como movimiento social (de ahí su demoledora crítica a los partidos políticos), pero esgrimiendo objetivos que atañen claramente a asociaciones políticas (obligada definición ideológica, militancia, luchas de escala nacional e internacional, organización centralista, cambios en leyes).” De alguna manera, la mayoría de los contenidos de los comunicados y documentos zapatistas, y no sólo los de la sexta declaración, son de carácter político, aun cuando sea de una nueva política; por el contrario, pocas son las referencias a las alternativas económicas. 2. La descalificación del subcomandante Marcos.En el comunicado “Un pingüino en la Selva Lacandona ”, Marcos se refiere a las diversas críticas que ha recibido la sexta, y enumera una serie de asuntos que, por cierto, son todos parte del debate que se mantiene en torno a la sexta y a la otra campaña. En particular, se refiere al artículo de Toledo, como una ‘crítica deshonesta', “c omo las de quienes editan el texto de la Sexta Declaración para que diga lo que quieren que diga. Esto es lo que hace el señor Víctor M. Toledo en su artículo "El zapatismo rebasado. Sustentabilidad, resistencias indígenas y neoliberalismo", publicado en el periódico mexicano La Jornada (18 de julio de 2005). Creo que se pueden debatir los propósitos y métodos que plantea la Sexta Declaración sin necesidad de ser deshonestos.” Marcos va a señalar las partes ‘editadas', supuestamente, por Toledo, pues “las partes que el señor Toledo editó de la Sexta dicen lo contrario.” Y así enumera todos los textos que, en la Sexta Declaración , hacen referencia a los pueblos indios, para demostrar una lectura errónea, y subrayar que siguen siendo convocados y son eje de la lucha zapatista, pero no los únicos. Marcos termina esta descalificación al artículo de Toledo, desafiando que haya argumentos más serios para el debate: “En fin, imagino que habrá, entre los irritados por nuestras críticas a López Obrador y al PRD, argumentos más serios y honestos para el debate. Tal vez algún día los presenten. Esperaremos, es nuestra especialidad.” 3. El contrapunto de Sergio Zermeño.No deja de ser interesante la entrada del académico Sergio Zermeño a este debate, en términos de cuestionar aquello de “un mundo donde quepan otros, si no es que todos, los mundos”. En particular, hace referencia a un debate en el que los zapatistas descalificaron a quienes no compartían sus opiniones: “… han marcado ustedes, empleando en ocasiones adjetivos muy severos, las ideas e iniciativas que son aceptables y las que no: desde los diálogos de San Andrés, en 1995, algunas voces advirtieron sobre la inconveniencia de que la autonomía indígena se encerrara en el ámbito comunal, provocando atomización y debilidad ante los poderes locales y nacionales, sosteniendo que debía tener carácter regional, pluriétnico y democrático, tal como, en efecto, terminarían siendo diseñados los caracoles años después; pero muchas de esas voces, como las de Héctor Díaz Polanco y de Consuelo Sánchez, no se atendieron y más bien se descalificaron; luego vino el apunte de Armando Bartra recordando que las autonomías no son puras, sino siempre entreveradas, en ellas coexisten grupos zapatistas y otros que no lo son, y mostró también cómo en otras regiones autogestivas del país se aprovechaban los recursos de programas públicos, de manera que se podía luchar con un pie adentro y otro afuera de la institucionalidad, y que el aislamiento impuesto en el caso del EZLN por el injusto cerco político-militar no debía ser establecido como principio general en el debate sobre las regiones autónomas (la respuesta de ustedes vino con un adjetivo descalificador: frívolo). ” Zermeño coincidirá con Toledo, cuando afirma: “ la verdad es que en un análisis de contenido de todos los escritos que el zapatismo envía a México hay muy pocos párrafos explicando el asunto de lo local-regional y de la enorme riqueza que está implicada en los caracoles. ” Aquí el académico de la UNAM , alude a la investigación realizada y un programa de colaboración entre la universidad y las Juntas de Buen Gobierno, sobre una realidad, que en su opinión, “ debería ser mucho más visible y ejemplo a seguir para el resto del país en regiones rurales, cuencas, frentes ejidales y municipales, colonias urbanas... Eso es lo que Toledo quiso comunicarles y no se borra con un adjetivo descalificador. ” Zermeño coloca de esta manera uno de los puntos clave del debate, si el ejemplo de los caracoles está condenado al localismo o, por el contrario, a ejemplo del “impacto que Solidarnösc logró desde los recónditos astilleros de Gdansk”. Con esta afirmación, el académico convoca a ser más incluyentes y abrirnos a la discusión sin descalificativos. 4. Las respuestas de Neil Harvey.Para el investigador de la Universidad Estatal de Nuevo México y acucioso observador del fenómeno zapatista, el deslinde de la crítica de Toledo es básica, cuando señala que, en su caso, no es cierto que haya ignorado la existencia de las luchas indígenas por el desarrollo sustentable, “ porque – dice el académico – he resaltado la importancia, pero también las limitaciones, de las luchas de una variedad de organizaciones indígenas y campesinas. ” Y subrayando las limitaciones, Harvey afirma “ que esta estrategia no funcionó en Chiapas y en otros estados, porque las organizaciones sociales se toparon con pared cuando se trataba de problemas agrarios, caída de precios, retiro de subsidios, privatización de empresas públicas, falta de acceso a la salud y educación, etcétera. Para colmo, sus manifestaciones fueron reprimidas por el gobierno, lo cual llevó a muchos de sus integrantes a dejar estas organizaciones para sumarse a las filas del EZLN. ” Por supuesto que Harvey le da la razón a Marcos, en eso de la lectura distorsionada que hizo Toledo, en cuanto a que la sexta no menciona a los indígenas y agrega la parte de verdad que hay en el dicho del investigador de la UNAM : “ Es cierto que los zapatistas no especifican los logros de las luchas de otros movimientos indígenas, pero es claro que están interesados en conocerlos más y compartir con ellos sus respectivas experiencias. Por lo tanto, es probable y deseable que en las próximas reuniones con organizaciones indígenas y campesinas se empiecen a identificar puntos de acuerdo en torno a la defensa de los recursos naturales y la promoción de modelos autogestivos que, como ha señalado Toledo, existen ya en muchas regiones del país. ” Harvey se desplaza por otro nivel del debate, para definir si es descalificativo el “deshonesto” de Marcos a Toledo, o el “rebasado” de Toledo a los zapatistas, para inclinarse por éste cuando afirma: “ Si en toda esta discusión hay un adjetivo severo y descalificador es el término "rebasado", el cual emplea el mismo Toledo para describir al zapatismo. El movimiento no es perfecto, pero sí ha logrado avances notables en su propio proceso de autonomía y lucha por la sustentabilidad. ¿En qué sentido quedó rebasado el zapatismo? ¿Qué están haciendo las organizaciones del Congreso Nacional Indígena (CNI), como por ejemplo, las de Michoacán, Jalisco, Guerrero, Oaxaca y otros estados en las reuniones preparatorias de la otra campaña si el zapatismo es rebasado? ¿También están rebasadas sus organizaciones o, más bien, están buscando caminar juntos con el EZLN, con acuerdos y desacuerdos, pero juntos, a fin de cuentas? ” Harvey va a identificar un punto en el que Toledo y el zapatismo coinciden y es el que se refiere a “ que el país y el mundo necesitan de nuevas (o viejas pero reprimidas) prácticas de cómo cuidar la tierra, valorar el trabajo y ejercer el poder político. ” Pero, de manera simultánea, el académico señala un punto de separación y diferencia para advertir que “l os ‘neoliberalistas' son listos para apropiarse de las palabras e ideas progresistas de los movimientos sociales. ” Y señala como ejemplos, los programas del Banco Interamericano de Desarrollo: "Programa de Consulta y Participación", su "Iniciativa Mesoamericana de Desarrollo Sustentable" y su "Componente Indígena". En un ejercicio de diálogo académico, Harvey rescatará las tesis que Toledo propone en su libro “La paz en Chiapas: ecología, luchas indígenas y modernidad alternativa (Ediciones Quinto Sol/UNAM, 2000), en el que, cito a Harvey, “propone que las luchas de los indios ofrecen nuevas posibilidades de aprovechar de forma sustentable la rica biodiversidad de la Selva Lacandona y de otras regiones del país. Su análisis intenta demostrar que el empoderamiento local es compatible con un nuevo tipo de desarrollo basado en una ética global de la sustentabilidad. Toledo sostiene que el modelo industrial impuesto desde hace décadas ha creado una crisis social y ecológica a escala planetaria, frente a lo cual hay que encontrar nuevas soluciones viables y duraderas. Según Toledo, en México estas soluciones las podemos encontrar en las prácticas de las organizaciones campesinas e indígenas. Apoya su tesis con un análisis detallado de 18 experiencias notables en México. Este conjunto de luchas conforma lo que él llama "el otro zapatismo" (p. 69-76).” Neil Harvey señala la importancia de ir más allá de este planteamiento, pues considera que “es preciso indagar más sobre las consecuencias de la inserción de éstas en la restructuración neoliberal de los sectores agropecuario y forestal, su relación con la industria biotecnológica global y el papel que juegan en la legitimación de lo que Silvia Ribeiro ha llamado las "nuevas leyes neoliberales", las cuales están dirigidas a la privatización de los recursos naturales y el despojo de los mismos pueblos indios (Ojarasca 99, julio 2005). Me refiero a la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, la Ley de Aguas Nacionales, la Ley de Propiedad Industrial, la Ley Federal de Acceso a los Recursos Genéticos y Biológicos, la Ley de Minería y la Ley de Consulta a Pueblos y Comunidades Indígenas.” En continuidad con esta argumentación, Harvey planteará lo que, en mi opinión es un aspecto fundamental de su postura crítica frente a la postura de Víctor Toledo: “Las luchas por la sustentabilidad son muy valiosas, pero hay que ver si terminan facilitando la privatización de los recursos naturales, mediante contratos de acceso controlados por organizaciones sociales y si la distribución de los beneficios y costos es realmente equitativa.” Este es el punto que, me parece, habrá que investigar y analizar con mayor hondura, al paso del tiempo y, en particular, lo que ya ocurre, en la práctica, con los proyectos que ha estudiado y analizado Toledo. Harvey recordará de manera especial, la Declaración de Zirahuén, del Congreso Nacional Indígena de la Región Centro Pacífico, realizada en junio de 2005, pues rechazan abiertamente la privatización de los recursos naturales; lo que, para Toledo, es la alianza indígena con la naturaleza. Pero, a contrapelo de la Declaración de Zirahuén, Harvey critica la postura de Toledo, debido a que en el libro citado, recomienda “el aprovechamiento "racional" de los recursos acuáticos y los servicios ambientales de las comunidades de la Selva Lacandona. Da como ejemplos la captura de carbono, el ecoturismo, el turismo cultural y la vigilancia comunitaria de la reserva integral de la biosfera de Montes Azules (p.174-6).” Más adelante, el propio Harvey cita a Toledo, cuando afirma que “La aparición a escala mundial de un nuevo sector empresarial respetuoso de los procesos de la naturaleza y empeñado en establecer relaciones equitativas y justas con sus contrapartes económicas, certifica la viabilidad de esta propuesta.” De aquí se sigue la postura crítica de Harvey frente a la de Toledo: “… ¿cómo pueden ser equitativas las relaciones comerciales o laborales en un sistema que sigue siendo capitalista? Los zapatistas piensan que el capitalismo no da para tal equidad y, por lo tanto, vuelven a plantear la necesidad de un programa nacional de izquierda, construida desde las comunidades indígenas, pero también desde las organizaciones y experiencias de otros sectores y personas.” Y aquí podrían venir las críticas a la propuesta que Harvey atribuye a los zapatistas, pues, precisamente, de lo que se trata es de darle contenido a un programa nacional de izquierda que incluya, necesariamente, una posición concreta frente a lo que Toledo viene defendiendo y proponiendo. Por si fuera poco, el propio Harvey plantea nuevos términos de un debate que, poco a poco, se va esclareciendo, aunque a ratos se vuelve a oscurecer. De alguna manera, Harvey recupera la propuesta de Toledo, con algunas condiciones: “Lo que Toledo llama el "otro zapatismo" no es zapatismo. Es "capitalismo ecológico neoliberal". En consecuencia hay que tener especial cuidado para que el gran esfuerzo invertido por las comunidades indígenas en sus luchas por la defensa de sus recursos naturales sirva al empoderamiento de todos sus miembros en todos los sentidos, y que no termine beneficiando a unos a costa de otros en alianza con las nuevas modalidades del neoliberalismo.” En concordancia con Sergio Zermeño, Harvey confirma que el espacio de debate es la otra Campaña y que “debe ser un debate incluyente, sin descalificativos, pero con argumentos serios, honestos y abiertos a su revisión y mejoramiento. ¿No será eso una nueva forma de hacer política?” A estos planteamientos, respondería Victor M. Toledo en dos entregas al diario La Jornada , los días 15 y 19 de agosto de 2005. Una brevísima síntesis aporto en el siguiente acápite. 5. Síntesis propositiva de Víctor M. Toledo. Zapatismo: Poder local, biodiversidad, y agroecologíaA estas alturas del debate, Toledo resume y sintetiza su postura, a la que califica como “ evidencias, argumentos y tesis que delinean una oferta complementaria a la seguida por el movimiento zapatista. ” Dado que el propósito que nos hemos planteado en este artículo, es sólo exponer los términos de un debate, que, por otra parte, nos oriente en los aspectos que habría que profundizar si queremos construir alternativas al neoliberalismo, aquí expongo los enunciados de las tesis que el propio Victor M. Toledo expone. Biodiversidad y autogestión: la alianza con la naturaleza. Hasta aquí, lo más relevante, y lo queremos subrayar, son las nociones de producción social del territorio y la oposición que Toledo establece entre el modelo neoliberal y la propuesta de la agroecología y la etnoecología. El primero, rompe la alianza entre naturaleza y comunidades indígenas; la segunda, representa una alternativa que “ se han dedicado a diseñar modelos de manejo de la naturaleza inspirados en dos fuentes: la teoría ecológica y las experiencias de las culturas indígenas de innumerables regiones del mundo. ” En la segunda entrega, la del viernes 19 de agosto, Víctor M. Toledo agrega las siguientes tesis que complementan las anteriores: El nuevo papel de la ciencia y la tecnología. De esta parte, destacamos la crítica que hace Víctor M. Toledo. Por una parte, reconoce a los caracoles como “el logro más notable del zapatismo”; pero, por el otro, señala “ me temo que en su actual condición, los caracoles están condenados al fracaso, pues no basta "cerrar las fronteras" e implantar clínicas, tiendas, escuelas o cooperativas mantenidas únicamente por la solidaridad nacional e internacional. ” Toledo plantea que la alternativa radica en que “ se requiere construir y llevar a la práctica un proyecto de modernización alternativa al que propone e impone la globalización neoliberal. Lo anterior significa salir del aislamiento al que el zapatismo se ha condenado, para pasar a una etapa de "intercambio controlado". Como hemos visto, ese intercambio conlleva reconocer, recrear y acrecentar la antigua alianza mesoamericana con la naturaleza y, además, supone una articulación con los sectores alternativos (verdes, justos y orgánicos) urbanos e industriales. También necesita crear o producir nuevas modalidades territoriales, implementar sistemas agroecológicos y disponer de conocimientos científicos y tecnológicos. ” 6. La propuesta de Sergio Zermeño: el cambio es paulatino.En su artículo publicado por el diario La Jornada el jueves 18 de agosto, un día antes de la segunda entrega de Toledo, Zermeño retoma la crítica de Harvey para señalar uno de los términos fundamentales de este debate: “ los intentos de mejorar la calidad de vida y el entorno natural que son animados desde lo local-regional, ¿no deben ser considerados más que como ensayos de "capitalismo ecológico neoliberal" que, a final de cuentas, reproducen la desigualdad existente, y en consecuencia no son solución de nada, si no se les hace acompañar con, y si no derivan en, una acción política anticapitalista eficaz y de izquierda, que logre un cambio verdadero gracias a la convergencia en un frente de masas con fuerzas nacionales e internacionales? Frente a esa concepción hay otra que considera que el cambio es paulatino, que la violencia provoca en la mayoría de los casos sufrimiento, verticalismo y regresión, y que se pueden mejorar las condiciones de vida y las condiciones del entorno en espacios territoriales medios, como ha sido posible en algunos lugares de América Latina y en muchos de Europa, gracias a unos esfuerzos de empoderamiento ciudadano que reciben el apoyo de universidades, instituciones de investigación, políticas públicas con "mirada social", organismos nacionales e internacionales de fomento, comercio justo, empresariado con conciencia de su pertenencia regional, etcétera. El camino es largo, como bien lo ha dicho el subcomandante Marcos, pero no todo es absolutamente capitalista ni absolutamente anticapitalista. El que las cosas comiencen a ir en el sentido de la justicia social depende de la capacidad de los actores sociales para exigir sus derechos, depende de que todos encontremos un camino para dar poder a esos actores; hay muchos ejemplos donde los programas gubernamentales resuelven problemas de veras, y eso depende de que haya colectivos que sepan exigir sus derechos y sepan aprovechar las oportunidades. ” Para Zermeño, es claro que “hay una vía paulatina, es social y no política”. 7. La propuesta problemática de Neil Harvey.Neil Harvey planteará, en artículo publicado por el diario La Jornada el martes 23 de agosto de 2005, su reserva en torno a “ qué tan equitativas pueden ser las relaciones comerciales que se establezcan. ” Por otra parte, destaca la postura de Zermeño contra Toledo, en el sentido de “ evitar la despolitización de cuestiones muy importantes, como son por ejemplo el contenido y el alcance de los derechos colectivos de los pueblos indígenas y su relación con el modelo económico dominante. Es aquí donde pienso que el zapatismo no ha sido rebasado, porque quedan pendientes una serie de reformas políticas que podrían abrir el camino para lograr un mayor empoderamiento social en México. ” A pesar de que Harvey coincide con Zermeño en el sentido de que la justicia social dependerá de la capacidad de los actores para exigir sus derechos, coloca una reserva muy importante, pues considera que “ la ley indígena y las nuevas leyes sobre el aprovechamiento de recursos naturales están pensadas desde la óptica de facilitar el acceso a las empresas a estos recursos, cuando deben ser diseñadas desde la óptica de los derechos colectivos de los pueblos indígenas. Los zapatistas (y muchos otros) pensaban que podían lograr estos derechos para todos los pueblos indígenas de México, no solamente para ellos mismos, pero no resultó así. ” De este resultado, el de la contrarreforma indígena de 2001, Harvey señala, en coincidencia con Zermeño, que “l a lucha de los zapatistas también es paulatina, además de ser pacífica, pero busca construir un movimiento nacional capaz de exigir los derechos que han sido consensados socialmente y no los que las cúpulas políticas decidan que son adecuados. ” 8. Crítica de Víctor M. Toledo a la postura de Harvey.Toledo reivindica su derecho a la crítica, señala que nunca fue su intención descalificar al zapatistmo y reitera su postura de “que el zapatismo está rebasado (y con creces), como también lo están la mayoría de los pensadores de izquierda, y buena parte de las ciencias contemporáneas. La razón: estamos viviendo una época única en la historia de procesos que se aceleran, de inercias desbocadas, de fenómenos de una complejidad inimaginable.” Un punto que no es para dejarlo de lado, sino considerarlo a fondo. Contra la postura de Harvey, al que considera que ignora la experiencia del “otro zapatismo” y expresa temor por el mundo externo a las comunidades, Toledo afirma que “los pueblos organizados en cooperativas, sociedades e incluso empresas se han lanzado a aprovechar las oportunidades del mercado blindándose en dos flancos: sus vínculos con la naturaleza (el uso adecuado de sus recursos locales que garantiza el autoconsumo) y sus propias fortalezas y reciedumbres comunitarias y colectivas basadas en la identidad cultural, su memoria histórica, y su democracia participativa.” Contra la afirmación de Harvey que califica a ese “otro zapatismo” como ‘capitalismo ecológico neoliberal', Toledo considera esta crítica como “un exabrupto descomunal”. 9. Precisiones de Neil Harvey y propuestas de largo alientoA la semana siguiente, el 8 de septiembre de 2005, Harvey reconoce y precisa su preocupación: “ Por supuesto que los indígenas que luchan por la sustentabilidad no son capitalistas ecológicos neoliberales. Mi preocupación se refiere más bien a la forma en que una concentración en los proyectos agroecológicos locales puede perder de vista problemas más grandes, como es la formulación de políticas de desarrollo en las que los indígenas no están incidiendo. ” Harvey apuesta a la Otra campaña , como el espacio en el que se retoman estos puntos de debate y en el que, particularmente, en la segunda reunión preparatoria, ya aparecen algunas propuestas que tienen que ver con las “luchas por la sustentabilidad (que) van de la mano con las luchas por la autonomía, los derechos humanos y una nueva política económica”. 10 ConclusionesPara poder afirmar que hay una propuesta alternativa de los zapatistas al modelo neoliberal, es necesario resolver diversos planteamientos, tal y como se han expuesto en este debate, por parte de tres renombrados académicos, con diversas cercanías y diferencias con los zapatistas. Una conclusión fundamental, tiene que ver con presupuestos epistemológicos, aquellos que nos permitan revisar nuestras categorías con las que tradicionalmente nos hemos acercado a diversos fenómenos sociales, en particular, a la manera como conocemos lo que realmente ocurre en este cambio epocal en todos los aspectos de la vida social y no sólo los de carácter económico. Esta revisión de fondo implica, no sólo la revisión de las palabras y de algunos conceptos clave, sino en lo fundamental, los presupuestos de una filosofía de la ciencia que permita la comprensión de la complejidad que vivimos. Una conclusión de carácter instrumental se nos impone. Tiene que ver con privilegiar el diálogo por encima de la descalificación. A final de cuentas, los tres académicos tenderán a coincidir en las posibilidades de diálogo que abra la Otra campaña , si se mantiene como presupuesto básico el escuchar y menos decir lo que se tiene que hacer. A partir de ahí, se crearán las condiciones para la construcción de un programa nacional de lucha anticapitalista. La conclusión abierta al desarrollo del debate, es la que se refiere a difundir la experiencia de los caracoles , tanto en lo que tienen de mayor desarrollo – organizativo y político – como en lo que parece ser su mayor limitación, en cuanto a depender de la ayuda nacional e internacional. De ahí que el problema planteado en torno a su articulación con “el mundo externo a las comunidades”, exige un mayor debate, pero sobre todo, un análisis detallado de las implicaciones de la relación entre lo local y lo global, más allá del planteamiento formal de ‘pensar globalmente y actuar localmente'. En el caso concreto de los caracoles , se trataría de establecer un doble movimiento para pensar y actuar globalmente y pensar y actuar localmente. Los tres académicos parecen coincidir en el carácter paulatino del cambio, dependiendo de la capacidad de los actores sociales para exigir sus derechos y la importancia de establecer una política de alianzas más allá del ámbito local y territorial. Una lucha de largo plazo, tal y como lo establece la sexta declaración. Finalmente, queda abierto el debate en torno a definir la mejor manera como las comunidades indígenas pueden proteger y defender la biodiversidad, la riqueza natural que buscan controlar y expropiar las empresas trasnacionales, con la aprobación de leyes neoliberales. Zermeño, Segio, “Un mundo donde… ¿caben otros?”, artículo publicado por el diario La Jornada , el jueves 4 de agosto de 2005. Hablo en plural, porque a Harvey lo podemos seguir en varios artículos en los que aborda esta problemática. En particular, en el debate participa, primero, con un artículo publicado en el diario La Jornada del domingo 14 de agosto de 2005, titulado “Zapatismo y sustentabilidad”y posteriormente en dos entregas, una del martes 23 de agosto de 2005, titulada “Derechos indígenas, poder local y capitalismo”, y la otra, del jueves 8 de septiembre de 2005, con el título “Ecología y pueblos indígenas en la otra campaña ”. No hay que perder de vista un estudio que circuló por vía electrónica, “Globalización, ciudadanía y conflictos por la biodiversidad en Chiapas”, que forma parte de un proyecto más amplio sobre biodiversidad, democracia e identidad en México. Ese material se puede conseguir en la Internet , en la siguiente dirección: http://www.ciepac.org/otras%20temas/monteazul/conflibiod.htm . En este artículo, Harvey afirma que el supuesto fundamental del artículo es que “el desarrollo capitalista está en medio de una transformación global, con implicaciones de gran alcance para las formas en que la población vive este desarrollo. Pero también debe competir con otros procesos, incluyendo las luchas políticas por la extensión y profundización de la democracia en muchos países, la expansión de la influencia del derecho ambiental internacional, la construcción de alianzas transnacionales de organizaciones indígenas y las redes de solidaridad entre algunos sectores de productores del sur y consumidores del norte”. Es interesante la lectura de las relatorías de las reuniones preparatorias, en particular, la que los zapatistas tuvieron con organizaciones indígenas, pues destaca la reiteración en torno a las alternativas al modelo depredador y como una manera de cuidar y proteger los recursos naturales. Cuando, en octubre de 1998, el Colegio de Michoacán, organizó el seminario internacional “La guerra y la paz. Tradiciones y contradicciones”, fui invitado a participar en torno al tema de la actualidad de la guerra de Chiapas y, justamente, el planteamiento que presenté fue el de la guerra contra la biopiratería o el campo de la lucha por el control de la biodiversidad.
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